¿Desarrollo?: Doble cara

Por Manuel Hernández Villeta sábado 28 de enero, 2017

La economía tiene muchas caras, pero un solo sufrimiento. Puede haber desarrollo sostenido en los libros de los analistas económicos, pero todo se viene abajo si en el colmado de la esquina no se puede comprar pan con salchichón.

La economía sólida de un país tiene que estar ligada a la gran producción capitalista. Si los grandes consorcios van bien, el país se desarrolla. Es una línea clara. Con la miseria ningún país logra salir del subdesarrollo.

Pero en casi todos los países del mundo el desarrollo no es globalizado, no es general. Mientras más crecen los capitales seleccionados, mayor es la miseria, y más número de personas afecta.

Se puede dar en nuestro país desarrollo sostenido y miseria que avanza arrolladoramente. Son las dos caras de una misma moneda. La economía es el dios Jano de la doble cara. Cada cual toma el color, el lado, el calor y el sabor que le convenga.

La economía del pan con salchichón es el mejor indicativo del desarrollo general de la sociedad. La pulpería de barrio tiene la categoría de un economista graduado en la escuela de la vida. Si el huevo costaba ayer un peso, hoy está a peso y media y mañana a dos pesos, y el cliente con la misma suerte económica, nadie le puede decir que sus factores de desarrollo aumentaron.

De ahí lo difícil, por no decir imposible, que la economía refleje una realidad objetiva sobre el avance de un país. Los cuadros de miseria no figuran en las estadísticas. En una ocasión un técnico de las Naciones Unidas me dijo que cuando se habla de la población dominicana que toma leche, únicamente se referían al que la puede adquirir, los otros son fantasmas y no aparecen en los cuadros comparativos.

Es el caso del mercado informal. El vendedor y dueño no es empleado, no es comerciante, no es nada, solo un desgraciado que busca una acera, una esquina, para vender un producto sin pagar impuestos, sin certificados de garantía y sin derecho de devolución. Puede servir de válvula de escape para los problemas, pero no es solución, sino una víctima que no se sabe a dónde colocar.

No se sorprendan. Detrás de las máximas ganancias, está el hambre. Detrás de la gran torre que se levanta, está el niño sin asistencia médica. Detrás de la diva que exuda perfumes parisinos, está la mujer sin trabajo. Detrás de la yipeta, se arrastra el chiripero que no tiene donde vender su mano de obra.

Tiene que haber una genuina lucha para que todos puedan vivir por igual, que se respete el derecho a la subsistencia. Pero por desgracia en el mundo globalizado del capitalismo del siglo 21 vale el que tiene, lo demás, es polvo para ser desparramado por el camino. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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Por Manuel Hernández Villeta

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