Desmantelar los subsidios

Por Manuel Hernández Villeta

Los subsidios a los servicios, alimentos y medicinas, son insostenibles. Los organismos internacionales desde hace tiempo piden una política económica de eliminación de áreas de protección. Los empresarios locales son enemigos de la ayuda gubernamental para mantener precios y tarifas asequibles. El pueblo tiembla y teme cada vez que se habla de eliminación de control en los niveles de venta de productos o adquisición de servicios.

Está en el tapete el desmantelamiento del subsidio a la energía eléctrica y a los combustibles. Durante los últimos 24 años todos los gobiernos trataron de evitar el recorte de los subsidios. Temían  las consecuencias en las calles. Temían pobladas y hechos de fuerza incontrolables.

El recuerdo más reciente y permanente fueron las pobladas  que estremecieron al gobierno de Salvador Jorge Blanco, y que fueron ahogadas con un baño de sangre. Una carga política y social que ningún político quiere sobre sus hombros. El recorte de subsidios siempre es una medida odiosa.

En el caso del área energética, es sumamente delicado hacer cualquier cambio al tarifario actual. Se está tratando de una pésima cobertura, con apagones hasta de 15 horas en barrios populares, y donde se vende la esperanza en las zonas medias  y altas de que hay luz artificial las 24 horas del día.

En una profunda crisis que vive la sociedad dominicana, no hay justificación ni razón para tratar de imponer un reajuste de la tarifa energética, y de una reforma impositiva. Los dos son detonantes sociales. Habrá más adelante oportunidades de reformas, pero ahora no.

Para muchos asesores, este es el tiempo, porque se está en un reflujo político, los partidos van a entrar en la etapa de las precandidaturas, esas agrupaciones tienen heridas abiertas e incontrolables  apetencias, por lo que, estiman, no podrían orquestar movimientos de protestas a gran escala.

Puede ser. Pero no se puede correr el riesgo de que se manifieste en las calles la intranquilidad ciudadana. Ya tenemos suficientes problemas, para entrar en uno que podría terminar con agitación, y descontrol social.

En político, cada cual es el dueño de su coyuntura, sus circunstancias las hace como un traje a la medida, y actúa en consecuencia. La ecuación de fuerzas indica que si bien el gobierno tendría dos años y medio para recuperarse de la impopularidad que generaría el desmonte de la subvención energética, una ola de protestas y la acción de músculo para detenerla, sería un contratiempo en lo inmediato, a corto y a largo plazo.

El presidente Luis Abinader tiene que actuar de acuerdo a las circunstancias nacionales. En estos momentos de pandemia, de crisis económica, no es la hora  de recortes de subsidios. Que rechace las presiones del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y los empresarios. Lo que importa aquí es la tranquilidad y el bienestar del pueblo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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