Eduardo y Pacheco repiten

Por Iván Silva

Comprendemos los sacrificios y los méritos políticos, electorales, sociales y democráticos que adornan a los compañeros qué aspiran a presidir el Senado de la República, aunque sería pertinente entender la realidad del poder político, social y posicional en nuestra nación. Pues en las grandes decisiones de gobierno pesan las fuerzas operativas de presión política y geopolítica, tanto las nacionales como las internacionales. Es el caso de las empresas multinacionales, las Industrias, los organismos internacionales, los gremios profesionales, los sindicatos, el ejército, las sociedades y organizaciones civiles, las iglesias, las embajadas acreditadas y los grupos con intereses definidos como la banca, las mineras, las generadoras eléctricas y los oligopolios de los combustibles.

Responden estás designaciones no a los intereses exclusivos de las altas instancias del poder, ni del partido, ni del Estado, se impone lo que conviene, sin tomar en cuenta ninguna condición sentimental, ni, mucho menos, emocional, sino a la democrática y políticamente instrumental, nada personal ni afectivo. Se necesita construir un equilibrio democrático indiferente, difícil de entender, a pesar del control mayoritario de nuestro partido y del gobierno en el Senado.  Estamos ante una situación política y electoral de suma variable, de donde oficialismo y oposición ganan, debemos evitar las suma cero que aplicó el PLD con su mayoría, porque correríamos el riesgo de tener un gobierno lento, torpe y débil, como pudimos ver en la aprobación de la ley de Juicios de Extinción de Dominio.

Invito a mis colegas senadores a validar la brecha existente, entre nuestro verdadero poder, y lo que la sociedad y los ciudadanos esperan de nosotros, pues esta incomprensión por parte de la clase política, es la causa de las grandes presiones sociales contra los partidos gobernantes, pues el Palacio Nacional, el Palacio del Congreso, el Palacio de la suprema corte y el Ministerio Público, son solo una alegoría hueca, cuyas arquitecturas imperiales ocultan los límites de quienes nos ocupamos hoy  del ejercicio del poder posicional en las distintas funciones del Estado. Es por eso que el poder se expresa disperso en los poderes públicos, en la policía, en las fuerzas armadas, en la Junta Central Electoral, en la Liga Municipal Dominicana, por citar algunos casos.

Sabemos que, en la lucha política por el poder, crea un rencor nunca muere, pues las ofensas responden al temor o al odio político o electoral. Por tanto, siento la obligación de recordarles a nuestros compañeros aspirante a presidir está Cámara que, si deseamos comer junto con los   tigres, jamás deberíamos hacerlo como leones, sino como gatos. Les pido que oculten su inconformidad, pase lo que pase, pues una mueca de violencia perjudica más nuestra reputación como senadores, que como partido. Es que, en este momento difícil de la nación, vale más un gramo de apariencia, que 100 kilo gramos de fuerza. Mantengamos el honor, el linaje, y la obligación democrática con nuestra investidura Constitucional. –

Por Iván Silva

 

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