Economía Circular: El nuevo paradigma de gestión de la ciudad.

Por Sandy Saviñón viernes 11 de enero, 2019

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El concepto de la economía circular cada día está más presente en nuestra sociedad, presencia que viene adherida a la necesidad latente de un nuevo modelo de gestión de los desechos, pues ya la basura no es inusual sino que su uso varía de acuerdo a la tendencia de generación de residuos. Esta tendencia hoy en día supera la capacidad de gestión y almacenaje de la misma debido al consumo y a los ingresos de nivel medio, medio alto y alto que son los que sostienen mayores niveles de generación per capita, dígase la clase media y alta.

De acuerdo a un estudio realizado en el 2012 por el Banco Mundial, en el 2010 los niveles de generación mundial de residuos sólidos urbanos eran aproximadamente de 1,300 millones de toneladas por año, y se proyecta un aumento aproximadamente a 2,200 millones de toneladas por año para el 2025, lo que a su vez refleja una tasa de generación de desechos de 1.2 a 1.42 kg por persona por día.

Pero, ¿Qué es la economía circular?, ¿Qué es este nuevo modelo que plantea convertir aquello que desechamos en nuevos recursos y a su vez remodelar la ciudad a través de una gestión inteligente?

 

La Economía Circular y la gestión inteligente de la ciudad.

La economía circular es una nueva forma de entender la sociedad y la economía desde una perspectiva más innovadora. Se trata de un nuevo sistema de producción y crecimiento económico basado en los principios básicos de la naturaleza, procurando reutilizar o reciclar los materiales y residuos que generamos para crear nuevas materias primas.

De tal forma, se cierra el ciclo de los productos ingresándolos al mercado nuevamente, dándoles una segunda vida y marchando hacia el desarrollo sostenible.

El origen del concepto no se remonta a una fecha en particular o un único autor, sino que obedece a distintas escuelas de pensamiento que en la década de los 60’s en adelante comenzaron a tener impulso y a ser aplicados en procesos industriales por algunas empresas, gracias a un grupo de académicos eruditos y líderes del pensamiento. Tales aportes constan en las investigaciones como la del arquitecto y economista Walter Stahel en 1976 sobre economía del rendimiento; la tesis de diseño regenerativo de John T. Lyle; o conceptos como el de economía azul impulsada por Gunter Pauli.

Naturalmente el concepto ha ido prefecionándose y desarrollándose en el tiempo hasta llegar a una configuración más congruente. Verbigracia: La conferencista Ellen MacArthur (quien a través de su  Fundación Ellen MacArthur, organización benéfica que trabaja con empresas y educación para acelerar la transición a una economía circular), nos ofrece una de las mejores definiciones del concepto: “La economía circular es un sistema económico que se basa en modelos de negocio que sustituyen el concepto de “fin de vida” por la reducción, reutilización, reciclaje y recuperación de materiales en procesos de producción/ distribución y consumo, operando
así a nivel micro (productos, empresas, consumidores), nivel meso (parques eco-industriales) y nivel macro (ciudad, región, nación y más), con el objetivo de lograr un desarrollo sostenible, que implica crear calidad ambiental, prosperidad económica y la equidad social, en beneficio de las generaciones actuales y futuras”.

La economía circular se basa en tres principios clave, que son la regeneración, optimización y compartición, cada uno de los cuales aborda
varios de los retos en términos de recursos y del sistema a los que han de hacer frente las economías industriales y las sociedades en vías de desarrollo.

No obstante, más allá del reciclaje y demás principios, el modelo circular interfiere ampliamente en el proceso de gestión de la ciudad ya que determina los modelos de consumo de los ciudadanos desde una perspectiva ambiental, la cual desincentiva el consumismo tradicional imperativo, cual lamentablemente forma parte de la vorágine de la sociedad moderna.

También el modelo circular facilita la creación de empleos a través de la re-fabricación Industrial de productos. Una economía circular busca reconstruir capital, ya sea financiero, manufacturado, humano, social o natural garantizando así varios flujos mejorados de bienes y servicios.

Estos servicios se aplican dentro del marco conceptual de la economía colaborativa o consumo colaborativo, concepto que tiene amplia vinculación con la economía circular que en otra ocasión abordaremos.

Repensar y rediseñar la forma en la que producimos, consumimos y reciclamos debe ser la base filosófica del activismo político moderno, ya que no hay problema social que tenga un efecto individual.

A todos nos afecta los problemas ambientales causados por nosotros mismos, la contaminación de nuestros ríos y mares y ni hablar de la cantidad de plásticos que nos inunda en la ciudad de Santo Domingo, motivación por lo cual hemos realizado una propuesta denominada “Eco Parqueo” consistente en reducir la cantidad de pasticos de las calles y reciclarlo a través de maquinas en los parqueos privados y públicos y que estas emitan un ticket que exonere al ciudadano del pago del parqueo.

Según los últimos estudios de la fundación Ellen MacArthur actualmente el 95% del material de embalaje de plástico tiene un valor de 80 a 120 mil millones de dólares anuales que se pierden después de una corta utilización. Cifra que seguirá en aumento ya que desde el año 1964 la producción de plásticos se ha multiplicado por veinte, alcanzando 311 millones de toneladas en 2014 y se estima que la producción de plásticos se duplique en 20 años y se triplique para 2050.

Evolucionar de una economía lineal a la circular es un reto de todos y en particular de nosotros los políticos que son y serán en el futuro los encargados de liderar los cambios sociales del porvenir.

En definitiva, luego de varios años estudiando intensamente el tema, llego a la conclusión de que tenemos mucho camino por recorrer, pero la transformación hacia la económica circular es irrefrenable. La Economía Circular es el camino, no el destino.

Si tan solo nos detuviéramos a pensar en una economía que usara  las cosas en lugar de agotarlas, quizás empecemos a desobstruir nuestros oídos y escuchar la voz de la naturaleza que nos llama. Pues como diría Víctor Hugo: “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha”.

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