El asunto de la seguridad alimentaria

Por Víctor Manuel Peña lunes 15 de febrero, 2021

En medio de la hipercrisis global creada por el coronavrirus ha vuelto a resurgir la necesidad que hay de que el Estado garantice la seguridad alimentaria.

No es correcto llamarle a la seguridad alimentaria soberanía alimentaria, porque, además, la soberanía per se de un Estado no determina la seguridad alimentaria. Además, el concepto de soberanía no se da al margen de la constitucionalidad.

La seguridad alimentaria es fundamentalmente un fenómeno de orden económico-social y no responde a un mandato de orden constitucional. Aunque el Estado por los fines que persigue ha de jugar su rol en la construcción y viabilidad de la seguridad alimentaria.

La seguridad alimentaria se da en el contexto de la economía y de la sociedad, y la misma no se puede lograr sin producción adecuada, abastecimientos y precios estables en cuanto a los bienes esenciales o bienes de primera necesidad.

En otras palabras, el Estado tiene la responsabilidad de buscar puntos de equilibrio entre los consumidores y los productores garantizándoles precios estables a los primeros y determinados niveles de rentabilidad a los segundos.

Eso significa que en el contexto de la seguridad alimentaria el Estado tiene que subsidiar en determinadas ocasiones los precios de algunos alimentos como el arroz, el pan, la leche, etc.

El Estado también tiene que garantizar líneas de importación consecuentes con la seguridad alimentaria y en ocasiones suprimir canales excesivos de comercialización a través de la intervención oportuna y necesaria del INESPRE.

Es decir cuando hay un desbalance entre la producción interna y la demanda de algún producto básico, el Estado debe apelar al canal de las importaciones para cubrir la brecha entre la producción interna y la demanda interna o entre la oferta interna y la demanda interna.

El gobierno anterior cometió un pecado capital que fue parte de la corruptela pública: mandar a la Bolsa de Productos Agropecuarios –BOLSAGRO – los permisos de importación. Y ocurre que los permisos de importación ni son productos agropecuarios ni son productos financieros.

Esa corruptela con los permisos de importación hizo multimillonarios a muchos funcionarios públicos y a empresarios privados.

En el gobierno de Antonio Guzmán Fernández el INESPRE, que a la sazón estuvo dirigida por el ingeniero Gustavo Sánchez Díaz, tuvo su mayor época de esplendor y gloria.

En la gestión del ingeniero Gustavo Sánchez Díaz el INESPRE jugó su rol en cuanto a la estabilización de los precios de los productos de origen agropecuario, sobre todo en cuanto a los productos que intervienen en la canasta familiar como productos de primera necesidad.

Recuerdo que en la primera mitad de la década de los 80 hubo un proyecto sobre seguridad alimentaria, asesorado por un técnico de las Naciones Unidas de origen israelí, que estuvo ubicado en el Secretariado Técnico, piso 11 del Huacal, y en el que estuvieron representadas la Secretaría de Agricultura, el INESPRE, ONAPLAN, CEDOPEX y otras instituciones.

En ese proyecto sobre seguridad alimentaria nos conocimos el actual ministro de Agricultura, licenciado Limbert Cruz, y yo: en ese proyecto él representaba a CEDOPEX y yo representaba al INESPRE. Yo estuve trabajando como economista en INESPRE hasta 1986.

Ese proyecto sobre seguridad alimentaria, el primero de esa naturaleza que hubo en el país, estuvo bien orientado y fundamentado. Aportamos ideas al proyecto y el proyecto nos aportó experiencias.

Es hora de reinventarnos retomando las experiencias que hemos vivido como nación para construir sobre bases firmes el camino de la seguridad alimentaria.

Pero de allá a aquí paradójicamente son los gobiernos del PRD y del PRM los que han tenido serios problemas para garantizar la seguridad alimentaria: Hipólito Mejía del 2000 al 2004 y ahora Luis Abinader. Y digo extrañamente porque Hipólito se formó en el sector agropecuario y su vida es casi sinónima de agricultura.

Leonel, sin ser agrónomo, garantizó la seguridad alimentaria en el primer gobierno del 96 al 2000 y en sus gobiernos del 2004 al 2012.

En el segundo gobierno de Leonel que arrancó en el 2004 se aplicó el programa “Comer es Primero”. Y el INESPRE no dejó de asumir su rol en la comercialización de los productos básicos.

El gobierno actual por boca del presidente le ha atribuido un origen externo a las alzas continuas, sostenidas y progresivas en los precios de los alimentos: el alza del precio del petróleo a nivel internacional y de los precios de algunos insumos que utiliza el sector agropecuario

Si ello es así hay que proceder a congelar o subsidiar el precio del gasoil y seguir trabajando en la recuperación del poder de compra de la moneda nacional, es decir, apreciar el peso frente al dólar para abaratar el costo de las importaciones.

El Banco Central a través de la política monetaria y cambiaria tiene que jugar su rol en la línea de lograr niveles importantes de apreciación de la moneda nacional. Apreciación de la moneda nacional que serviría también para bajar la demanda de dinero por los motivos precautorio y especulativo para comprar dólares.

Pero también el INESPRE debe ser eficientizado y usado para obviar canales excesivos de comercialización que hay en el trayecto que transcurre desde que el producto sale de la esfera de la producción hasta que llega a la esfera del consumo. Aparte de que el INESPRE tiene que habilitar almacenes en los barrios y en los pueblos del interior.

El gobierno de Abinader tiene a su alcance políticas económicas, instrumentos y posibilidades reales para estabilizar los precios de los alimentos.

El primer deber de un gobierno es garantizarle el derecho a la vida a la gente, el cual comienza con garantizarle el derecho a comer a la gente.

Es obvio que garantizar la seguridad alimentaria no depende solo del Ministerio de Agricultura, lo que significa que hay otras instituciones públicas que tienen que jugar su rol para que la producción, los abastos y los precios de los alimentos fluyan en un ambiente de estabilidad.

Las alzas continuas, sostenidas y progresivas en los precios de los productos básicos constituyen un ruido muy pesado que a nadie conviene.

En la vigencia o no de la seguridad alimentaria se cocina o no la popularidad de un gobierno.

 

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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