El Blues de la democracia

Por Luis Cordova jueves 17 de septiembre, 2020

Por: Luis Cordova

Confieso que me gusta tanto la música como la política y con ambas me pasa igual; aunque tenga gran pasión por las melodías no me destaco por tocar algún instrumento y en política, aunque como todos manifiesto alguna simpatía, tampoco me alcanza la fe para la consabida y exigida, militancia abyecta.

Repasando los temas de actualidad dominicana tenemos la sensación descodificar las similitudes que guarda con el ritmo estadounidense del blues: un patrón repetitivo, la “llamada y respuesta” que hace de los instrumento un diálogo en el cual, por más virtuosa que sea la improvisación, sabemos que terminará evocando, irremediablemente, alguna referencia del pasado. Por algo la etimología de su nombre: nostalgia y tristeza afloraran de modo inmanejable.

Y no es el pesimismo que llevamos a cuestas casi como identidad de lo dominicano, se trata de una serie de expectativas, exigencias y disrupciones tanto del discurso histórico como de insospechados eventos de la cotidianidad, convertidos en los ladrillos con los que construimos nuestra historiografía. ¿Están cocientes quienes nos dirigen de su compromiso ante la historia? ¿Les importa cómo quedaran ante las futuras generaciones? ¿Escuchan con frecuencia las pocas estaciones de radio que se animan a colocar ritmos del mundo?

Poco importan las respuestas pues en el tiempo volveremos, aunque con actores distintos, a la misma escena. Como si la democracia fuese un blus aquí dejamos algunas notas, quizás muy nostálgicas.

Aplausos y amenazas

El presidente de la nación ha sido aplaudido por amplios sectores al conectar con los diversos sectores de la vida nacional en procura de consenso. Para muchos es sorpresa que sus visitas a las provincias implique pernoctar en ellas. Que se desplace a Pedernales, Montecristi y Santiago en su primer mes como mandatario, a la usanza del siglo XIX donde los mandatarios pasaban varios días trasladando a funcionarios claves para comprometer al gobierno, ha sido considerada como interesante pues acorta procedimientos y propicia el diálogo directo entre los representantes de la sociedad civil y económica conociendo de primera mano los detalles de los planes del ejecutivo en sus demarcaciones.

Mientras el gobierno cosecha aplausos amenazas se cierne en lo político. La máxima dirección partidaria aunque quiera no puede dividirse entre las altas y demandantes funciones de Estado y la dinámica y exigente vida partidaria. Los casos de la presidencia, secretaria general y dirección de la pasada campaña, están en puestos claves del gobierno dejando poco espacio de tiempo para que “las demandas de los compañeros” sean ponderadas, escuchadas o tramitadas como fueron sus expectativas con un cambio que prometía una administración más cercana.

Es cierto que no hay espacio para todos y mucho menos que la cosa pública debe verse como un “botín”, pero en política, la mayoría de las veces, vale más una atención que una decisión. En las calles se dice “pasar la mano” y quizás eso ayudaría a bajar la intensidad de una ruidosa demanda de empleo que alcanza ribetes de invalidaciones y pugnas del liderazgo local.

Salud Pública y las cifras

El rediseño del boletín que a diario suministra el Ministerio de Salud Pública merece un reconocimiento por la clara manera en la que presenta la evolución de la enfermedad de la Covid-19 y la inclusión de nuevos reportes que permiten determinar la trayectoria de su impacto.

Destacar la prudente pero responsable aclaración del número de fallecimientos, ofreciendo por separado la cantidad de fallecidos reportados en las últimas horas y aquellos que por alguna falencia no han sido incluido antes a pesar de haber ocurrido en julio o agosto. Este aspecto revela cuán lejos estamos de una idónea automatización de data médica pública en la República Dominicana.

Solo con números claros podemos tomar acertadas decisiones como nación frente a esta terrible pandemia. No es posible que algo tan evidente como un muerto, al que además de declarar en la Oficialía Civil hay que enterrarlo, constituyendo una obviedad que desafía toda lógica: ¿cómo es posible que no fue contabilizado?

Avances y retrocesos. Esperanzas y amenazas, igual que un blues reclamando y concelebrando según sea la evolución de la consolidación de nuestras instituciones en esta democracia.

 

 

 

 

 

 

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