El amor en la liturgia de la Navidad

Por Víctor Corcoba Herrero sábado 21 de diciembre, 2019

(¡Hagamos sitio en todas las posadas para celebrarlo!)

 I.- CRISTO NOS HA NACIDO PARA SALVARNOS

 El amor se hace vida en la liturgia de la Navidad, nos revive la mística del encuentro con el verso,

el don de la expresión en la ternura de nuestro Padre,

la gracia de hacerse y rehacerse como nosotros;

con la entrega de su  Hijo, ¡la gloria del Salvador!

Ante el misterio del verbo, germinado en la tierra,

un niño nos nace y nos redime por voluntad divina,

quiere llevarnos consigo, hallarnos y revivirnos,

a través de su mirada angelical, llena de verdad,

rebosante de luz, pues…¡hagámosle sitio en el alma!

¡Cuántas inocencias truncadas por este mundo!

¡Cuántos corazones encerrados en su coraza!

¡Cuántos empedrados nos ponemos los humanos!

El dolor de no ser acogido, lo sufrió el niño Dios,

tampoco tuvo hombro donde reclinar la mente.

 

Para si Cristo tomó nuestros andares mundanos,

alegrémonos de la bondad de Dios echa carne,

dejemos que los lloros del abatimiento nos aviven,

laven nuestra visión y baldeen apasionadamente

nuestro ser, ¡las lágrimas nos reconcilian y purifican!

 

II.- DONDE NACE DIOS, REVERDECE LA ESPERANZA

 

Como en tiempo de Jesús, hoy también se sufre

la indigna indigencia y el rechazo de las gentes,

los abusos de poder y el comercio de personas,

ojalá nos desprendamos de esa frialdad humana,

y contemplando el portal de Belén, ¡vuelva la paz!.

 

Dejemos que germine el niño Dios en cada cual,

el Señor nos claree y hermane con sus gemidos,

retornen a nosotros sus esperanzadores susurros,

enternezcámonos con sus latidos de inocencia,

y emprendamos el andar fraterno, ¡reconciliémonos!

 

Reverdezca la esperanza y la mansedumbre,

nos ha llegado en la buena noche de la noche buena,

el causante de lo armónico, el alentador del amor,

promotor de la vida en donación, autor del poema

más sublime, donde todo es poesía y perdón.

 

No hay más poder que la palabra y los silencios:

la palabra es la semántica del amor de amar amor;

y los silencios, el pulso y la pausa que nos salva.

Demos voz y cuerpo a este anhelo resplandeciente,

reencontrándonos y coexistiendo como hermanos.

 

POR VÍCTOR CORCOBA HERRERO

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