Economista cuestiona RD dolarice bienes y servicios y no así salarios de los trabajadores

Por Luis Brito lunes 21 de septiembre, 2020

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El economista Guillermo A. Rivera afirmó que el aumento de la desigualdad social, y por ende, de la pobreza en la República Dominicana, se debe en gran medida porque la dolarización de los bienes y servicios se llevó a cabo en contra de la clase trabajadora al no dolarizar también los salarios.

Asimismo, se mostró contrario a que este gobierno continúe aplicando la política de endeudamiento de la pasada administración del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Rivera se pronuncia sobre este y otros aspectos en un artículo que produce bajo el título “La Economía y el Covid-19”.

Señala que las veces que se ha decidido aplicar los requerimientos del Consenso de Washington, dolarizando parcialmente la economía, ha sido después de notables y sustanciales desbalances fiscales y monetarios tras excesivas posturas expansivas en las políticas macroeconómicas.

“Esos desbalances terminaron afectando la credibilidad del peso como sucedió, por ejemplo, en la Argentina recientemente, y en México, en la década de los noventas”, sostuvo el profesional de la economía.

En estas circunstancias -manifestó- las familias comienzan a preferir ahorrar y operar en monedas extranjeras.

Explicó que en el sistema empresarial cuando la moneda nacional se desvaloriza aumenta el costo de pagar deudas en divisas e importar insumos y se entorpece el funcionamiento del comercio exterior y de todo el aparato productivo.

“En respuesta, se utiliza el dólar para aislar algunos subsectores que reflejan ciertas distorsiones, buscando generar recursos externos en el corto plazo. Se acude a un sistema dual en el que unas empresas florecen, mientras otras languidecen sin garantizar un crecimiento económico inclusivo y sostenible en el largo plazo”, sostuvo.

 

CUESTIONA LOS BONOS

Rivera, con un Ph.D. en economía, cuestionó la colocación de bonos por parte de República Dominicano en el mercado internacional.

En ese sentido, apunta que debido a la caída que se debe producir en los ingresos al presupuesto del Estado, en medio de la actual recesión, no es necesariamente una prioridad ampliar el mercado de los bonos públicos.

Como una opción en lugar de emitir más bonos públicos, aconseja sostener un alto déficit fiscal sin añadir más presión a la inflación.

Criticó que los Ministerios de Finanzas y de Economía aún no han anunciado cual es la política económica y social que llevará a cabo el gobierno y cómo pretende financiarla.

“Lo único que se ha anunciado es que la prioridad mayor la tiene el sector salud, a fin de enfrentar el coronavirus y las promesas anunciadas por el presidente Abinader en la ciudad de Santiago”, sostuvo.

 

EL ACCESO FÁCIL

Rivera consideró alarmante que se hayan agotado las posibilidades macroeconómicas para hacerle frente a este nuevo choque de enormes proporciones.

Cuestionó que la economía dominicana esté siendo conducida con único interés es acudir a un acceso fácil a los mercados internacionales de capitales sin haber definido una regla fiscal dentro de un marco de mediano plazo.

 

PLANTEA ACERCARSE AL FMI

Enfatizó sobre su rechazo a que las actuales autoridades sigan la política de endeudamiento del pasado, porque exacerba los desequilibrios estructurales existentes en la economía del país,

En cambio, dijo que sería más recomendable obtener el apoyo de un programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

También recomendó establecer programas sectoriales con el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en áreas como educación, salud, energía, agricultura, saneamiento ambiental, alcantarillado, reforestación, agua, e infraestructura.

Aseguró que con el acercamiento hacia esos organismos internacionales, la República Dominicana estaría enfrentando los desafíos macroeconómicos a mediano y largo plazo.

A continuación, el texto íntegro del artículo de Guillermo A. Rivera:

La Economía y el Covid19

A finales del mes de enero, el gobierno dominicano se percató de que podría estar enfrentando el grave problema de la pandemia del coronavirus19, cuyo peligro ya era evidente en China y muy pronto en el resto del subcontinente asiático. Esto empezó a causar un marcado deterioro humano y genero una tremenda recesión económica tanto en las economías desarrolladas como emergentes.

