El agreste camino que le espera a Luis Abinader

Por Rolando Robles lunes 21 de septiembre, 2020

Al iniciar este segundo mes de un gobierno del que se espera “de todo”, ya Luis Abinader debe haber escuchado millares de demandas, solicitudes y quejas, de asesores, asistentes, ayudantes, aliados de ocasión y circunstanciales; y desde luego, de compañeros que entienden que es: “ahora o nunca”. El asunto podría magnificarse si advertimos que, los que pueden hablarle hoy, de cerca y al oído, no son precisamente, los “compañeritos de la base”.

Sin embargo, el mayor problema del presidente no será honrar las promesas de campaña que compactaron ese descomunal frente opositor que lo llevó al poder. Tampoco los embates causados por las crisis de salud, económica y política, habrán de perturbar seriamente al joven mandatario. Su problema principal será -según mi lectura- el alcance y significado real de una palabra ambigua y gastada a fuerza de repetición: cambio; la consigna que lo llevó a la presidencia.

Hacerle entender a la gente que cambio no es una simple intención, habrá de causar los desvelos de Luis Abinader y consecuentemente, de Raquel Arbaje, su compañera de almohada e “infortunio”. Porque es verdad que muchos de sus amigos albergan la esperanza de que, como dice el madrileño José Manuel Ortega (Manzanita) en su exitosa composición, Gitana:las palabras son de aire, y van al aire”.

Y hasta sus adversarios suponen -o mas bien, esperan- que al “turquito” no se le haya metido en la sesera, la idea de torcer el rumbo de la nave en mas de unos pocos grados; diez, quince, tal vez treinta como máximo, pero nunca noventa, y mucho menos ciento ochenta. Particularmente, pienso que causar un “punto de inflexión” en el derrotero institucional del país durante su primer cuatrienio, sería mas que suficiente para las expectativas generadas por su candidatura.

El presidente Abinader debe aprovechar el ímpetu y la solidez de su triunfo en “primera vuelta” para producir ese giro en la vida nacional; de modo que la gente sienta que estamos construyendo un Estado moderno, organizado, funcional y eficiente; donde no campeará -como hasta hoy- la prevaricación sustentada en la prebenda y el amiguismo partidario.

Pero, la crisis acogota, ata las manos y limita el accionar. Por eso conviene un alto en las demandas internas, no para aplazarlas sino, para reprogramarlas. Es saludable un mensaje directo a sus seguidores, pidiéndoles calma y tiempo. Esa comunicación no puede ser a través de intermediarios, pues se diluye la esencia del pedido, debido básicamente a que a ellos se les verá como “favorecidos”.

Mirando el asunto con detenimiento y ante la complejidad del escenario local y externo, cabe suponer que ya el mandatario debe tener un equipo de monitoreo social que levante y se anticipe a las inconveniencias, tan propias de los grandes pactos electorales, especialmente, por lo variado de las fuerzas que convergen en el frente ganador.

Cada funcionario con responsabilidad, aunque sea mínima, debe comprender a fondo la naturaleza y limitaciones de este gobierno; y, en consecuencia, no crear ruidos que pudieran considerarse innecesarios, es su mejor contribución con el presidente. La comunicación pública de los hombres y mujeres del gobierno sido una fuente significativa de perturbación.

Si usted pone en contexto todos estos cabos sueltos que señalo, probablemente coincidirá conmigo en que, en verdad, el título de este trabajo es mas que cierto. Y si le agrega los disturbios que intentará crear la oposición y ciertos “aliados”, con la mira puesta en las elecciones de 2024, entonces hay que convenir que, al margen de sus simpatías personales, a Luis Abinader hay que apoyarlo contra viento y marea.

Ya he leído y escuchado la idea de que, “este es un gobierno de transición” o de que, “son un equipo de novatos compitiendo en la Serie Mundial”. Los emisores de estas expresiones son opositores y descontentos; mientras que, los motivos se sustentan en algunas falencias, propias del desconocimiento de un “lenguaje de Estado” por parte de ciertos funcionarios. Por eso es necesario centralizar la opinión desde el gobierno, para hacerla uniforme y oportuna.

Residiendo yo fuera de la isla, siento las inquietudes de los amigos que cultivé en el antiguo PRD, y créanme, el derrotismo se percibe por doquier. A penas ha transcurrido un mes y menos de un millar de personas ha sido premiada con un decreto y mis amigos creen que “todo se ha perdido” o que “este gobierno es de la sociedad civil”. Luis Abinader tiene pendiente aún, miles de nombramientos.

Estas distorsiones son posibles porque hay gente que no entiende que ganaron las elecciones porque el pueblo se cansó del PLD y su ostentación burlona y extrema, aunque no de los logros alcanzados; por lo amplio y variado del frente conformado. Y desde luego, porque integraron al discurso, lo que todos querían oír: la posibilidad expresa de un cambio.

Calma y prudencia es lo que se impone y conviene.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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