El Cambio Climático: La Hegemonía de Estados Unidos y de China

Por Francisco Rafael Guzmán viernes 10 de agosto, 2018

(Dulce et decorum pro patria morire)

Es conocida la renuencia de Estados Unidos a firmar acuerdos con miras a frenar el cambio climático. El acuerdo de Kioto sobre el emisión de gases efecto invernadero, que se firmó entre varios países hace ya algunos años, no fue firmado por Estados Unidos. En ese momento no era Donald Trump el presidente de esa nación del norte.  Hace mucho tiempo que la agricultura norteamericana ha venido usando muchos contaminantes cancerígenos como del DDT; tal vez la agricultura norteamericana sea la que más agroquímicos utilice para producir, en cifras relativas y en cifras globales.

Ahora bien, lo peor en su contribución a la contaminación a escala global no es eso, tal vez en relación al cambio climático su mayor aporte sea los gases que ha venido lanzando a la aire que provocan el efecto invernadero. Hace unos años (a principios y mediados de los años 90), cuando todavía 400 millones de chinos andaban en bicicletas y no tenían en la República Popular China ni siquiera 100,000 vehículos de motor de cuatro ruedas o más, los Estados Unidos eran el país mayor contaminante del mundo. Lanzaban más de 5 millones de toneladas de dióxido de carbono (anhídrido carbónico), China estaba por debajo de esa cantidad.

La industria china ha crecido mucho en los últimos años, ocupando hoy día el primer lugar como país contaminador. No tenemos a manos los datos recientes, pero sabemos que está ocupando el primer lugar en la contaminación el país asiático más poblado del planeta. Al igual que la industria china ha crecido, la cantidad de vehículos de motor se cuentan por millones, aunque todavía no alcance a los Estados Unidos tal vez, ya que la nación norteamericana cuenta con más de 250 millones de automóviles, cerca de un automóvil por habitante. China hoy día supera a Estados Unidos en la emisión de anhídrido carbónico, lo que en gran medida estará influyendo en ello sea el crecimiento industrial y el uso masivo del automóvil.

A lo que voy a referirme no carece de fundamento, he escuchado a personas bien informadas referirse al tema. Tal es el caso del ingeniero Ramón Alburquerque, quien en un programa sabatino por la Z-101.4, el cual decía que no era cierto que China iba usar mucha energía limpia, que los carros eléctricos que importa o fabrica para uso de sus ciudadanos no son tantos comparados con los carros que ellos usan y usarán con combustibles fósiles. Daba a entender Alburquerque que hay una hipocresía por parte de naciones como China, con respecto a la protección del medio ambiente, la contaminación y el cambio climático. Aparentemente China tiene muchas plantas generadoras de electricidad que usan el carbón como materia prima.

La República Popular China aparentemente se maneja hoy día como si no hubiese sido hasta apenas hace unos pocos años una economía planificada, siendo hoy una economía que se rige por las leyes del mercado, ya que hoy viene siendo un modelo capitalismo de Estado. China ha estado construyendo una gran presa que es la de las Tres Gargantas, ambicioso proyecto, sin probablemente tomar en cuenta todo el impacto ambiental. Eso aplica también para América Latina desde los años 60, donde se han construido grandes presas con préstamos de organismos internacionales como el BID, especialmente en Suramérica.

Es posible que China preste dinero a países de América Latina para ferrocarriles, plantas a carbón y  hasta construir grandes presas, como parte de su interés por ser país hegemónico, me informa una persona del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo que para ello China cuenta con grandes recursos. ¿De ser así, cuál sería el impacto en el medio ambiente que tendrían esas grandes obras que con las inversiones chinas se ejecutarían en América Latina? ¿Se acabaría con la Selva Amazónica de ejecutarse proyectos ambiciosos, pretendiendo aprovechar los recursos naturales? Hay libros escritos sobre el impacto negativo de las presas, en el medio ambiente.

Que sea  inversión extranjera o sea criolla, que venga de Estados Unidos o de China, lo que importa es el impacto que tiene en la naturaleza, en el medio ambiente, lo que importa es si se nos permite preservar el planeta y preservar la vida. Preservar la vida implica que preservemos el planeta tal como al día de hoy existe. Si no preservamos las otras especies, no preservaremos la vida de nosotros los seres humanos. No tenemos derecho a agredir a la madre naturaleza, más bien debemos preservarla y al hacerlo nosotros como especie preservamos nuestra existencia en el planeta azul. Nuestra felicidad plena depende de que vivamos en armonía con la naturaleza y no depredando a esta.

Parece que la emergencia de China como potencia es un hecho irreversible, su hegemonía mundial parece que nadie podrá frenarla. En la Argentina, según parece, están haciendo grandes inversiones en las telecomunicaciones. Sin ánimos de xenofobia, porque no se trata de eso, pero ojalá pudiéramos tener la soberanía de los pueblos y naciones, así como los derechos de los Estados a poner controles en sus territorios y no una economía desregulada. El capitalismo flexible representa la explotación de una mano de obra barata y llena el cometido del saciar el desmedido afán de lucro del capital.

Es en esencia el caos y no el orden, la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, porque lo líquido es lo que tienen muy poca densidad (por lo tanto lo que tiene flexibilidad y puede perder su forma fácilmente) y lo sólido es lo muy denso (poco inflexible) y no pierde casi nunca su forma. Lo líquido es lo blando y lo sólido es lo duro.

El capitalismo, sobre todo bajo su modelo neoliberal y la globalización, ha moldeado a la  sociedad para imponer en ella modelo blando para la reproducción del capital.  Probablemente el inicio del ocaso de Estados Unidos como nación imperialista comienza con la elección de Donald Trump. Ahora bien, China puede ser la nación imperialista más poderosa del mundo en un futuro inmediato. Nadie piense que esto último signifique bienestar para los países de Africa y de América latina, como tampoco hay que pensar que el medio ambiente estará mejor preservado bajo una hegemonía de China a escala planetaria.

Sin embargo, debemos procurar que nadie se imponga como nación hegemónica, buscaríamos con ello salvar al planeta y salvar la vida. Evitemos el azolvamiento de los suelos, la polución, el CO2, los clorofluorocarbonos, la deforestación, la evapotranspiración rápida, la erosión de los suelos, la agricultura química, el DDT y otros venenos que se han usado en la agricultura.

Debemos proteger los ecosistemas y vivir en armonía con las otras especies, no sin detener la explosión demográfica y controlar la tasa de natalidad de nuestra especie. Para salvar al planeta de una hecatombe hay que luchar para que se dejen de fabricar los vehículos de motor que usan los combustibles fósiles y no sólo parar el uso del plástico (como ya se está hablando). Debemos preservar la Selva Amazónica, lo que queda de la Selva Africana y conservar parques nacionales y los milenarios árboles de Secoyas que hay en Estados Unidos.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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