Doña Rosa Gómez de Mejía

Por Alfredo García

Doña Rosa Gómez de Mejía ha dejado tras de sí una estela de amor, paz y bienestar que serán inolvidables por quienes fueron impactados por su carácter humilde y digna forma de ser.

El cariño inspirado por sus acciones habla mucho más y mejor que cualquier semblanza que se pueda hacer a la ex primera dama.

Y es que partiendo del lenguaje de los hechos, la doña dejó una familia la cual todo el mundo coincide en definir como ejemplar, dada la unión inquebrantable que tiene como estandarte.

Además de inculcar el valor de la unión a la familia, también enseñó la importancia del amor, la discreción y la humildad, dado que los Mejía Gómez viven sin aspavientos y con una vocación de servicio más allá de toda duda, que se evidencia en el trato afable y franco de cada uno de sus miembros.

Como primera dama, Doña Rosa, se caracterizó por la prudencia y el buen manejo, totalmente alejada de los escándalos y de los reflectores, salvo cuando era estrictamente necesaria su participación como esposa de un jefe de Estado.

Como madre, el accionar de sus hijos Ramón Hipólito, Carolina, Felipe y Lissa, habla por sí sólo del trabajo que hizo, pues a todas luces su prole es gente de bien y sin cuestionamiento alguno en lo moral, empresarial y familiar.

Hasta los adversarios políticos de su marido, expresaron el pésame a la familia Mejía con sumo respeto al tiempo que ponderan las bondades humanas que adornaban a Doña Rosa, relatando una que otra experiencia agradable compartida con ella.

Pues no se recuerda que tuviera desavenencias públicas con nadie dada la mesura con que se conducía la ex primera dama en todos los niveles de su vida.

En ella se ajustaba aquello de vivir una vida para aportar ya que muchas familias eran impactadas por sus ayudas, sin que terceros supieran de ello, aplicando de manera acertada, el refrán de que lo que haga tu mano derecha que no lo sepa tu mano izquierda.

Durante su paso por la vida pública nos dejó como legado, El Museo Infantil Trampolín, donde materializó su gran deseo por aportar a la educación con un proyecto innovador, para niños de 04 a 12 donde se le estimula y despierta la curiosidad por el conocimiento.

Dentro de la gran tristeza, la familia Mejía Gómez debe sentirse muy satisfecha y orgullosa con la estampa dejada por su matriarca, pues pocas personas parten de este mundo con una impronta de amor y respeto reconocida por todos los estamentos de la sociedad dominicana, y ello se debió a que Doña Rosa Gómez, nunca le hizo daño a nadie.

Por Alfredo García

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