¡Dominicanos! Como la cigarra ante coronavirus

Por Jonathan Cabrera viernes 27 de marzo, 2020

Tantas veces me mataron
tantas veces me morí
sin embargo, estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me trato tan mal
y seguí cantando.

Tantas veces me borraron
tantas desaparecí
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la última vez
y volví cantando.

Tantas veces me mataron
tantas resucitaras
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Poema de Maria Elena Walsh (1930)

Este hermoso poema que da introducción a este artículo lo vocalizó Mercedes Sosa de forma magistral.
La humanidad pasa por una prueba dura, dolorosa. No solo la solidaridad ayudaría a superar esta crisis de salud que se llevará de cuajo la economía mundial; sino con la unidad de todos para superar esta terrible adversidad que ha creado el coronavirus.
Los dominicanos estamos puestos a prueba ante esta pandemia del COVI-19 que apenas comienza en nuestro país, y que nos convoca a estar unidos, dispuestos a cambiar hábitos que seguro impactaran nuestras vidas en lo adelante.
Pero la naturaleza nos da ejemplos sabios que podemos emular. Es el caso de la cigarra (Chicharra como le llamamos los dominicanos). No la que hiciera famosa Jean de la Fontaine, que nos narraba una perezosa que cantaba mientras la hormiga trabajaba durante todo el verano para tener avituallamiento para el invierno.
La cierto es que la cigarra, antes de ver la luz tiene que vivir 18 años enterrada madurando sus órganos en un oscuro espacio con paciencia. Cuando la madre cigarra pare, sus crías hacen sus propios túneles donde permanecen todo este tiempo antes de ver el primer verano de sus vidas y nosotros poder escuchar ese sonido potente.
Hoy, el coronavirus nos obliga a actuar como la cigarra, no solo por instinto de supervivencia, sino por responsabilidad social, con los nuestros, con nosotros. Quedarnos en casa ayuda a romper la cadena de contagio local, fase crítica de una pandemia.
La hora del dolor generalizado no ha llegado aún, pero pende sobre nuestras cabezas. Espero en Dios que no llegue el momento en que no podamos acompañar a nuestros enfermos o despedir a nuestros deudos, quedando ese dolor para siempre en nuestros corazones.
Este momento histórico llama a la integración, a la responsabilidad individual y colectiva. Todos podemos aportar para combatir y vencer este virus mortal. En la guerra no hay lunes. Aislándonos en nuestras casas ayudamos a todo el personal del servicio salud, evitando el colapso del sistema por el desborde de personas con síntomas o afectadas.
El escenario actual convoca al liderazgo empresarial y sindical a actuar de frente al delicado momento para evitar la pérdida de empleos y la especulación con los artículos de primera necesidad. Tan solo estos dos factores lanzarían las personas a las calles a buscar sustento familiar aumentando las probabilidades de contagio. Las autoridades han implementado medidas que van en auxilio directo de las pequeñas empresas y no dejar en el desamparo a ese gran número de trabajadores informales.
Todos los acontecimientos nos configuran un panorama global y local complejo cuyas consecuencias terribles superarán con creces la crisis bancaria nacional del año 2004 y la crisis financiera mundial del 2008.
Los dominicanos hemos pasado por muchas pruebas a lo largo de nuestra historia, y también hemos demostrado ser un pueblo resiliente.
De manera que hoy aprendamos de los dos insectos de la fábula: guarecernos en nuestras casas como la cigarra y luego trabajar duro como las hormigas
Dos palabras quiero recalcar al finalizar: unidad y solidaridad.

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