Diferencias políticas de Chile y RD

Por Jesús M. Guerrero martes 4 de junio, 2019

Inicio con la siguiente frase de Sir Francis Bacon, cito: “El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el máximo innovador.”

Existe cierto paralelismo al ver los golpes de Estados de los que fueron víctimas Juan Bosch y Salvador Allende, solo que el primero fue para castrar el proceso de democratización que estuvo detenido durante 31 años en República Dominicana, el 25 de septiembre de 1963 y el otro el 11 de septiembre de 1973, donde Salvador Allende siguió el consejo del Che Guevara cuando afirmó que la última bala es para uno mismo y se inmoló en el Palacio de la Moneda y fue la sustitución violenta de la democracia por la cruenta dictadura de Augusto Pinochet que perduró hasta 1990.

Las diferencias es que las reformas constitucionales de la Ley Sustantiva post las dictaduras de ambos países, han sido para regular el ejercicio político y garantizar el sistema democrático para no volver a Pincohet y en nuestro país para perpetuarse en el poder. Con honrosas excepciones como son la Carta Magna de 1963 y 2010.

Cito un fragmento del artículo titulado, Cambio y Constitución de Antonio Rovira: “Por eso no hay un Estado sin Derecho aunque solo el Estado de derecho, la democracia, viene regulada y sometida a una norma superior que nos dice quién puede ejercer el poder y en qué condiciones, cómo se hacen las leyes y cuáles son nuestros poderes. Así es; la Constitución es un producto nuestro, demasiado nuestro: parcial, imperfecto, caprichoso y siempre interesado, que debe cambiar porque sus palabras también envejecen y se desgastan como cualquier otra materia.”

¿Cómo despertar del letargo institucional en el que estamos sumidos, si cada 4 años la Carta Magna es modificada con el único interés de aspirar nuevamente a la presidencia?, la única forma de sacudir este aturdimiento institucional es el respeto a la Constitución que consagra las reglas del quehacer democrático y establece los límites al ejercicio del poder. Nadie puede negar que la Constitución debe ser sometida a la a labor de cirugía de tiempo en tiempo. Pero, que sea con la única intención de abrir paso al presidente de turno nuevamente, es lo que debe ser regañado.

La modificación del año 2015, fue únicamente con la intención de permitir la reelección presidencial consecutiva y supuestamente dar paso al modelo norteamericano. Pero, ahora se alega torpemente que vulnera los derechos de quien fue únicamente beneficiado por la reforma en cuestión, aunque el Tribunal Constitucional ya se pronunció respecto al tema y cerró el camino a cualquier tozudo y risueño análisis jurídico.

Mientras que en nuestra media isla, hay un grupo de funcionarios que se desagarran las camisas, por su deseo de que el Presidente sea el primero que modifique dos veces consecutivas la Carta Magna con el propósito de optar por un traumático tercer periodo.

En Chile la situación es otra, el Presidente Sebastián Piñera anunció un proyecto de reforma constitucional con el objetivo de reducir el número de Diputados y Senadores, y poner un límite a su reelección y de los Alcaldes, para dar oportunidades a otros. También con aspectos para modernizar el funcionamiento del Congreso y mejorar la calidad de legislación.

Cito un fragmento del artículo del Senador chileno, Sergio Bitar, titulado, 2019: La hora de una nueva Constitución: “Los partidos y personas progresistas impulsaron numerosos cambios en el ordenamiento social e institucional. En 1989, después del plebiscito, hubo negociaciones con personeros de la dictadura para modificar la Constitución de 1980, con resultados menguados.

En 1996, un grupo de senadores de la Concertación propusimos la primera reforma constitucional mayor. Enfrentamos la frialdad y rechazo de la derecha, al que se sumaron los senadores designados.

Un par de años después, por la presión social, la derecha propuso su proyecto alternativo. Solo en 2005, tras 15 años desde el inicio de la democracia, logramos terminar con senadores designados, la inamovilidad de los comandantes en jefe, modificar el Consejo de Seguridad Nacional y el Tribunal Constitucional. Lamentablemente, la derecha logró bloquear el término del sistema electoral binominal. Tuvimos que bregar 25 años para reformarlo, en 2015.”

