Divide y vencerás

Por Jottin Cury hijo

La propuesta de reforma constitucional concebida por las autoridades demuestra la capacidad estratégica del Gobierno.  Resulta cuesta arriba asimilar que, a una distancia de apenas once años, partiendo de la modificación estructural efectuada en 2010, se haya convocado la Asamblea Nacional Revisora en 2015 con la única finalidad de acomodar la reelección del mandatario de turno, y ahora se promueva otra con diversas finalidades: unas visibles y otras ocultas.

Las que saltan a la vista son las que fueron expuestas en el Consejo Económico y Social, entre las que se destacan la independencia del Ministerio Público, la presidencia rotativa en los órganos colegiados, la consolidación de la Cámara de Cuentas y la Contraloría General, entre otras. Conviene puntualizar en cuanto al Ministerio Público, que su independencia no se resuelve sustrayéndole al Poder Ejecutivo su designación para asignársela a otro órgano del Estado, sino procurando que sean escogidos por el voto popular como en otros países.

 

Concebir otra metodología de selección no resolvería el problema, pues en cualquier caso siempre recaería sobre los políticos. Me viene a la memoria cuando el Senado escogía a los jueces, atribución que posteriormente pasó al Consejo Nacional de la Magistratura y, en resumidas cuentas, todo sigue igual.

Al fin y al cabo, son igualmente políticos los senadores y quienes componen el referido Consejo Nacional de la Magistratura, el cual fue reformulado para incorporar al Procurador General y ahora se pretende volver atrás para eliminarlo de ese órgano. Poco importan estos aspectos tan intrascendentes como irrelevantes, toda vez que esas medidas no contribuirán a mejorar el sistema de justicia ni resolverán problema alguno. No pretendamos inventar la fórmula del agua tibia, creyendo que las enmiendas constitucionales tienen efecto taumatúrgico, como bien ha sido señalado en múltiples ocasiones por el magistrado del Tribunal Constitucional español, Pedro González Trevijano.

Si vamos a embarcarnos en una empresa de esta naturaleza, serían múltiples los puntos a considerar, los cuales resultaría prolijo enumerar a fin de no extenderme innecesariamente. Los aspectos visibles expuestos en el Consejo Económico y Social podrían ser catalogados, en el mejor de los casos, como aceptables, pero irrelevantes en estos momentos en que el pueblo dominicano tiene otras prioridades, como el problema haitiano para solo citar un ejemplo.

Ese debió ser el tema central en la referida reunión. Pero volviendo a la modificación constitucional, que sin lugar a dudas contará con el apoyo del PLD, se debe señalar un trasfondo de tipo político que aún no ha sido examinado: me refiero a la desaparición de las disposiciones transitorias de la Carta Sustantiva. Es obvio que cuando sea proclamada la próxima Constitución las referidas disposiciones transitorias no tendrían ninguna razón de permanecer, por lo cual sería suprimida la prohibición prevista al exmandatario que intentó, mediante el uso abusivo de la fuerza, una tercera repostulación contra viento y marea.

¿Resultado final? Estaríamos rehabilitando políticamente a un ignominioso sector que demostró no tener frenos en el ejercicio de la cosa pública. Claro, la estrategia política del Gobierno es comprensible, puesto que estaría repitiendo lo que practicó el PLD durante sus mandatos cuando estimulaba el desmembramiento de sus adversarios. Más claramente, la proyectada enmienda estaría implícitamente añadiendo un ingrediente para profundizar la división de la oposición y así tener el camino despejado en el 2024.

Divide y vencerás es una máxima maquiavélica que indiscutiblemente ha demostrado letal eficacia tanto en la política como en otros ámbitos de la vida. Eso se comprende a pesar de que, a mi juicio, resulta prematuro emprender ese camino, sobre todo cuando todavía esta gestión no puede exhibir, salvo la persecución de la corrupción, logros tangibles. El PLD tuvo tanto éxito fraccionando a sus rivales políticos que llegó un momento que, al encontrarse sin adversarios en el panorama nacional, se vio en la obligación de fabricar enemigos dentro de su propia organización. Se podría afirmar que la organización morada fue víctima de su propio éxito, hasta el extremo de terminar dividida y desalojada del poder.

No en vano el Libro Sagrado expresa en Mateo (12:25) que “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”, significando que la unidad es la clave de la fuerza.  Asimismo, la Biblia es clara al indicar en el libro de Lucas, capítulo 11, versículos 14 al 20, la importancia de la unidad y no dejarse confundir por los enemigos, en vista de que la desunión es sinónimo de debilidad, flaqueza y derrota. Siempre ha sido una táctica debilitar al adversario, animando divisiones entre sus propias filas o evitando la vinculación de grupos que unidos podrían resultar una amenaza.

Esa estrategia ha sido utilizada por todos los líderes para alcanzar sus propósitos, entre los que destacan Julio César y Napoleón, así como muchos otros. Ahora bien, siempre gravitan factores imponderables que podrían restarle efectividad a la máxima latina divide et impera. Una de estas posibilidades es precisamente que en el partido oficial se origine una lucha de grupos que termine identificando a los contrarios dentro de su propio seno en ausencia de adversarios.

Eso sucedió en el PLD, que era una agrupación política más cohesionada y disciplinada que el PRD o PRM, razón por la cual esa receta podría repetirse con mayor facilidad dentro del partido oficial. En otras palabras, fomentar la división de las fuerzas opositoras, que ya están disgregadas, podría convertirse en bumerán en la agrupación política gobernante donde existen grupos visibles que se diputan cuotas de poder. De manera que si el propósito oculto es proclamar una nueva Carta Sustantiva sin textos transitorios, que realmente no tendrían ninguna razón para subsistir, se debe reconocer que es una astuta maniobra política susceptible de generar ulteriores repercusiones sociales. Es extemporáneo acariciar posibilidades reeleccionistas a un año de haber tomado posesión del cargo, aunque se han producido manifestaciones en el municipio de San Gregorio de Nigua, donde familias beneficiadas con asentamientos agrícolas han solicitado cuatro años más de permanencia.

 

Todo en la vida tiene su tiempo enseña el Eclesiastés (3), libro que condensa una sabiduría extraordinaria, dado que la precipitación es mala consejera. No es momento de modificar la Ley Fundamental, así como tampoco sacar cartas debajo de la manga para rehabilitar implícitamente un sector político que dejó amargos recuerdos en la sociedad dominicana. Si vamos a reformar la Constitución con seriedad, deberíamos convocar expertos en la materia para corregir contradicciones y aclarar imprecisiones sobre aspectos técnicos relevantes. Esa labor amerita un estudio exhaustivo y no debe limitarse a los puntos planteados, a mi juicio insuficientes y poco convincentes. La fiebre no está en la sábana reza un viejo refrán popular. El actual mandatario tiene el derecho a optar por cuatro años más de conformidad con el texto constitucional, pero lo ideal es que sea ejercido a pulso de méritos, producto de realizaciones concretas en favor del pueblo dominicano y no sobre la base de una anticipada jugada política que podría rebotar negativamente contra sus promotores. Ojalá no se atomicen las fuerzas políticas entre nosotros, debilitando así las organizaciones partidarias que actualmente se encuentran seriamente cuestionadas.

Por  Jottin Cury

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