Economía de la Guerra

Por Jorge Eligio Mendez martes 24 de marzo, 2020

Jacques Attali,  reputado intelectual francés, quien fuera Asesor (1981-1991) del Presidente de Francia François Mitterrand y Fundador del Banco Europeo, muestra su preocupación ante la oscilación pendular de declive que presenta la macroeconomía mundial, con efectos desbastadores en la microempresarialidad y emprendimientos.

Jacques Attali ha  acuñado la Teoría de la “Economía de Guerra” dentro del nuevo contexto del escenario de flagelación financiera internacional y su impacto en el tejido del ecosistema empresarial.

Ante la compleja pandemia del Coronavirus, el resorte de la Geopolítica toma nuevo giro por su virtual amenaza sobre la persona humana, sin importar categoría social, étnica, política, económica, religiosa, etc.

Frente a la infectación del Coronavirus se hace virtual la afectación severa del desarrollo económico y con ello una sensible reducción de los indicadores del Producto Interno Bruto (PIB) al interior de las economías de los países; siendo la laceración más latente en aquellos Estados donde el índice de pobreza es más extremo.

Estamos en el pórtico de una crisis catastrófica desafiante para la humanidad que en espíritu trashumante lleva a la Ciencia a hurgar soluciones emergentes desde la industria farmacéutica.

Jacques Attali expresa que hay que “.. convencer a las autoridades del mundo entero para poder afrontar con garantías de éxito el descomunal desafío del coronavirus, superarlo y aliviar la vida de millones de personas, que deben colocarse “en modo de Economía de Guerra”.

“… Ponerse en Economía de Guerra es …. fabricar respiradores y máscaras como habríamos fabricado aviones o cañones”.

Hay que concentrarse en lo esencial para llegar a “una economía que permita enfrentar un peligro mortal”.

Hay que ir en defensa de la humanidad ante el enemigo invisible que lleva al “distanciamiento social”, al confinamiento de la persona humana.

La táctica de guerra ante epidemia o pandemia que aleja hasta de lo afectivo conlleva estrategia urgente que priorice la producción farmacológica por la salud, para la efectiva alimentación y profilaxis.

Con salubridad amenazada no hay economía sustentable.

Con régimen sanitario colapsado no hay economía sostenible.

Con sistema inmunológico deprimente no vale producir porque hay limitaciones para desplazar a otros mercados bienes, productos o servicios.

Hoy hay que reorientar la  Bioética y con ello cambiar la forma de pensar hacia la “Economía de la Guerra”; anclada en “… producir equipos, máscaras, gel, respiradores…” para protegerse del Coronavirus.

Hay que fabricar lo que ayude a proteger la vida; no lo que destruya la vida.

El psicoterror que vive la humanidad es muy gravoso. El sistema inmunológico de la persona se deprime con asombrosa consistencia como producto de la sobrecarga de stress que produce el miedo.

La mutación genética maquinada resultante en Coronavirus es un bioterrorismo superior a la “Guerra del Diamante Negro”, a la “Guerra Armamentista”.

Todo va hacia una tecnología persuasiva para manipular con el Coronavirus hasta el poder político y financiero.

Se vive el “Verano del Tiburón” de la serie de comedia estadounidense “The Simpsonses”,  animación creada por Matt Groening.

“Hoy se vive en la Economía del Miedo”.  Las empresas colapsan, la seguridad social se debilita.

Los ejercicios se exponen a diezmarse. Más que pensar en disparar sus armas, se procura su distanciamiento para ponerlos a fabricar máscaras, guantes, respiradores; a construir hospitales de emergencia para el aislamiento de bioinfestados.

Con el Coronavirus se hace “Guerra a la Fe”, “Guerra a Religiosidad”, “Guerra a Fecundidad Artística”, “Guerra a Industria Deportiva”.

Con ello se reafirma el imperio farmacológico como capital económico y financiero predominante, aunque sea a costa del genocidio humano.

Detrás de la “Economía de la Guerra” hay todo un complejo entramado que comienza para la ruptura de paradigmas.

Lo confirma el ensayo el 18 de octubre del 2019 en New York, donde se celebró el Evento 201, organizado por el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, en conjunto con el Foro Económico Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates.

Grandes interrogantes surgen:

Por qué fue realizado el Ensayo de riesgos y efectos del eventual brote global?

Sabían los organismos y actores participantes del evento sobre la pandemia actual y los estragos desencadenantes en enfermedades, muertes, estragos económicos y sociales?

La severa estrategia es obra de eslabones consensuados entre líderes mundiales de negocios, gobierno y salud pública?

Ese simulacro pandémico de alto nivel forma parte de las  “alianzas público/privadas” tan boga en la actualidad?

Hay desafíos sin respuestas frente a episodios potencialmente perjudiciales para la salud, la economía y la sociedad.

No es cuestión de mito. El Centro Johns Hopkins, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates, junto a los 15 líderes mundiales de negocios, gobierno y salud pública participantes  del Simulacro de Nueva York en el “Evento 201”, “lo hicieron sobre el brote de nuevo Coronavirus transmitido de murciélagos a cerdos y de éstos a personas”, lo “que eventualmente se vuelve eficientemente transmisible de persona a persona, lo que deriva en una pandemia severa”.

El patógeno del Coronavirus es un arma biológica que merma la población, con dirección transmisible con mayor daño en comunidades deprimidas y personas más vulnerables.

“La enfermedad simulada “comienza en granjas porcinas en Brasil, de manera silenciosa y lenta al principio, pero luego comienza a propagarse más rápidamente en entornos de atención médica”. “Cuando comienza a extenderse eficientemente de persona a persona en los barrios de bajos ingresos y densamente poblados de algunas de las megaciudades de América del Sur, la epidemia explota. Primero se exporta por transporte aéreo a Portugal, Estados Unidos y China, y luego a muchos otros países. Aunque al principio algunos países pueden controlarlo, continúa extendiéndose y reintroduciéndose, y eventualmente ningún país puede mantener el control”.

La propagación del virus sigue su agitado curso, con subsecuente muertes.

La espera de producción de vacunas desespera; mientras la economía mundial se mantiene en cuidado intensivo.

*El autor es Abogado, Catedrático, Juez Suplente del Tribunal Superior Electoral, y Administrador General de CoopHerrera.

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