Diálogo, pandemia y aborto

Por Manuel Hernández Villeta

Es una utopía desfasada considerar que se puede lograr que todos los sectores nacionales se integren en un único segmento. Solo plantearlo es desconocer las divisiones sociales, económicas, políticas y religiosas, entre otras, que llenan y ciegan a mujeres y hombres.

Muchos intentos de diálogo fracasan porque se quiere que todos los grupos convocados bailen al mismo compás, y ello no es posible. No puede haber diálogo pensando en una unidad de acero. Son mezclas coyunturales, para un propósito determinado.

Aún en un gran diálogo, cada sector va pensando en sus intereses grupales e individuales. No es la misma solución y alternativa para un trabajador echa días, representado por un sindicalista, que para un pujante empresario, en la cúpula del progreso y el desarrollo. Armonizar es atender las necesidades de cada cual.

De ahí que la expresión más efectiva de un diálogo, es que se trata de un encuentro para la acción. Un propósito común, por un tiempo limitado, donde se va a trabajar por el bienestar comunitario y no más allá. Sin  diálogo, la sociedad no avanza, pero es difícil ponerlo en marcha.

En el país ya lo hemos dicho en varias ocasiones todos los intentos de diálogo fracasaron porque no se fue  a un punto específico que requiriera la participación de todos. Las opiniones tiradas al viento, solo sirven para buscar titulares de periódicos y satisfacer egos personales.

Hoy hay un punto en común para todos. Fuera del aspecto médico y científico,  hay que buscar métodos para enfrentar la pandemia actual. Solo el sector oficial no lo podrá hacer. Necesita contar con el respaldo de partidos políticos, grupos de la sociedad civil, empresarios, sindicalistas y la gente del pueblo que se engloba éntre los excluidos y que no tienen una definida representación.

El tema único puede ser: vamos a trabajar para hacer frente al Covid, y que se vacune la mayor cantidad de dominicanos. Hasta ahora hay muchos millones, renuentes a la aplicación de las tres dosis de vacuna. Ahora se habla de una cuarta, para los que tienen más de seis meses vacunados.

Los religiosos tienen ideas encontradas con los programas de vacunación, y es necesario que las autoridades busquen el diálogo con ellos. Es difícil alcanzar una casi totalidad de vacunados en el país, si no se cuenta con el respaldo de los religiosos. Cierto que hay dogmas y fanatismos, pero se puede llegar a un acuerdo.

Es el mismo caso del aborto. La sociedad civil y las feministas no van a doblar el brazo a los religiosos que claman por el derecho a la vida. Hay que discutir con altura y seriedad el tema, sin temer a tener que aceptar errores de concepto e indelicadezas en la exposición y el tratamiento.

Donde el diálogo fracasa es porque surge la mano dura del dictador. Su palabra es ley y orden. No respetar el mandato puede significar hasta la pérdida de la cabeza. El país ya pasó las etapas de las dictaduras y está viviendo en democracia, la única forma de convencer a todos los sectores, es mediante el diálogo justo y civilizado. Es difícil lograrlo, pero hay que esforzarse en el intento. ¡Ay !, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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