Para enfrentar la situación creada, ha sido necesario aumentar más que proporcionalmente el gasto en salud y explorar las posibilidades de incrementar el endeudamiento externo. Esto a su vez creara un desequilibrio macroeconómico de tal magnitud, que como muy bien lo expresara el Ministro de Economía en una entrevista celebrada por el periódico virtual Acento, se hará necesario obtener en el mercado financiero internacional la suma de US$3 mil millones, para financiar el presupuesto del 2021.

En nuestra humilde opinión, no somos partidarios de continuar aplicando la política de endeudamiento del gobierno anterior, ya que exacerba los desequilibrios estructurales existentes en la economía del país. Creemos que sería más recomendable obtener el apoyo de un programa con el FMI, al mismo tiempo que se gerencien otros más sectoriales con el Banco Mundial y el BID en educación, salud, energía, agricultura, saneamiento ambiental, alcantarillado, reforestación, agua, e infraestructura con el objetivo de enfrentar los desafíos macroeconómicos a mediano y largo plazo.

Otro tema mencionado por el Ministro, a propósito de las perspectivas de crecimiento de nuestra economía, se centró en proyectar un crecimiento de aproximadamente un 5 por ciento. Estas aseveraciones también fueron anunciadas previamente  por un Asesor del Banco Central.

En ese sentido, sería oportuno que explicasen al país cuales son las premisas en que se basa este anuncio, tomando en consideración que la mayoría de los países desarrollados de acuerdo a la OECD y a economistas norteamericanos concuerdan que dichas economías sufrirán una aguda recesión y por tanto sería necesario abordar temas relativos al manejo de la tasa de cambio, la balanza de pagos, la deuda externa y por ende la inflación  mediante encuestas a nivel de hogares a fin de medir los equilibrios macroeconómicos.

Al mismo tiempo se hará necesario analizar el impacto de la pandemia en la desigualdad y exclusión social. Se requerirá informar detalladamente sobre aquellos índices que examinan la tendencia común de un grupo para aproximar la posición de expansión o contracción de las políticas macroeconómicas.

Por otra parte, la utilidad de los índices sirve para capturar los movimientos entre las variables asociadas a cada política en una perspectiva de mediano plazo. Tomando en cuenta que el índice de política fiscal incluye el gasto público total, el valor de los subsidios del gobierno y el déficit fiscal, y cuya fuente se tomaría del presupuesto, calculándolo como proporción del PIB y el salario promedio real en el sector estatal.

Además, pretender dentro de ese escenario que nuestra economía crezca en un 5 por ciento, significa un restablecimiento de los indicadores relativos al turismo y al sector de la construcción, tareas un poco difíciles desde nuestro punto de vista, si tomamos en cuenta que algunos países europeos y latinoamericanos están promoviendo el turismo a nivel local.

El índice de política monetaria incluye el dinero circulante y las cuentas de ahorro en pesos como proporción del PIB, el índice de precios al consumidor en pesos y la tasa de cambio en relación con el dólar. Es una constante factible que los índices tiendan a moverse juntos en el mediano y largo plazo, reflejando la dependencia de la política monetaria a la política fiscal debido al mecanismo de financiamiento de los déficits fiscales mediante emisión de dinero por parte del Banco Central.

Ambos índices tuvieron un pico expansivo a principios de los años recientes, cuando el déficit fiscal alcanzó el 9% del PIB y aunque el Banco Central no la refleja, la inflación se disparó en unos dígitos y en los mercados el peso se ha venido depreciando. Lo anterior, nos hace recordar el ajuste macroeconómico de los años 1984 y 1985 a partir de la entonces llamada medidas de saneamiento financiero. Luego se distingue un período de deterioro de la estabilidad fiscal y monetaria.

En el esquema de política monetaria diseñada tras la dolarización de los bienes y servicios dejando sin dolarizar los salarios, lo que ha producido un aumento de la desigualdad social y por ende de la pobreza y los llamados incrementos significativos del gasto público en programas sociales, se combinaron para conducir la política fiscal hacia una nueva senda expansiva desde 2000, que terminó enfrentando la crisis financiera en 2008 y 2009. Sin embargo, desde 2016 tanto la política fiscal como la monetaria otra vez derivan hacia posturas notablemente expansivas.

