El café en la sangre del dominicano

Por Arturo Bisono

Todavía no está muy claro el momento justo cuando se plantaron o se sembraron los primeros cafetales en esta parte de la isla, lo que parece muy probable es que inicio por el lado colonizado por Francia, específicamente en la parte norte del actual Haití donde está ubicada la comuna de Dondón. Se presume que de Dondon los españoles adquirieron las semillas de café, las cuales serían sembradas en lo que hoy se conoce como la Loma de Panzo, en la provincia Bahoruco, en la tercera década el siglo XVIII. Es posible que este hecho sea uno de los hitos más importantes en la formación del campesinado en la República Dominicana, por un lado teníamos grandes latifundios destinados a producir caña de azúcar y hatos ganaderos; por el otro, empezaban a nacer las raíces de un campesinado joven, de pequeñas extensiones, sumándose a la historia de uno de los productos más deseados y consumidos por el mundo: el café.

En los casi 300 años de historia del café confirmada en nuestro país, los productores han tenido que enfrentarse, primero a la paciente espera de varios años para poder recoger su primera cosecha, la cual podría desvanecerse con mucha facilidad, ante la aparición de alguna plaga o enfermedad o condiciones climáticas desfavorables. Segundo, los beneficios de un año entero de trabajo podían perderse ante la baja de precios del producto al cosecharse. Esta doble incertidumbre fue, es y probablemente siga siendo por un buen tiempo el día a día del caficultor. Oscilaciones de precios; condiciones climáticas adversas (largas sequias o periodos de lluvias al momento de cosecha); amenazas de problemas quizás más complejos y duraderos como enfermedades: tal como es el caso de la Roya del café, producida por un hongo que llego hace muchos años y parece que llego para quedarse.

Hoy en día parece que vemos la luz en el camino. Una combinación de factores externos e internos apuntan a un mejoramiento de la producción de café en el país; tales como: la introducción de variedades resistentes a la Roya del café; el establecimiento de políticas públicas; y la participación activa de la cooperación internacional; y sobre todo de la perseverancia de los productores y productoras. Esto ha traído como consecuencia que viejos cafetales infectados, hoy estén renovándose; junto al inicio de nuevos cafetales. Todo esto permite confirmar que la capacidad de resiliencia del sector cafetalero, desde hace 300 años, es más fuerte que cualquier fenómeno atmosférico, especulación económica o incluso enemigos naturales.

Quiero que con estas palabras, las cuales dedico a los miles de hombres y mujeres que en nuestro país cada día se levantan al sol y saboreando un buen jarro de café, antes de irse a sus cafetales, decirle al resto del país que lo que celebramos hoy, en el Día Nacional del Café, es una reafirmación de la esperanza de una mejor nación.

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