Desigualdades sociales

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 17 de julio, 2019

Organismos especializados de las Naciones Unidas consideran que los índices de desnutrición se han reducido sustancialmente en la República Dominicana. Viniendo de tan prestigiosa institución, sin lugar a dudas que es una opinión positiva, una buena noticia.

La seccional de la ONU para la Agricultura y la Alimentación también señala que hay fuertes brechas urbano-rurales y profundas desigualdades rurales que generan hambre y pobreza. Hay que incluir la falta de empleo en la zona urbana, y el conuquismo y la carencia de tierras para labrar en el campo.

Las estadísticas son ciegas. Trabajan con porciones, con números, con estamentos sociales. De ahí que es difícil encontrar miserias particulares, y en los cuadros generales se confunde realidad con el  bienestar de sectores muy focalizados.

La República  Dominicana tiene una realidad, y es que ha desaparecido la zona rural tradicional. El campesino ha llenado los barrios marginales de Santo Domingo y Santiago, pero hasta allí le persigue su abandono, y no puede entrar a los medios de producción.

La agro-industria se ha hecho dueña del campo. Lo ha logrado modernizar, pero en base a una alta tecnología y una producción masiva, que está muy por encima de los intereses y las posibilidades del labriego de machete y azada.

Los programas sociales llevados a cabo por el gobierno han mejorado los niveles de vida de esa población campesina migrante, pero  todavía es imposible decir que se derrotó a la miseria, y que la desnutrición es cosa del pasado.

La FAO reconoce el avance en la lucha para reducir la desnutrición, pero pone el dedo en la llaga cuando habla de graves brechas sociales, que mantienen las desigualdades latentes, y a miles de personas en la miseria total.

Será imposible cambiar esa situación, sino hay un capitalismo de rostro humano. El desempleo crece cada día, y con las modernas tecnologías solo se accede al empleo llamado de calidad y los jornales de músculo se quedan en espera de una chiripa.

Con las viejas ideas socialistas congeladas, se puede aspirar en el mundo de hoy, en lo inmediato, a un capitalismo que tenga acciones humanas para con sus asalariados, sean del campo o de  la ciudad. Se puede comenzar por la masiva creación de empleos, y un sueldo justo de acuerdo con las necesidades colectivas y personales.

La libertad del hombre no es más que una ilusión, sino tiene  la comida, la educación, los servicios médicos, el empleo, y un salario decoroso. Las grandes desigualdades sociales cierran el camino del entendimiento  y la concertación, y de ahí surgen los vendedores de ilusiones que no resuelven los problemas, y llevan desgracias a los pueblos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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