Dominicana: una finca para dos políticos. ¿Por qué?

Por Manuel Hernández Villeta lunes 2 de enero, 2017

Sí, solamente dos de los que ejercen esa disciplina a nivel local, están en capacidad, según se infiere, de administrar este pedazo de tierra caribeña: Leonel Fernández y Danilo Medina, con sus respectivos séquitos. ¡Qué gran equivocación!

Es lo que tantos dizque discípulos del gran maestro se creen; al igual que, los arribistas y lambones de nuevo cuño, que viven proclamándoles a diario, y que han querido venderle esa ida a esta “atolondrada” sociedad, en gran parte.

No hace mucho que el primero aseveró ante la prensa local, que los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) habían resultado como una especie de milagros para el país. ( Milagro: “Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”). Diccionario de la Lengua Española (Vigesimosegunda edición), ¡Qué bueno es hablar para el que no sabe! ¿En qué se parecen sus ejecutorias?

La verdad es que, no se sabe cuáles son esos, pensando en la verdadera significación del término; a menos que, se entiendan, incorrectamente como tales: patrocinar la penetración cultural que se ha llevado de encuentro la identidad, y gran parte de la idiosincrasia de los dominicanos, como también el amor y la defensa de otrora hacia sus símbolos patrios.

Además, el hipotecar, y endeudar la nación hasta la coronilla, alcanzándose ya niveles de compromisos con el exterior que resultan alarmantes, e impagables, lo que habrá de poner en riesgo, en no muy largo plazo, hasta la soberanía del país.

En adición enajenar, por venta, o arrendamiento, una gran porción del patrimonio nacional, tanto a intereses foráneo, como a grupos de avaros locales, en connivencia con los sectores políticos regentes, a cambio de una co-participación, o recibir “la ración del boa”, como dice.

El último escándalo destapado en tal sentido, y asociado con esa gestión de gobierno (PLD), lo ha sido el conocimiento público de la venta de los terrenos correspondientes al sector “Los Tres Brazo”, en la zona oriental del país, ocupados todos por humildes ciudadanos, a un precio irrisorio el metro de tierra, en el año 2010, para ahora venir a explotar a los habitantes allí cautivos, exigiéndoles pagar dineros que desbordan su frágil capacidad económica.

Pero además está, entre otras cosas, como “prenda” de gran recordación para los dominicanos, la famosa capitalización del sector eléctrico nacional, como sofisma utilizado, siendo más bien el traspaso de un servicio público imprescindible, a manos de inversionistas privados, en franco maridaje con los políticos gobernantes de turno.

Se puso al pueblo a pagar la tarifa más elevada de toda el área del Caribe, la cual aún se mantiene, con una serie de prerrogativas adicionales, favorables solo a los explotadores inversionistas, al amparo de la famosa Ley de Electricidad, 125-01, en parte, sus reglamentos, y modificaciones posteriores, como la intervención, o supervisión del elefante blanco que les defiende, la Superintendencia de Electricidad, y las dependencias adscritas.

¡Y ese” marchante” quiere volver! Parece ser creencia de ese señor, que toda nuestra población ha perdido la memoria; que muchas de sus ejecutorias desfavorables para el país se han puesto ya en el olvido; como, las burlas de todos aquellos “chancletudos”, que apenas podían andar en carros “Lada”, o de los denominados “Cepillos”, cuando no en motores, que se hicieron multimillonarios bajo la sombra de su gobierno, y un manto de impunidad increíble, deshonrando la memoria del gran maestro:

Dijo el único, y gran líder dentro de la organización morada: “Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral”, (1982.) ¿Y qué ha pasado?

El otro administrador heredero, se entiende se ha limitado a seguir el mismo patrón gobernante de su antecesor morado. Incluso, se percibe ahora una actitud “corruptista” mayor, apañada y blindada judicialmente a todas luces, conjuntamente con una permisividad de grados mayores, en términos delincuencia, criminalidad e inseguridad ciudadana. Es probable que hayamos tenido este fin de año (Navidad y Año Nuevo), la mayor tasa de robos, asaltos y crímenes en la vida nacional.

Y, hasta el injerencismo en asuntos internos de país, se reporta más notable en estos tiempos “danilescos”, intentándose hasta cambiar la idiosincrasia de los dominicanos, como los patrones de conducta consuetudinarios, llegándose al extremo de procurar se acepte el establecimiento de la detestada agenda gay, encabezada por la realización del matrimonio entre personas de un mismo sexo.

Se sigue yendo “pa´lante”; y, nada más se promueve la continuidad en el poder de esos dos falsos líderes, por entenderse que el hacer y deshacer en esta nación, fue una herencia que les dejaron las tres “J” de otrora (Juan, Joaquín, y José Francisco). ¡Craso error!

Muchos hombres aptos y honestos quedan aún en este país, a los que el pueblo debería “enamorar” para que se integren a la política local, y desplacen a toda esta “bandada” de corruptos y antinacionalistas, que han venido saqueando esta nación durante los últimos años. ¡Cuánto dice el caso ODEBRECHT!, entre otros.

Son ciudadanos aquellos, que bien pueden dirigir los destinos nacionales, y que de seguro lo harían bastante mejor, y con mayor pulcritud. Este país no es patrimonio personalizado de nadie. Los que hasta ahora han gobernado a nivel de los tres Estados de la nación, ¡es pa´fuera que deben ir!; y, así procurar evitar las connivencias de estilo, como los maridajes y blindajes políticos.

La concienciación de la población es la que debe imponerse en el orden de lo tratado, y no los embaucamientos acostumbrados por parte de todos estos politiqueros desaprensivos de nuevo cuño, “hombres sin juicio y sin corazón que conspiran contra la salud de la Patria”, como de seguro les calificaría, si pudiera hoy, el patricio más connotado e insigne entre los dominicanos: Juan Pablo Duarte.

Y no esta vez, refiriéndose necesariamente a la invasión de un poder extranjero para dominio de la nación, sino por los desafueros de muchos propios locales, inescrupulosos, en procura solo de enriquecimientos ilícitos desenfrenados, sin rubor alguno.

 

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