Discurso íntegro de Luis Abinader en la exposición “1961: el año de la libertad”

Por El Nuevo Diario domingo 30 de mayo, 2021

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- El presidente de la República, Luis Abinader, encabezó este sábado la apertura de la exposición “1961: el año de la libertad”, que se presenta en la Plaza de las Américas del Centro de los Héroes, donde afirmó que tiene la firme decisión de trabajar para desterrar los males heredados de la dictadura de Rafael Trujillo como la corrupción, violencia e impunidad que.
El mandatario dijo que más de 60 años de la muerte del tirano, el país continúa viviendo en carne viva estos flagelos.

El mandatario rindió honor a la memoria de aquellos hombres y mujeres que “tomaron la decisión” de enfrentar y liquidar el régimen “más sanguinario” que haya padecido el país en toda su historia.

La exposición consta de textos y fotos en tamaño gigante donde se presentan diferentes etapas del régimen de terror de Trujillo, de sus esbirros, de aquellos que le combatieron tanto dentro como fuera del país, de manifestaciones callejeras y de testimonios de algunos de aquellos que sufrieron torturas, cárcel y exilio.

A continuación, el discurso íntegro leído por Abinader durante el acto:

 

 

DÍA NACIONAL DE LA LIBERTAD

29 de mayo de 2021

Pueblo Dominicano,

En memoria de las víctimas de la dictadura trujillista y de los hombres y mujeres que formaron parte de la resistencia nacional.

En recuerdo de aquellos que se vieron obligados a pagar con el exilio la lealtad a sus ideales y a la Patria.

En reconocimiento al sacrificio y la entereza mostrada por las familias de los perseguidos; a sus hijos e hijas.

En homenaje a todos los combatientes expedicionarios y a los voluntarios extranjeros que, en solidaridad con nuestra patria, se unieron a la lucha por la democracia.

En agradecimiento a toda una generación de valientes, que desde la clandestinidad enarboló sin descanso la bandera de la dignidad nacional, en defensa de la soberanía y de la libertad.

Y en nombre de la República Dominicana, y como Presidente Constitucional, les pido, queridos compatriotas, que juntos, rindamos un minuto de silencio, como merecido tributo oficial por parte del Estado y del pueblo dominicano a la memoria imperecedera de los héroes y heroínas de la patria en este grandioso Día de la Libertad.

________ (minuto de silencio) _________

Salutaciones.

Dominicanos, dominicanas.

Aún en tiempos complicados como los que vivimos derivados de la grave pandemia que nos afecta, hoy queremos reunirnos aquí, para rendir honores, todos juntos a la causa más noble que el hombre puede conquistar; LA LIBERTAD.

La noche del 30 de mayo de 1961, tras más de treinta años de resistencia contra los desmanes del régimen político más sanguinario de cuantos hayamos conocido en nuestra historia, un grupo de patriotas empuñó las armas de la justicia y disparó contra la encarnación del terror y la tiranía que había sometido bajo el pesado yugo de la dictadura a todo un pueblo.

La dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina fue la máxima expresión del terrorismo de Estado, perpetrado de forma despiadada contra su propio país.

Trujillo se aprovechó de la bondad del Pueblo Dominicano, que anhelaba contar con una soberanía intacta y libre de ocupaciones extranjeras, como la de 1916, para apropiarse del poder, poniendo en marcha su maquinaria absolutista, megalómana y sanguinaria.

El dictador atacó desde el primer momento toda resistencia, dentro y fuera del país, acallando las voces disidentes que surgían por doquier. Y condenó al ostracismo a quienes no quisieron sumarse a sus pretensiones de desmantelamiento de la democracia y de la libertad.

Represión, acecho y persecución sistemática, exilio y desapariciones forzosas, secuestros, torturas y asesinatos sumarios son el escalofriante resumen del régimen trujillista. Nuestra historia más abominable.

El miedo permeó todos los estratos de la vida social, y el culto al líder se impuso a sangre y fuego.

Trujillo desarrolló una política de expropiación contra las familias dominicanas, adjudicándose para sí y para los suyos los beneficios del trabajo de los hombres y mujeres de nuestro país.