Se puede considerar normal y beneficioso para cualquier economía que las políticas macroeconómicas transiten por ciclos de expansión y contracción siempre y cuando se respeten determinados límites que garanticen la estabilidad macroeconómica. En el caso nuestro, las principales lecciones aprendidas pueden extraerse de la trayectoria de los índices de política fiscal y política monetaria, ya que ha reducido la tasa de interés sin estar acompañada por reducciones de la tasa de interés activa y más bien reducción de la pasiva penalizando a los ahorrantes.

Antes de la llegada de la Covid-19 las políticas fiscales y monetarias venían expandiéndose para suavizar los impactos de la política de clientelismo adoptada por el gobierno anterior. Por lo tanto, son muy estrechos los espacios que en 2020 tienen las políticas macroeconómicas para acomodarse a las necesidades de la compleja situación económica sin provocar una aceleración de la inflación. Desde el presupuesto del Estado es poco lo que puede hacerse para incrementar los subsidios a las familias y fomentar la inversión sin que ello añada riesgos a la estabilidad monetaria.

Que se hayan agotado las posibilidades macroeconómicas para hacerle frente a este nuevo choque de enormes proporciones, es más alarmante en una economía cuyo único interés es acudir a un acceso fácil a los mercados internacionales de capitales sin haber definido una regla fiscal dentro de un marco de mediano plazo, que a pesar de ser miembro de las principales instituciones financieras multilaterales, no constituyan la prioridad en cuanto al logro de financiamiento en condiciones más favorables.

Sin bien es preocupante la tendencia expansiva de las políticas macroeconómicas, que han superado las del 2019, aún se advierten desbalances fiscales durante los primeros meses del año. Pero falta ver qué sucede en el 2020. Consideramos que es probable que el déficit fiscal vuelva a aumentar. Las informaciones de las instituciones multilaterales como la CEPAL, revelan para este año significativos aumentos de precios, una depreciación del peso y un crecimiento cero. Por un lado, significativos aumentos de precios y al mismo tiempo la depreciación del peso es un síntoma de inflación reprimida.

Debido a la caída que se debe producir en los ingresos al presupuesto del Estado, en medio de la actual recesión, no es necesariamente una prioridad ampliar el mercado de los bonos públicos. Para sostener un alto déficit fiscal sin añadir más presión a la inflación, otra opción es en lugar de emitir más bonos públicos. Los Ministerios de Finanzas y de Economía aún no han anunciado cual es la política económica y social que llevará a cabo el gobierno y como pretende financiarla. Lo único que se ha anunciado es que la prioridad mayor la tiene el sector salud, a fin de enfrentar el coronavirus y las promesas anunciadas por el presidente Abinader en la ciudad de Santiago.

Las veces que se ha decidido aplicar los requerimientos del Consenso de Washington, dolarizando parcialmente la economía, ha sido después de notables y sustanciales desbalances fiscales y monetarios tras excesivas posturas expansivas en las políticas macroeconómicas. Esos desbalances terminaron afectando la credibilidad del peso como sucedió por ejemplo en la Argentina recientemente y en México en la década de los noventas. En estas circunstancias, las familias comienzan a preferir ahorrar y operar en monedas extranjeras. En el sistema empresarial, cuando la moneda nacional se desvaloriza aumenta el costo de pagar deudas en divisas e importar insumos y se entorpece el funcionamiento del comercio exterior y de todo el aparato productivo. En respuesta, se utiliza el dólar para aislar algunos subsectores que reflejan ciertas distorsiones, buscando generar recursos externos en el corto plazo. Se acude a un sistema dual en el que unas empresas florecen, mientras otras languidecen sin garantizar un crecimiento económico inclusivo y sostenible en el largo plazo. A lo anterior habría que agregar que el aumento de la desigualdad social y por ende de la pobreza se debe en gran medida porque la dolarización de los bienes y servicios se llevó a cabo en contra de la clase trabajadora al no dolarizar los salarios.

Guillermo A. Rivera R, Ph.D.

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