El arte de gobernar

Por Víctor Manuel Peña jueves 23 de julio, 2020

A partir de la llegada al poder de gente sin luces en diferentes países en el mundo, incluyendo países desarrollados, es posible que se haya llegado a pensar que es fácil gobernar los Estados de las naciones.

Los ejemplos más extremos de presidentes sin luces en el mundo son Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador.

Estos presidentes son en la actualidad los ejemplos más extremos o desastrosos de la gestión del Coronavirus en América y el mundo.

Esos presidentes se han quemado en el ejercicio del poder dirigiendo gobiernos ultraconservadores.  En el caso de López Obrador tiene como fachada un discurso “ultraizquierdista” pero está haciendo un gobierno ultraconservador!

Y en gran parte esa veloz y asesina propagación y expansión del Coronavisus en Estados Unidos, Brasil y México se explica por la pésima gestión de la pandemia que han hecho los presidentes y los gobiernos de esos países, a tal punto que esas naciones se han convertido en estos momentos en los países “líderes” del Coronarvirus en América y el mundo.

El gobierno dominicano está en esa lista negra de los países que peor han manejado la crisis sanitaria engendrada por la pandemia del Coronavirus.

En medio de las grandes crisis, como es la que estamos viviendo a nivel global y local, lo trascendente e importante que es que cada nación cuente con gente preparada o muy preparada en el muy complejo y complicado arte de gobernar.

El arte de gobernar, o buen arte de gobernar, no se logra de la noche a la mañana ni se adquiere por generación espontánea porque se desee o se quiera tener, ese arte o el buen arte de gobernar se construye en el tiempo y el espacio.

El buen arte de gobernar requiere de cuatro condiciones esenciales: robusta formación ética y moral, cultura general amplia y muy sólida, una cultura política muy bien enraizada y una gran capacidad y comprensión para comunicarse, relacionarse e interrelacionarse con el mundo exterior

Y todas las condiciones anteriores tienen que estar sometidas siempre al arte de la prudencia.

Hay que beber y nadar profundo en las aguas del Arte de la prudencia de Baltasar Garzón.

Aunque es importante leer los libros de Robert Greene (Las 48 leyes del poder, el arte de la seducción, las leyes de la naturaleza humana y las 33 leyes de la guerra), hay que hacer abstracción del hombre amoral o inmoral que subyace en las lecciones de este autor.

Me explico, para el hombre triunfar en política de acuerdo a Robert Greene debe ser hipócrita, simulador, adulador, engañador, traidor, etc., etc., etc….Es decir, Robert Greene aboga porque el hombre, y, sobre todo, el hombre político sea un hombre inmoral o amoral: una negación perfecta del hombre moral.

Yo abogo y defiendo la tesis contraria: el hombre, y muy especialmente el hombre político, debe ser un hombre moral y ético siempre.

Claro, el hombre moral que está en política debe entender y comprender la naturaleza y la psicología del hombre amoral o inmoral para protegerse y cubrirse de sus malas acciones siempre.

No son cualesquiera las crisis por las que está atravesando el mundo y cada país en particular: por sus dimensiones y sus profundidades son crisis gigantes verdaderamente escalofriantes, espeluznantes y pavorosas

Esas crisis gigantes son la sanitaria y la crisis económica.  Claro, hay otras crisis como la institucional, la social y la medioambiental.

Las prioridades son atender la crisis sanitaria y la crisis económica en el marco del plan general de acción desde el mismo 17 de Agosto.

Es muy elemental saber que las crisis gigantes deben ser encaradas por equipos de grandes ligas, no por equipos de pequeñas ligas. Hay que enfrentarlas, por consiguiente, con los mejores seres humanos en términos de su calidad profesional y humana.

La formación profesional y la experiencia acumulada son clave, mucho más en estos momentos, para ejercer con posibilidades de éxito una función pública.

Verbigracia: Quien vaya a ser designado ministro de Haciendo debe ser un economista con amplia formación, bagaje y experiencia en finanzas publicas aunque tenga un buen equipo de asesores, porque, además, tiene que estar en capacidad para no dejarse engañar o mal asesorar por sus asesores.

Otra cosa: El horno no está para galletitas, por lo que hay que evitar los funcionarios conflictivos en los puestos, mucho más en el área monetaria y financiera del Estado, un área de por sí muy sensible o hipersensible

Pero hay que llegar a la dirección del Estado con un plan general para enfrentar desde el mismo 17 de Agosto las grandes crisis por las que atraviesa la sociedad dominicana. El tiempo de hacer los diagnósticos para diseñar el plan general para la acción es ahora, por lo que no debe pensarse que los diagnósticos se van a comenzar a hacer a partir del 16 de Agosto.

Otra cosa es que no se debe ir, mucho menos ahora, al Estado para agotar un proceso de aprendizaje y después comenzar a accionar.  Lamentablemente no hay tiempo para eso, por lo que hay que ir preparado para comenzar a accionar desde el mismo 17 de Agosto.

En el caso del enfrentamiento de la gran crisis económica por la que atraviesa la sociedad dominicana hay que comenzar a enfrentarla desde el ámbito de las políticas de demanda agregada y las políticas de oferta agregada como son la política fiscal, la política monetaria y cambiaria, la política comercial, la política industrial, la política agropecuaria, la política turística, la política de zonas francas, la política energética, etc.

Está claro que el plan para impulsar la recuperación de la actividad económica debe ser, tiene que ser, armonizado con el plan para enfrentar la crisis sanitaria.

A propósito, el problema de la crisis sanitaria no es solo un problema de recursos, hay que reorganizar el sector salud de arriba abajo y fortalecer y redimensionar sus funciones en el plano de la prevención y de la curación.

Hay que reconocer que el presidente electo, licenciado Luis Abinader, tiene la voluntad y las mejores intenciones para dirigir el gobierno dominicano.

Pero no basta la buena voluntad, el presidente electo tiene que escoger lo mejor de su partido y de otros sectores de la sociedad, sabiendo siempre que debe supervisar permanentemente a cada funcionario sin dejar de respetar los niveles de descentralización y de desconcentración que hay en el Estado dominicano de acuerdo a la ley de la función pública, y evitar que cada funcionario se convierta en una isla de poder.

En una situación de crisis y de no crisis, pero sobre todo en estos momentos dada la excepcionalidad de la pandemia, cada funcionario tiene que rendirle cuentas permanentemente al presidente de la República.

En el ejercicio del poder hay que procurar, buscar o acercarse siempre al arte o al buen arte de gobernar.

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

*El autor es economista y abogado

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