Desahogo de un empleado público

Por Manauri Jorge miércoles 27 de mayo, 2020
Cuando se habla de empleo público no comprendo todavía porqué la mayoría hace alusión a botella, mediocridad o ineptitud. Parece que servirle al Estado es un pase gratis a la vagancia y quiero hacer algunas acotaciones para que no se equivoquen.
Sí, hay un grupo de servidores que no sirven, gente inescrupulosa que no aporta nada y daña todo lo que toca. Pero eso no es solo en la oficina pública, también lo son en la privada, solo que con un poquito más de miedo y se cohiben de expresarse abiertamente porque saben que, aunque influyó el clientelismo para estar allí, no será eso lo que impedirá su despido, como sí pudiera ocurrir en el sector público. Lamentablemente hay personas intocables en el Estado, no por su eficacia, sino por sus amarres de partidos, compadreo o sexuales.
Sin embargo, resalto la parte de que esos servidores inservibles no darán frutos aunque los pongan en un invernadero porque son estúpidos de raíz, tienen un concepto vago de lo que es trabajar y aportar en lo que haces, son ocupa sillas de 8am a 4pm y no se atreven a mover un dedo después de ese tiempo, su visión de trabajo caduca y así mismo queda su trascendencia, no tienen ni puta idea de lo que es trabajar por calidad y ese pensar tan mediocre, para colmo, se pega de uno a otro.
Todos los nuevos empleados hacen maravillas para demostrar que su elección fue sabia y justa, hasta que le cogen el piso al asunto y, usualmente, se vuelven canchanchanes del que ya está dañado. ¿Qué aprenden? Pues a cómo matar el tiempo en Youtube, se vuelven aventureros de la chercha y casi eruditos de ir al baño cada 5 minutos. Si por algunas limitaciones no puedes darle flota, viáticos, computadora, vehículos y uniformes, se pasarán todo el tiempo quejándose y poniendo esas excusas para no hacer nada, pero es probable que cuando facilites todo eso la excusa sea que se lo dieron para joderle.
Esa gente no representa al Estado, esos no son todos los que estamos en el tren público y me atrevo a afirmar que ni siquiera son la mayoría, pero son los que hacen más ruido. En los años que llevo sirviendo -sí, sirvo- he conocido muchas personas maravillosas que dejan el forro por y para los demás, para ellos brindar buena atención es fundamental y les apasiona hacerlo. Puedes encontrarlas en cualquier pasillo limpiando la basura que otro tiró, o en la oficina trabajando horas demás para concluir un proyecto, o usando sus propios medios para que el resultado quede mejor. En fin, son personas que valen lo que pesan y mucho más.
Gracias al destino me han tocado superiores con pilas inagotables, gente que trabaja sin horarios ni excusas, persiguen un resultado y no paran hasta lograrlo. Quizás sepas de ellos porque son los elegidos para dirigir en cualquier rama que estén. Los que dan la milla extra, los que buscan dejar una huella y aportar de corazón a los demás son los líderes naturales que terminan encabezando las empresas, medios e instituciones. Una parte de los mediocres siempre alega que sus superiores no merecen estar allí, pero ¿qué hacen para cambiar eso? Casi siempre nada, solo quejarse y criticar.
Quizás los ignorantes presuman que por ser un servidor del Estado puedo usar los recursos públicos y despilfarrarlo pensando que no tienen dolientes, pero están muy equivocados porque la cosa pública debería dolernos a todos y quienes usamos esos recursos tenemos que ser celosos de eso mucho más que con lo personal, porque tenemos en las manos el sudor de cada dominicano que paga impuesto, las lágrimas de mucha gente que no puede estar en el lugar que estamos hoy y si no eres consciente de eso, hazle un favor al país y lárgate.
Soy empleado público y me siento orgulloso de pertenecer a una institución como el Ministerio de Educación porque aprender, comunicar y educar me apasionan, porque puedo servir a mucha gente, porque he conocido muchos estudiantes y maestros ejemplares, porque me permite crecer y desarrollarme como profesional y persona. Sea público o privado, me empleo hasta el fondo para dar lo mejor de mí y eso, sin importar dónde o cuándo esté, siempre será así. Mi criterio de servicio es servir, no servirme. ¿Y el tuyo?

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