El Apocalipsis de un virus que no encuentra su Éxodo

Por Bryan Brea martes 11 de agosto, 2020

Todos estamos viviendo el calvario de un año apocalíptico, oscuro y enigmático, bajo un escenario dantesco, como si estuviéramos en los capítulos finales de una película de terror o siendo testigos de los hechos relatados en el último libro de las sagradas escrituras. Sí, ese que muchos temen leer por los acontecimientos que promete materializarse en un futuro, o incluso en el ahora que pudiera estar abrazándonos.

Fuera de lo que podamos creer, lo que hemos escuchado, o lo que pueda convertirse en realidad por las decisiones de un Dios vivo, o el comportamiento de la raza humana, ese mismo que nos llevará al cataclismo de nuestra desaparición, lo cierto es que debemos prestar atención porque poco a poco estamos convirtiéndonos en cenizas.

En la actualidad hay millones de personas infectadas a causa del nuevo virus, conocido como el síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (SARS-CoV-2) o COVID-19, y miles que han muerto por la causa de este. Aún no le encuentran una cura y sigue arropando al mundo con su cobija de malicia y sin piedad.

Hemos escuchado tanto sobre cómo detener este virus y las respuestas han sido las mismas.  Se puede frenar combatiéndolo juntos, unidos y poniéndonos en los zapatos de los demás, reconociendo el peligro que nos acecha, unos más vulnerables que otros, pero colaborar es exactamente lo que algunos (por estar tanto tiempo encerrados y otros por la necesidad de salir a trabajar) ponen en riesgo su salud y la de los demás.

Ojalá esto pronto acabe… Ojalá aprendamos a valorar la vida, el poder respirar libremente sin usar mascarillas. Ojalá esta nueva covidianidad algún día se vaya y seamos los de antes, sin olvidar este proceso que nos ayudó a apreciar tanto lo que parecía no importante y que ahora se ha convertido en la necesidad más grande dentro de esta cárcel sin rejas llamada pandemia.

 

 

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