Partiendo de este fragmento citado, podemos ver que Chile modificó su Ley Sustantiva en los años 1989, 1991, 1994, 1996, 1997,​ 1999,​ 2000, ​2001, 2003, 2005, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015 y 2017. Ahora proponiendo otra en el 2019.

En ninguna de estas modificaciones se trataron del tema reelección presidencial, por el contrario hubo dos de estas reformas que tocaron la reducción del mandato presidencial primero 8 a 6 años y luego de 6 a 4 años, estableciendo límites al ejercicio del poder, otra fue para establecer la segunda vuelta electoral, también que el Presidente del Senado y de la Cámara de Diputados debían rendir cuentas anualmente, como también establecer nuevos parámetros respecto al procedimiento de las reformas constitucionales.

Del 1989 hasta el 2017 y de lograr la del 2019, serian 21 veces que la Constitución chilena ha sido modificada y en ninguna ocasión ha sido para tratar el tema de la reelección presidencial. Contrario a la práctica latinoamericana, han reformado su Texto Sustantivo para limitar el poder.

El proyecto de reforma constitucional del Presidente Piñera, ha encontrado oposición con argumentos como que la reducción de los legisladores es delimitar la representación legislativa y por tanto, el ejercicio democrático de los ciudadanos, como también el número de legisladores a reducir y entre otras. Lo que me lleva a la oposición política de Quisqueya, mientras quien se ha constituido en el equilibrio democrático es el presidente del partido oficialista, los principales dirigentes del partido opositor andan hablando de aumentar los montos de las políticas de ayudas sociales que siempre han tipificado de clientelistas, algo contraproducente ahora querer utilizarlas como propuesta de campaña.

Pero no es algo nuevo, retrotraigamos las propuestas y discursos opositores desde los comicios del año 2008 hasta la actualidad. Recapitulemos, en el 2008 tildaron la tarjeta solidaridad como política clientelista, pero MVM tenía su propia versión, en el 2012 fue catalogada de igual forma, pero HM propuso una tarjeta llamada “MORENA”, en el 2016, Abinader tildó de igual manera que sus predecesores la tarjeta solidaridad, pero su principal propuesta era aumentar los montos de la tan criticada tarjeta y ahora en la antesala del torneo electoral sale con la misma cantinflada.

Cito un fragmento del libro de Juan Bosch, Clases Sociales en la República Dominicana: “Lo que es igual no es ventaja: Si las masas del balaguerismo son iguales a las del perredeismo y si la dirección de los partidos de Balaguer es semejante a la de los partidarios del PRD, hay que concluir diciendo lo que dice el pueblo, que lo que es igual no es ventaja; y con esas palabras, que desde el punto de vista de la corrección gramatical son un poco confusas, lo que el pueblo quiere decir es que entre los que no hay diferencias hay igualdad, y de manera natural acaban actuando de la misma forma. Lo único que podría diferenciar en el orden político a los que proceden de las mismas capas sociales serían la toma de posiciones ideológicas distintas.”

Proponen lo mismo que critican del gobierno de turno, pero su principal discurso de campaña desde el 2008 hasta la fecha es el cambio. No hay diferencias ideológicas entre MVM, HM y Luis Abinader, tarde o temprano, más temprano que tarde seremos testigos de las penosas coincidencias de su accionar político. Una oposición que no asume su rol de contrapeso democrático está destinada al fracaso, solo se han opuesto a la modificación constitucional que es rechazada por 70 % según los datos de 15 firmas encuestadoras, por medio de notas de prensa y todo tipo de acción pasiva.

¿Por qué no asumir su rol opositor?, aunque es contraproducente cuando pactan a espaldas del país, tal como hicieron con la aprobación de la ley de partidos políticos. Por esa y otras razones la oposición es acéfala y es incapaz de unificar criterios alrededor de una propuesta presidencial, por demás, disgregada sin dar señales de unidad.

Concluyo con la frase de Alphonse Karr, cito: “La oposición cuida siempre de pedir lo que está segura de no obtener, porque si lo obtuviese dejaría de ser oposición.”

Por; Jesús M. Guerrero

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