Dos culturas de miedo oblicuamente opuestas

Por Román Polanco viernes 28 de abril, 2017

La República Dominicana se ha manejado antojadizamente, de forma tradicional, cosa que no le ha permitido levantar cabeza por varios siglos, todo lo que se trata sale mal o, igual deficiente. El hombre ha decidido buscar, a cualquier riesgo, una aventura nueva que nos saque del atolladero: MARCHA VERDE-, creemos, como un milagro, que este experimento social podría tener su propia aventura. Darle vida propia al país y sacarlo del cajón de basura en que los políticos le mantienen debe ser propósito. MARCHA VERDE trajo ilusión y algunos códigos sin dictaduras organizativas hilando consciente y despacio su propia sabana verde. La verdadera batalla está en la organización y encuentro de esa cultura social cumulo de experiencias hibridas de sectores empobrecidos a propósito.

El espectáculo de la marcha verde no se detiene, esto ha puesto al pueblo en lugar de un ciego enamorado cuando quiere ver la aurora; no hay forma de hacerle entender a los organizadores que necesitamos objetivos, pero saber el sabor de la sopa hay que esperar que escalde -ellos son los dueños del caldero-. Si estamos preparando al pueblo para una verdadera revolución me siento a esperar que el país llegue a la banca rota.

Difícil situación cuando un pueblo sin libertad y en el fango quiere moralidad y responsabilidad en el manejo de la cosa pública. Para tener libertad se necesita responsabilidad; el pueblo no está siendo responsable cuando deja que se haga lo que le venga en gana a los gobernantes.

Estamos viviendo en un siglo compartido con el pasado y sin embargo el convencionalismo de las ideas parece haber muerto por disentería. Sabemos que los resultados de progreso han sido personalizados y el engaño es tan grande que eso no lo podrán resarcir nunca. Ahora resulta que los pueblos y sus gentes tienen los mismos derechos en papel, no en la realidad. Ese asunto tiene que ser parte de la reingeniería constitucional que rige a los humanos, vencer el miedo es una necesidad.

Antes entendíamos que el gobierno que nosotros elegíamos democráticamente, era el que pautaba esa cuota de dignidad que corresponde a las futuras generaciones y que es responsabilidad nuestra poner en marcha. Hoy, en la práctica, vemos que la codicia se apropia de lo nuestro y lo que pertenece a las futuras generaciones con un descaro tan vulgar como eficiente. Este nauseabundo mundo que nos ha tocado compartir con gente que son indeseables, no merece llamarse mundo.

Esas organizaciones que trafican o trabajan a tiempo completo para surtir su ego despiadado, son parte de un engranaje que al parecer es universal (Leonel y Maduro), esa combinación no debería aplicar, pero bueno, ellos se juntan, cada cierto tiempo, como epidemia proporcionada por la natura.

Lo peor es compartir culturas opuestas con el desorden radicalmente deficiente de ambas partes, ellos para manejar cosas a su antojo; nosotros por no poder impedirlo. Surge entonces el complejo del miedo frente a la guapeza emocional; que es otro tipo de miedo oculto que se manifiesta sin control en momentos determinados amarrado por las emociones. Corregir esa espontaneidad es materialmente imposible. Esta refriega proviene de forma inconsciente como producto de una crianza maquiavélica donde la educación no ha podido penetrar y si hubo un intento serio recibió rechazo.

Atención pueblo: el gobierno podría ser sometido a la justicia por crímenes de Estado: cuando matan por una cartera, celular, robo o, por drogas y esas muertes implican un gobierno cómplice.

 

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