Duarte abnegado y desprendido

Por Francisco Rafael Guzmán

Talvez pocos dominicanos piensen o han sabido pensar en el desinterés y la abnegación puesta en práctica por Juan Pablo Duarte Diez en la Causa Febrerista, pero lamentablemente así parece ser. Yerran quienes piensan que lo militar en toda gran epopeya está por encima de lo político y de la consumación del cambio social, nada más absurdo, pues quienes así piensan creen que la violencia es un fin en sí mismo, cuando en realidad es un medio para alcanzar el fin.

Se puede decir que son babiecas, sandios, papanatas o lerdos, quienes pretenden atribuirles grandes méritos Santana, porque impuso sus órdenes en el plano militar al contar con un ejército clientelar producto del vínculo con la propiedad terrateniente (hatera). No obedecían sus órdenes porque tuviera una gran autoridad moral, era un gran propietario al que sus súbditos, quienes trabajaban en sus heredades, se sentían obligados a formar parte de sus tropas y cumplir las órdenes que ese caudillo exigía fueran cumplidas. Eso es tener poder, pero no es lo mismo que tener autoridad, ya que las tropas se sentían obligadas a obedecerle.

Duarte fue todo un abnegado y desprendido con la causa independentista, pero el poder de un déspota separatista oportunista que representaba, no las aspiraciones de una sociedad auténticamente democrática, sino una caricatura de democracia como la que tenemos y hemos tenido, lo cual representaba Pedro Santana. Santana con la fuerza lo obligó a salir del territorio dominicano, pero no lo humilló porque la dignidad de Duarte estaba por encima del poder de Santana.

No fue tratado como debió serlo ni siquiera por los Restauradores. ¿Qué pena que así haya sido? Olvidado murió Duarte en el ostracismo largo que vivió en Venezuela; antes de morir, cuando viene al país, pretendiendo integrarse a la causa restauradora de la soberanía, fue tratado no como un héroe, como debieron tratarlo los restauradores.

Sin embargo, por las conductas personales y por sus historiales, podemos decir que algunos dominicanos han interpretado tal abnegación y desprendimiento, algunos de ellos han muerto (Manuel Aurelio Tavarez Justo, Juan Bosch, Rafael Tomas Fernández Domínguez, Francis Caamaño y Juan Miguel Román, entre otros) y otros aún viven (Luis Gómez Pérez, Narciso Issa, Roberto Cassa y Raúl Pérez Pena, entre otros). Da pena ver, como algún que otro intelectual dominicano se haya puesto a denostar a Duarte, tirando al suelo la necesidad de reconocerle su sacrificio por la causa de la soberanía dominicana.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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