¡Dignidad!, ¡Cuanta falta nos hace!

Por Manuel Berges Hijo Miércoles 15 de Febrero, 2017

¡Solo siendo dominicano se siente, lo que yo siento!

Cuando mi nieta Andrea tenía unos diez años de edad, hoy tiene 13, escuchó a alguien en la TV hablar de dignidad y le dijo a mi hija Claudine, ¡Mami, cuando yo sea grande quiero tener dignidad! y su madre le preguntó: ¿Sabes que es tener dignidad? Y la niña le respondió: no lo sé, pero voy a tener mucha…

Mi muy querida Andrea, la dignidad es la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Yo estoy seguro que tendrás dignidad y mucha, pues ya como muestra te haces valer como persona, te comportas con responsabilidad, actúas con seriedad en tus estudios y en la sociedad, te respetas a ti misma, respetas a los demás y advierto que no tolerarías que te humillen o degraden. Continúa así y tendrás mucha dignidad.

Hoy nuestro país, nuestra nación, nuestra adorada Patria adolece de esa cualidad, vemos como la falta de valores es relegada a segundos planos y predomina la posesión del dinero, a como dé lugar.

Vemos como las autoridades se pliegan a los designios de los poderosos nacionales y extranjeros, con tal de mantenerse en el poder y tener dinero.

Y no tan solo las autoridades, sino también ciudadanos destacados de la sociedad civil también entregan sus almas y cuerpos, ánimos e intereses al mejor postor y pretenden lucir amadores de la Patria, cuando en la realidad traicionan la misma. Son estos, los malos dominicanos de que nos hablaba nuestro inmenso Juan Pablo Duarte.

Del latín dignitas, dignidad es la cualidad de digno. Este adjetivo hace referencia a lo correspondiente o proporcionado al mérito de alguien o algo, y también puede indicar que alguien es merecedor de algo o que una cosa posee un nivel de calidad aceptable.

Reconozcamos que la dignidad está relacionada con la excelencia, la gravedad y el decoro de las personas en su manera de comportarse.

Un ciudadano que se comporta con dignidad es alguien de elevada moral, sentido ético y acciones honrosas; es racional, no impulsivo y comparte la tesis que asegura que el ser humano está capacitado para cambiar su vida a partir del libre albedrío y del ejercicio de la libertad individual; digno, es el hombre que se gobierna a sí mismo con rectitud y honradez.

Nos sorprendemos al ver que personas que trabajan, que ganan poco o suficiente y aun así tienen la desvergüenza de pedir; carecen de dignidad propia y no logran mantenerse incólumes, desafiando las vicisitudes y amarguras que nos trae la vida en este duro caminar y preparándose con una mejor educación que les permita subsistir, mantener sus familias así como progresar espiritual y humanamente.

Un empleado alto o bajo de la administración pública, que devenga un sueldo, pide dinero y favores; un militar de alto o bajo rango, por igual.

Un Policía de Transito hace un tiempo me detuvo sin motivo alguno y me dijo sin conocerme: ¡A los jefes, no se le piden papeles, se les pide ayuda!.

En otra ocasión en la pasada campaña para elecciones generales, pasando en la caravana del candidato Pelegrin Castillo, frente a un Colmadon, un joven me dijo: ¡Don deme para un pote (de ron), que por aquí pasó DC y nos dio, y queremos seguir bebiendo! Yo le respondí: ¡Amigo, se equivocó de Partido, nosotros no damos para eso, pero si vota por nosotros le podemos dar un Gobierno donde Ud. no tenga que pedir! Bajo la cabeza y se marchó. Cuanta falta de dignidad! Vimos en ese ejemplo.

La libertad es posible a través de la educación, que permite que las personas tomen decisiones en base al conocimiento y hacen uso correcto de su inteligencia.

No permita que se nos despoje de nuestros derechos, para que nuestra dignidad no sea ultrajada; si alguien le adversa políticamente, tenga dignidad y no pretenda visitar su territorio so pretextos diversos y si es invitado rehúse participar por no comulgar con los principios a los cuales Ud. se opone.

Mantenga su dignidad, para que los demás le respeten al ver que uno mismo se respeta.

Lo decía el lema del 1J4:

“Dulce y Decoroso es Morir por la Patria”.

¡Dominicanos, hoy, se necesita sangre tipo Duarte!