El Arzobispo Nouel, gobierno efímero, voluntad Perenne

Por Victor Elias Aquino Lunes 13 de Febrero, 2017

De ordinario, los políticos en sentido general no se reúnen para hacer horas santas, ni para rezar El Santo Rosario, al estilo de la religión católica ( universal); se congregan para sus proyectos políticos personales que pueden o no coincidir en determinados puntos con los intereses y la agenda nacional de un país equis.

Así, como en las escuelas de periodismo se repite hasta la saciedad sobre el papel de la prensa en los objetivos de: informar, educar y entretener; sabemos que las personas o empresarios que detentan los medios de comunicación contribuyen a crear o formar la opinión pública, influyendo de esa manera en la conducta y en las acciones futuras de los ciudadanos.

El mundo de la política es uno, mientras que el accionar de los que no están centrados en Dios es otro. Muchos de los que seguían a Jesús pensaban que el instalaría un gobierno terrenal, pero tuvo que ponerles un stop, al decirles, “ mi reino no es de éste mundo”, Juan 18: 36.

Naturalmente, hay hombres dedicados a la política que piensan están por encima de todo y de todos, que son dueños de la voluntad de los hombres. ¡ Y de que los hay, los hay!

Pero, siempre habrá hombres inobjetables, personas que ofrecen lo mejor de si en cualquier función o responsabilidad que les coloque, sea mensajero, barrendero, conserje, policía, juez o presidente de la República.

En cada caso, siempre es posible dar lo mejor.

Ahí está el caso del arzobispo Nouel. Una calle honra su memoria en la Zona Colonial, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Era el convulso comienzo del siglo XX, en que un político o jefe militar, se imponía sobre sus iguales, al contar con un ejército personal de 500 o 600 hombres.

El prelado, respondió al llamado del congreso en 1912, que nominó para ocupar la primera magistratura del Estado en forma interino para ocupar el solio presidencial en sustitución de don Eladio Victoria, renunciante ante una situación muy difícil.

 

Diciembre fue distinto, el primer día de ese mes en 1912, se sentó en la silla presidencial don Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla. El Libro, “ Páginas Dominicanas de la Historia contemporánea, de Antonio Hoepelman, puesto en circulación durante la última Feria del Libro del Archivo General de la Nación, en un aporte para que los dominicanos puedan conocer ese período difícil del discurrir nacional.

Un hermoso gesto de una flor, color de ámbar; Solangel Valdez, periodista, fotoreportera de primera línea, y mejor amiga y hermana, directora de Relaciones Públicas del Archivo me hizo entrar en contacto con esa obra, la cual recomendamos sin titubeos.

Parece como si el tiempo no pasara, El Palacio Episcopal, donde ejercía sus santas y delicadas funciones se “vió colmado día y noche de una numerosa colonial de solicitudes de empleos”, dice el libro que recibí gracias a esa flor color de ámbar .

La crisis política y apetencias personales de esos días eran de tal magnitud que el general Desiderio Arias, ubicado en sus comandos de Santiago y Montecristi con unos 600 hombres a título de ejército pretendió imponerse en favor de sus personales intereses en la política criolla.

Llegó al colmo de los colmillos, poner un telégrafo o telefonema al mismísimo presidente pretendiendo indicarle que debía abstenerse de nombrar a los secretarios de Estado hasta no oír a una comisión que de parte suya ls visitaría portadora de instrucciones.

Pero en todas las etapas de la historia, brilla el sol, hay patria, hay honor, y hombres como el prelado que no titubeó al responder que “el gabinete estaba nombrado y que no aceptaba imposiciones humillantes.

Las Amenazas del hombre fuerte de la línea noroeste no se hicieron esperar.

Un arzobispo triste, enfermo, el cuerpo contrito y el alma desgastada tuvo sabores amargos en su garganta, por eso presentó renuncia el 28 de marzo del año siguiente 1913. Cumplió con su deber, puso lo mejor de su tiempo y su talento hasta que le fue permitido. Siempre podemos dar y hacer lo mejor.