Dictadura y democracia

Por Manuel Hernández Villeta

Entre la dictadura y la democracia, solo hay  un delgado hilo conductor. Las circunstancias y las coyunturas impulsan a los gobiernos de fuerza, o levantan sobre los hombros a la democracia.

Un dictador no es un castigo ni un premio, Sencillamente es, la concertación de hechos que rompen cuando un sector importante del pueblo está dispuesto a vender su libertad, a cambio de  tranquilidad, o alterar  la democracia por un plato de comida.

Los dictadores  fortalecen su entorno y abren trochas en su recorrido,  jugando con el temor al futuro de la población conservadora, vendiéndose como adalid  de una tranquilidad ficticia y que en el mejor de los casos se convierte en la paz de los cementerios.

La dictadura de Trujillo surgió en medio de los estertores de una primera guerra mundial, de la expansión política de los Estados Unidos y de las divisiones dominicanas. También  por lo inaceptable de  las guerrillas de manigua y en especial, de la postración del clero y del apoyo de los efectos de la   intervención militar norteamericana.

No se puede ver la dictadura de Trujillo fuera del acontecer nacional. Era  República Dominicana  un conglomerado  atrasado en medio de la vorágine, con un   encantador de masas ofreciendo  el orden  a cambio del sometimiento. . Hombre de acción y mozo de establo, Trujillo puso a sus órdenes a la rancia intelectualidad de su época, que se dedicó a  dorarle un perfil de alegado amigo de los trabajadores y campesinos.

Ayer y hoy, las dictaduras se sustentan en base al temor de la población a su presente lleno de incertidumbres, y a un futuro que augura terminar con esos viejos males y comenzar a trabajar en una nueva sociedad. Los principales enemigos del cambio, son los que lo necesitan con urgencia  y los cuales serían sus principales beneficiarios.

La figura  de plomo de Trujillo cayó bajo las balas cuando ya no era aceptado por sus amigos locales, rechazado por los Estados Unidos, y con una iglesia que le daba las espaldas luego de 30 años de confidencias y servilismos. El pueblo quería libertad y progreso, y Trujillo era una retranca.

La muerte física de Trujillo no significó la terminación del régimen. Se dio un cambio de chaqueta y una reorientación de las principales figuras intelectuales de la dictadura, y un congelamiento de la maquinaria de represión. Los métodos trujillistas lograron renacer  con todos los gobiernos dominicanos, y hasta el día de hoy esa violencia institucional no ha podido ser superada.

La democracia, la libertad, la independencia, con estricto respeto a los derechos humanos es uno de los anhelos fundamentales del ser humano. En el mundo de hoy no hay espacio para dictadores, Se impone el surgimiento de un gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Pero el fantasma del totalitarismo está presente y nos puede dar un zarpazo en caso de descuido. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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