¡Donde dije digo, digo Diego!

Por Jesús M. Guerrero lunes 3 de julio, 2017

Durante el agitado transcurso de la semana pasada y al inicio de este septenario; se ha hecho de conocimiento público; que el empresario o sindicalista del transporte Blas Peralta reconoció su culpabilidad en el acto criminal de segar la vida del maestro Aquino Febrillet y penosamente lo tilda de error.

Se publicó una carta en varios periódicos matutinos de circulación nacional, donde mendiga el perdón de la familia del hoy occiso y a la sociedad. Alegando que no actuó con odio ni intención; aspirando ser juzgado sin resentimiento y sacando a relucir la ausencia de abolengo en su existencia.

¡Que tupe!; no es que será condenado con resentimiento, todo lo contrario será condenado acorde al daño que causó a la familia de Mateo Aquino Febrillet. Ahora se quiere proyectar como víctima de las circunstancias tratando de verle la cara de idiota al Poder Judicial y burlarse del país. Suplica la clemencia que nunca ha dado y que ni su significado recordó al momento de perseguir con intención de dar muerte al que primero, lo acusó y luego mágicamente se retractó, Edwar Montás.

Tuvo que fracasar el exrector de la UASD, para que los dominicanos pudiésemos descansar del azote abusivo que personificó este señor que en el accionar de su vida no ha sabido dar misericordia y hoy la pide tal cual un manso corderito.

Le solicita a la familia que olvide pura y simplemente; que él destrozó con sus acción delincuencial su núcleo familiar; al abrir fuego sin reparo alguno contra el vehículo en el que se desplazaba su víctima que nada tenía que ver con su riña con el amargamente célebre que anteriormente mencionamos.

Es bueno ver su arrepentimiento y cuando inmediatamente se esparció la noticia de lo ocurrido, lo negó rotundamente; sin importar las grabaciones y los elementos de pruebas que su defensa técnica no pudo rebatir ni demostrar duda razonable alguna. Hoy da un paso hacia resarcir su hecho punible, el segundo paso es cumplir con la condena que le debe ser impuesta y ahí a partir de ese momento tal vez pueda conseguir el perdón que hoy con tanto ahínco implora.

La viuda de Aquino Febrillet dijo de manera responsable: “Primero que lo perdone Dios, segundo que él cumpla los 30 años y después yo lo perdono, pero que pague primero.” Es recomendable que pida su perdón cuando haya resarcido el daño con su tiempo en prisión; cumpla su condena con estoico silencio y tal vez este país considere verlo de otra forma.

Para lograr corregir y cambiar la percepción que usted mismo ha creado; le remito una frase lapidaria que me dijera un profesor hace unos años, cito: “Para corregir una mala acción, se deben hacer mil buenas y así reparar el acto indebido.”

Tanto cerrarse a la banda pregonando su inocencia, para al final tratar de sacar provecho de su temor a decir la verdad huyendo de la condena que deberá caer sobre usted; para tener el tan anhelado perdón que hoy ruega. Tal cual reza el argot popular, donde dije digo, digo diego. No incurra en el cinismo de decir que usted es la víctima; las víctimas son Aquino Febrillet y su familia.

Creo prudente esta frase del poeta Quinto Horacio Flaco, cito: “La justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera.”

 

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