Su racismo le llevó a realizar una de las matanzas más atroces de todas las conocidas en América Latina en la primera mitad del siglo XX. Fue brutal en el pisoteo a los derechos humanos, pero ni siquiera fue firme en la defensa de nuestra integridad territorial, llegando a cederle a Haití miles de kilómetros cuadrados de nuestro territorio, según algunos historiadores, fruto de una infame negociación secreta con el Presidente de aquel país a cambio de que no acogiera exiliados políticos dominicanos que pudieran hacerle frente.

 Se apropió de lo que no era suyo, vulneró los derechos de todos y cedió lo que era nuestro.

 El tirano extendió sus tentáculos incluso fuera de nuestras fronteras, exportando así el terror contra los amigos de nuestro pueblo, quienes desde sus propios países alzaron sus voces en contra de la dictadura.

Su acercamiento ideológico con los regímenes totalitarios que se extendían por el mundo en aquel momento le llevó a estrechar la mano de cuantos dictadores pudo conocer. Y dio refugio en nuestra isla a otros tantos, derrocados ya, en cuyos países había triunfado la voluntad popular en favor de la democracia.

Pero llegó la hora de la verdad.

Decenas de refugiados políticos empezaron a organizarse en el exilio, en distintos momentos de la historia: desde la intentona de Cayo Confites de 1947, pasando por el desembarco en la bahía de Luperón en el 49, hasta llegar a la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, del 14 de junio de 1959, que da nombre a esta explanada del Centro de los Héroes en la que nos encontramos en el día de hoy como homenaje al sacrifico de los hombres y mujeres de aquella hermosa gesta patriótica.

Los combatientes expedicionarios que se atrevieron a desembarcar frente a nuestras costas con el fin de liderar un levantamiento armado que pusiera fin al oprobio, hallaron la simpatía de los dominicanos y se hicieron acompañar de los hombres y mujeres de la resistencia antitrujillista a lo interno del país.

Esas expediciones contagiaron de rebeldía a todo un pueblo e inspiraron la formación del movimiento clandestino 14 de Junio, la más importante organización de la resistencia al trujillismo, liderada por Manolo Tavárez y Minerva Mirabal, con quienes la tiranía fue especialmente cruel, así como con los Panfleteros de Santiago, haciendo de 1960, el año más sanguinario de todos.

Fue un año después, en 1961 cuando un grupo de conjurados, con decisión patriótica, pudo cristalizar los deseos de libertad y democracia de toda una nación.

“Sic Semper Tyrannis” fue la máxima de aquel grupo de hombres que ejecutó en nombre del pueblo dominicano el sagrado derecho a la resistencia de los ciudadanos libres contra la tiranía.

Antonio Imbert Barrera, Luis Amiama Tió, Pedro Livio Cedeño, Antonio de la Maza, Modesto Díaz, Roberto Pastoriza, Salvador Estrella Sadhalá, Juan Tomás Díaz, Luis Manuel Cáceres, Huáscar Tejeda y Amado García Guerrero cumplieron con el firme compromiso de defender la Patria y legarnos una República Dominicana libre y democrática.

Y nuevamente fue el pueblo, tirado en las calles para luchar contra la herencia del dictador, quien logró tras el ajusticiamiento, la salida de la familia Trujillo del país, la amnistía de los presos políticos, el retorno de los exiliados, y la anhelada libertad con la convocatoria de elecciones libres por primera vez en más de tres décadas, que dieron inicio al Estado social y democrático que hoy disfrutamos.

Esta es sin duda, una de las mejores páginas de nuestra historia.

 Pero los aires de Libertad no llegaron de forma inmediata.

Nuestro país sufrió la vergüenza y el duro trance de soportar aún una serie de gobiernos fallidos, tutelados por potencias extranjeras, una nueva ocupación en el 65 y doce largos años de represión, persecución continua de los disidentes, exilios forzosos y asesinatos sumarios. Muchos de los cuales no han sido aclarados aun hoy.

Tuvieron que pasar aun largos años hasta la reconciliación, hasta podernos abrazar, cada uno desde su espacio ideológico, pero con la visión puesta en la reconstrucción y el apuntalamiento de un país que es en esencia lucha, trabajo y sacrificio.

