Dr. John Woods…un doctor de OrAcción

Por Martha Butler de Lister

Reclinaba su cabeza contra la ventana de pasajero del auto y con su mano cubría su cara. Pulgar en la mejilla y dedo índice en la frente…parecía absorto en profundos pensamientos. Sus 72 años parecían pesarle. Imaginé que se dormía.

Al cabo de unas cuadras aun mantenía la posición y yo…yo me inquietaba. John…te sientes bien? Quieres ir a casa? Y levantaba lentamente el rostro y me decía “Tranquila…solo estoy orando” Recuerda…”hay que orar sin cesar”.

Confieso que se me dificultaba entenderlo en ese momento. Yo creía que con ir a la iglesia par de veces a la semana y una breve oración presentando el día tras leer un devocional de “5 minutos con Dios” ….aaah y el dar gracias por los alimentos…eso era suficiente. O por lo menos… eso creía entonces.

El Dr. John Woods vino hace más de una década en varias ocasiones…venía con sus maletas llenas. Llenas de material gastable e instrumentos quirúrgicos, más unas cuantas libras de amor incondicional y una tonelada de vocación de servicio y entusiasmo.

Era para esos años, un cirujano reconstructivo famoso de la Mayo Clinic, que hacía misiones a países con gente en necesidad de cirugías simples y liberadoras, como las del paladar hendido y labio leporino. Aunque ese era el plan…al ver otras necesidades operamos a niños con otras condiciones que el manejaba con maestría impresionante.
De John aprendí que si tus talentos no están al servicio de los demás, más te valdría no tenerlos. Aprendí que en una maleta te cabe la vida y que el toque amoroso de un médico sana más que un bisturí.

No me mal entiendan… el Dr. Woods aplicó todas sus destrezas para liberar niños de adherencias, bridas y cicatrices post quemaduras. En complicidad con doctores de acá y en los quirófanos de centros importantes retornó las sonrisas a niños olvidados y marginados.

Un día trajo “coro” …al Dr. Michael ?…un neurocirujano con una sonrisa angelical y unas manos de araña. “Los muchachos” como les apodamos con cariño, se levantaban a las 5 de la madrugada a caminar, porque “para servir a Dios…hay que estar en forma”. Empezaba su día.

Comían poco y temprano…dormían lo necesario y John …John…
ORABA TODO EL TIEMPO!!

No se qué ha sido de el, pues entendió que aquí había suficientes cirujanos y condiciones para que los dominicanos ayudaran a los dominicanos. Seguro siguió su camino a otros pueblos con más necesidad.

Tengo la certeza de que un día le vere de nuevo del otro lado…su sonrisa y seguridad en sí mismo serán familiares. Sé, sin duda alguna, que le encontraré orando y adorando a Dios.

Por: Martha Butler de Lister

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