EL 70% que no votó: ¿Por quién simpatiza?

Por José Núñez martes 22 de octubre, 2019

Independientemente de las incoherencias que existieron en las trasmisiones de los datos del escrutinio de las elecciones primarias internas  por parte la Junta Central Electoral (JCE), las cuales se evidenciaron en iniciar un proceso sin antes concluir las votaciones en muchísimos de los centros y por supuesto, en cientos de mesas electorales a nivel nacional.

Además de un comportamiento estadístico que comenzó rarísimo en el mencionado conteo de la JCE, también por la mitad de este escrutinio, iba sin sentido lógico, y al entrar sobre más del 85% dando un ganador por un 0.8%, o sea, por más de 8 mil votos, en la parte final, fue algo inaudito, rompió las reglas conocidas del comportamiento de las estadísticas, un caso digno de estudios para los expertos en el tema de esta ciencia exacta.

Como aderezos, podemos agregar las mesas que se registraron con votaciones a favor del candidato gubernamental en horas de la madrugada, con una concurrencia de casi el 100% de sus inscritos, con porcentajes muy por encima (el 75%) de los promedios obtenidos en sus votos favorables tanto a nivel de esas localidades como en lo nacional.

Además, todas esas mesas con votaciones anormales fueron en los lugares más remotos del país, donde el tiempo o las horas no alcanzaban para tales cantidades de votos (750, 800 y hasta 850 sufragios), y en los horarios ya fuera de control, también se observa en las actas, que fueron trasmitidas en la madrugada, ¿y entonces?, ¿díganme los honorables?

Pero volvamos al tema que no tiene variaciones, el del 70% que no fue a votar en las elecciones primarias, y que muy bien debe ser estudiado por las firmas encuestadoras imparciales, sí, éstas mismas que lamentablemente se escondieron en plena batalla de las citadas primarias, donde sobresalió por su ausencia la más prestigioso, La Gallup, «pero el que (la que) esté libre de pecado, que tire la primera piedra».

De ese 70% que no votó y que citamos anteriormente, usted puede estar seguro, que son casi inexistentes o muy escasos que ahí hayan empleados públicos, tampoco va a encontrar de los que venden o alquilan el voto y su cédula, y obviamente, de los militantes políticos.

En ese mismo tenor, ese porcentaje que se excluyó voluntariamente de no ir a votar, está integrado en su gran mayoría por personas independientes, profesionales, comerciantes, estudiantes, la juventud, por algunos religiosos que no votan (los testigos de Jehová por ejemplo) y los disgustados con los comportamientos y las deficiencias en los servicios públicos y la inseguridad ciudadana que son responsabilidades de la administración pública.

En este contexto, si algo se puede argumentar sin temor a caer en ser errático en los planteamientos, es que es seguro, que de esos que no fueron a votar, el mínimo lo representó el candidato del oficialismo, porque su capacidad de movilización y lo apurado que estaban, con cientos de funcionarios públicos a todos los niveles, incluso hasta el Presidencial, los votos eran buscados hasta en el fin del mar y a cualquier costo, es por ello que ese porcentaje de abstención, no viene de ahí del poder, esos son anti-gobierno.

En otras palabras, mientras menos porcentajes fueran a votar, mayoritariamente incrementaban sus posibilidades de imponerse, ya que es bien conocido, que los candidatos menos populares y estando en el poder, los oficialistas, les afectan negativamente los votos masivos de la población.

Por eso es que no fue al azar ni por casualidad, tampoco por falta de tiempo ni mucho menos de recursos económicos como argumentaron los organizadores del certamen (la JCE), que no  permitieron el voto del exterior, especialmente en el Estado de New York, donde existe una gran masa de dominicanos, incluso, son más que en 30 de las 32 provincias del país, incluyendo la capital.

Ahora bien, estamos hablando del voto popular, del pueblo, el realmente independiente, no el que se lleve a votar con billetes y fuera del horario. Por eso hay que puntualizar, que la no permisibilidad del voto a los dominicanos ausentes, que no es clientelista, fue una jugada maestra en detrimento de Leonel Fernández.

Señores, es que de ese 70% que no fue a votar ahora, mínimamente, de esos van a ir a votar el 40% en las elecciones generales de mayo del año 2020, y cuidado sino sea un mayor porcentaje, que es mucho más que el 30% que votó en las primarias recién pasadas del PLD y el PRM.

Por lo que hay que darle seguimiento a ese porcentaje del 70% que no se motivó a ir a votar en la recién pasadas primarias por diferentes razones, y que será la gran mayoría de los que en los próximos procesos electorales van a marcar aún más, la diferencia que ya se evidenció.

Aunque sin importar el poder del Estado, el uso de los recursos públicos, la intimidación a los empleados estatales ni las visitas con las billeteras full para vencer la voluntad popular que tiende a ceder por las necesidades imperantes, la miseria y el clientelismo, gran parte de ese 70% que se quedó ajeno al proceso, decidirán en las dos próximas oportunidades (en febrero y mayo del 2020) quienes van a dirigir los destinos municipales, congresuales y nacionales.

En realidad, la fuerza del pueblo volvió a ratificar su ley, contra el pueblo nadie puede, y qué bien que generalmente sea así, que a la corta o a la larga, el pueblo triunfe.

Y en ese 70% que no fue a votar conjuntamente con casi el 50%, es decir, aproximadamente un millón de votos que fueron por Leonel Fernández, está el quid del asunto.

Autor: José Núñez

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