El auge electoral de Sinn Féin provoca un giro histórico en Irlanda del Norte

Por El Nuevo Diario Sábado 4 de Marzo, 2017

EL NUEVO DIARIO, DUBLIN.-Las elecciones autonómicas celebradas en Irlanda del Norte el jueves han dado un vuelco histórico al equilibro de poder entre protestantes y católicos en la provincia británica, al confirmarse hoy el auge de Sinn Féin y el desplome del Partido Democrático Unionista (DUP).

El recuento final de votos de estos comicios anticipados, los segundos en once meses, confirmó que el DUP de Arlene Foster obtuvo 28 escaños, diez menos que en la anterior legislatura -si bien el número de asientos en la Asamblea de Belfast se ha reducido de 108 a 90-.

Con esta nueva distribución, el Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA), perdió un parlamentario respecto a 2016 y se quedó a uno del DUP (27), pero logró el 27,9 % de los votos de primera preferencia, un 4 % más, frente al 28,6 % de los unionistas.

Les siguieron el nacionalista Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP), con doce escaños, el Partido Unionista del Ulster (UUP), con diez, y el multiconfesional Alianza, con ocho, lo que ha provocado que, por primera vez en la provincia, las fuerzas protestantes hayan perdido su simbólica mayoría en la Asamblea autónoma.

La clave ha estado en la transferencia de sufragios de otros partidos, según permite el complejo sistema electoral, lo que confirma que el Sinn Féin de Michelle O’Neill interpretó correctamente el apetito de la ciudadanía por un cambio cuando provocó en enero la caída del Ejecutivo de poder compartido con el DUP.

En este sentido, la participación aumentó un 10 % respecto al pasado año, hasta el 64,8 %, el índice más alto desde las elecciones regionales de 1998, el año de la firma del acuerdo de Viernes Santo, que puso fin a casi cuatro décadas de sangriento conflicto.

Los resultados afianzan a DUP y Sinn Féin como los principales representantes de sus comunidades y les obligan a negociar en tres semanas la formación de un Ejecutivo, a pesar de que mantienen profundas diferencias y que los nacionalistas tratarán de imponer sus condiciones desde su nueva posición de fuerza.

"Hoy es un gran día para la igualdad, para la democracia. No queremos volver al orden establecido en el pasado", declaró O’Neill tras sus primeros comicios al frente del partido que durante años lideró en el Norte de Irlanda el histórico Martin McGuinness, comandante del IRA durante parte del pasado conflicto.

Por contra, Foster podría ser ahora cuestionada, pues los resultados avalan la posición de los nacionalistas respecto a su incapacidad para encabezar el próximo Ejecutivo hasta que se aclare su implicación en un caso de corrupción en la política de energías renovables del Gobierno saliente.

Ese escándalo financiero llevó a McGuinness a dimitir de su puesto de viceministro principal y provocó la caída de Foster, al tiempo que obligó a Londres a convocar las elecciones anticipadas que reclamaba el Sinn Féin.

Poco después, McGuinness anunció también que abandonaba la política por una grave enfermedad y daba el relevo a O’Neill, de 40 años y sin conexión directa con la lucha armada, lo que se interpreta como el comienzo del proceso de regeneración del partido en el norte, una estrategia respaldada en las urnas.

Para más escarnio, el DUP se queda por debajo de los 30 escaños que le han asegurado hasta ahora el derecho a veto en la Asamblea y que ha generado tensiones con los republicanos por su oposición a cuestiones como el matrimonio homosexual, el aborto o la política lingüística.

Aunque la reglas del juego han cambiado, Foster recordó hoy que su partido sigue siendo "el más votado" y advirtió de que el descalabro no tiene que ver con el citado caso de corrupción, que, según ella, ha sido la "excusa para celebrar nuevos comicios".

"Sinn Féin y el republicanismo querían una repetición de las elecciones y han movilizado a sus bases de una manera muy eficaz", dijo la exministra principal.

También ha pesado en las urnas la futura salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), rechazada por el electorado norirlandés en el referéndum del pasado junio, a pesar de que el "brexit" contaba con el apoyo del entonces mayoritario DUP y la oposición del Sinn Féin.

Ambos partidos quieren ahora que la región, tras este divorcio, tenga estatus especial para proteger el proceso de paz y evitar el restablecimiento de una frontera estricta con la República de Irlanda.

No obstante, el DUP teme que, con el auge del nacionalismo, Sinn Féin redoble sus esfuerzos para lograr la convocatoria de un referéndum sobre la reunificación de la isla, su objetivo histórico.

Si los partidos no llegan a un acuerdo de gobierno en las próximas semanas, el Ejecutivo británico podría convocar otras elecciones o suspender la autonomía y administrar la región directamente desde Londres.