Eduardo Lantigua Pelegrín

Por Ramón Saba jueves 22 de febrero, 2018

Nació en Villa Altagracia, provincia San Cristóbal, el 13 de septiembre de 1950. Sus amigos más cercanos y conterráneos le llaman familiarmente por su segundo apellido: Pelegrín. Radica desde hace mucho tiempo en la ciudad de New York, Estados Unidos de América, donde se codea con la crema literaria dominicana de esa gran urbe, de la que forma parte protagónica.

Narrador, poeta, ensayista y brillante beisbolista amateur. Desde niño se esforzó en lograr ser un excelente jugador de béisbol, a tal extremo que se convirtió en un sobresaliente torpedero (más conocido en ese deporte como shorstop), militando en varias ocasiones en la selección nacional amateur superior y representándonos con gallardía, tanto localmente como en playas extranjeras.

 

Particularmente disfruté de sus excelsas habilidades deportivas, porque en varias ocasiones jugamos juntos, haciendo combinación con él, desde la posición de intermedista. Ha participado en múltiples versiones de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo y en las de New York, tanto en condición de visitante como de conferencista. Ha impartido cursos y talleres sobre narrativa y ha sido responsable de la presentación de obras literarias de muchos colegas suyos. Fundó en New York  el taller literario  “Puerta 5”.

Eduardo Lantigua Pelegrín es especialista en redes de computación. Laboró en la empresa Xerox Dominicana, misma que lo envió a especializarse al  Instituto tecnológico de Monterrey en México. En Estados Unidos de América se ha mantenido realizando estas mismas labores por décadas.

Su haber bibliográfico consta de los siguientes títulos: “Un pez en el desierto” (cuentos), “La inagotable lectura” (poemas), “Ya no estaban las palomas” (cuento) y “Moliendo café” (ensayos). Figura en muchas antologías importantes.

En su fructífera trayectoria literaria ha cosechado importantes reconocimientos, entre ellos incontables homenajes de diferentes organizaciones como “Cinco días con la cultura  en Villa Altagracia”;  le fue dedicado el “Festival de las artes Sólo para locos  2016”, y en esa misma ocasión quedó formado el “Taller literario Eduardo Lantigua Pelegrín”.  Latín American Cultural Heritage lo nombró escritor más destacado en el 2016 y la feria del libro de NY le dedicó un pabellón; mientras que por otro lado, la “Tertulia Pluma Poética” le rindió honores.  Posee una gran cantidad de trofeos ganados en múltiples contiendas de béisbol amateur superior.

Confieso que “Pelegrín” es uno de los seres humanos más nobles que he conocido. Único varón de una familia compuesta por nueve hermanas más, de cuyo seno es el “niño mimado” de todas. Su amistad es un gran honor que exhibo con orgullo, porque aparte del gran afecto que nos une, reconozco en él a un prominente intelectual cuyo recipiente cerebral no se ha desperdiciado en tonterías, sino que ha sabido formarse con absoluta dedicación.

La escritora y gestora cultural Lourdes Batista-Jakab estima que Eduardo Lantigua Pelegrín es sinónimo de honestidad y de amistad verdadera. Muchos escritores han ponderado sus grandes aportes a la literatura dominicana y han realizado excelentes ensayos sobre su voz poética y narrativa, pero él tiene tantas otras  cosas como la de amigo y el hermano, pues les unen muchas noches y madrugadas de consejos, poesía,  política,  cine,  música, y de arte en general.   Reconoce en él al hombre grande en conocimientos, pero humilde y sencillo en su trato hacia los demás.

Su poesía nos dispara directo al alma.  Sus versos nos hacen revivir esa  melancolía que nos agobia,  en sus poemas chocamos brutalmente y sin poder evadirlo con  ese   dolor  y esa pérdida a la que el  exilio los confina. Los que tuvieron que abandonar la isla  por las razones que fuesen,  arrastrase a una cadena muy pesada de nostalgia y melancolía, Eduardo Lantigua Pelegrín los remite a ese dolor en sus poemas.  Es un gran escritor,  de grandes luces, un intelectual con el que puedes discutir de todo, por su cueva literaria han pasado, a pernoctar o a vivir,  una gran cantidad  de poetas y escritores de República Dominicana. (Debo agradecer doblemente a Lourdes, pues amablemente me aportó la mayoría de los datos que integran esta publicación).

Por otro lado, el historiador Ramón Emilio Espínola Eduardo considera que Eduardo Lantigua Pelegrín le ha enseñado a valorar el lenguaje como vehículo para transmitir ideas y, siempre le ha aconsejado que no use palabras altisonantes dentro de la retórica de sus escritos. De sus conversaciones aprende el valor de la palabra como expresión de interpretación, mientras que de este, Lantigua Pelegrín aprende sobre la historia dominicana. Ha podido notar que Eduardo es un escáner cerebral viviente, que puede detectar con aguda facilitad lo inusual de una palabra en cualquier texto.

Finalmente, el poeta y ensayista Basilio Belliard opina que la pasión por la teoría literaria impulsó a Eduardo Lantigua Pelegrín a buscar los programas de dicha carrera en Columbia University para “fajarse” por sí mismo a leer, estudiar y buscar los libros de referencias. Ese fervor por la literatura como una “ciencia” -a la manera de Roland Barthes y los estructuralistas franceses de los años 60 y 70-, acaso le viene de su formación temprana -y adelantada- en el campo de la computación y la tecnología de la información, que se remonta a principios de los 70, cuando fue a ciudad de México a estudiarlas, en momentos en que el país era una ciencia ficción, o una empresa remota hablar de esa disciplina tecnológica. Eduardo Lantigua Pelegrín fue un pionero en ese campo científico, en el cual es un diestro conocedor de un oficio que le ha permitido sobrevivir en Estados Unidos.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de un poema de Eduardo Lantigua Pelegrín:

Antes que la ciudad desgarre de un zarpazo

la delgada línea que me nombra

inmediato a las horas

aparece la soledad en medio de la multitud

las tiendas,

los trenes con destino a ninguna parte

cercando,

enredando nostalgias en la ficción

de una ciudad tan solo de sus dueños.

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