Eso es la República Dominicana. Esta es nuestra gran nación.

 Por eso, a los hombres y mujeres de la resistencia nacional, héroes y heroínas anónimos a quienes les fueron cercenados sus derechos individuales y enajenados sus bienes, es a quienes hoy quiero recordar y rendir homenaje, para que nunca más nuestra Patria vuelva a tener que llorar a sus hijos.

Tenemos el deber moral de honrar su memoria, que es la memoria colectiva de todo el Pueblo Dominicano.

 Y es por eso por lo que quiero destacar que esta conmemoración del 60 aniversario del ajusticiamiento del dictador no es sólo un acto de reivindicación de aquella gesta patriótica y de todas las luchas de la resistencia nacional y el exilio dominicano, sino una manifestación de mi firme convicción de trabajar por desterrar para siempre los males que, heredados de la dictadura, como la corrupción, la violencia o la impunidad, sigue sufriendo hoy nuestro país.

Consecuentemente con el legado histórico de estos prohombres y mujeres, asumimos el compromiso de unir en una sola, todas las voces de la República Dominicana: las de aquellos que estuvieron, las de quienes ahora estamos y la de los que vivirán aquí en el futuro.

Somos los herederos de una memoria colectiva que debemos cuidar. Pero, sobre todo, proteger como el legado más preciado para las futuras generaciones.

Alma jóven y reivindicación constante. Ese es el gran valor de nuestro pueblo.

Ese espíritu sigue vigente hoy, en el corazón de los dominicanos. Si hace 60 años fueron los más jóvenes quienes más lucharon por la libertad, hoy, también son ellos, los jóvenes, quienes con su compromiso y fuerza siguen defendiendo la democracia en las urnas y en las calles, cada vez que la han sentido amenazada.

Los tiempos cambian, las luchas evolucionan, pero el compromiso de los jóvenes dominicanos y su exigencia continua, sigue siendo el orgullo de la gente de este país.

 Porque somos conscientes de que la democracia -siempre imperfecta- es un sistema en permanente construcción.

Y a lo largo de este período hemos tenido mucho que construir y también que reconstruir.

En estas seis últimas décadas, la economía, la sociedad y la institucionalidad dominicana han tenido un largo proceso de construcción y democratización que ha costado mucho conseguir.

Estoy consciente que la lucha por la institucionalidad democrática nunca termina ni terminará, porque siempre hay amenazas y oportunidades de mejorar.

No obstante, debemos estar orgullos del camino andado hasta ahora. Ha habido cambios significativos en la sociedad dominicana en estos 60 años: el tamaño de la economía se multiplicó por 16, la población más que se cuadruplicó, la riqueza real por habitante se quintuplicó, y somos la segunda economía de América Latina que más convergencia logró con la economía de Estados Unidos en este tiempo.

Desafortunadamente, todo este éxito económico no ha sido equitativamente distribuido entre la población y se ha registrado un lamentable retraso en la gran mayoría de los indicadores de bienestar comparado con países de la región que han tenido menos o iguales recursos que la Republica Dominicana.

Debemos recordar el pasado, no para usarlo  solo como un relato histórico, sino para utilizarlo como palanca de cambio y como recordatorio de lo que podemos conseguir si estamos unidos en un propósito común.

Solo un pueblo que sabe de dónde viene y hacia dónde se dirige, puede caminar seguro hacia la paz, la igualdad, la solidaridad, la justicia social y el respeto a los derechos ciudadanos.

Honremos la memoria de los hombres y mujeres que todo lo dieron por la recuperación del estado de derecho y la consolidación de la democracia.

Y honremos también hoy aquí a los que vendrán mañana para mantener la antorcha la antorcha encendida de nuestra libertad.

Seamos, pueblo dominicano, los dueños de nuestro destino y llevemos siempre como bandera la luz de la libertad en nuestra alma inconquistable.

Por ellos, por nosotros, por el futuro:

¡Qué viva la libertad de nuestro pueblo!

¡Qué viva la República Dominicana!

 

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