Desafíos a que está obligada la sociología para dar respuestas a los problemas de las sociedades dominicana y caribeñas

Por Francisco Rafael Guzmán

La primera preocupación que deben tener los sociólogos como cientistas sociales, en la actualidad, es el hecho de si debe haber o no un deslinde del objeto de estudio de la sociología y cuáles son las herramientas conceptuales pertinentes, para poder dar respuestas a las necesidades urgentes hoy día en la sociedad humana. Otrora había en tal sentido una frontera entre los paradigmas, ya que cada paradigma o escuela usaba sus propias nomenclaturas.  Esa frontera conceptual que ayer existió no tiene sentido. No debe ser preocupación de los sociólogos en la actualidad, como otrora lo fue hasta hace unos 40 años, el plantear una frontera infranqueable entre las jergas y las nomenclaturas de las diferentes escuelas o paradigmas existentes en dicha ciencia, en parte lo ocurrido en el pasado se debió a que en la sociología el sujeto forma parte del objeto de estudio y los valores éticos morales de que es portador el sujeto son diversos y forman parte del objeto de estudio de la ciencia sociológica, variando esos valores para cada comunidad según intereses de grupo o de clase social. Sin embargo, hoy día esa ya no puede ser la narrativa y debe haber más consenso en la comunidad sociológica, porque no podemos permitir el colapso de la sociedad humana, ya que  hay que dar respuestas a acuciantes  problemas desde la ciencia sociológica, como ciencia que estudia la sociedad humana y debe tratar de plantear soluciones a problemas de la sociedad.

 

El peso que la filosofía general y la filosofía social, así como la incursión de científicos de  otras áreas, también han influido en la eclosión de diferentes escuelas. En tal sentido,  científicos como los psiquiatras y también filósofos, han incursionado en la elaboración de una teoría e interpretación general de la sociedad contemporánea, lo que ha que ha contribuido a la aparición de nuevas  escuelas dentro de la teoría social general, y los paradigmas clásicos han perdido vigencia, suplantados por la escuela de la teoría critica o de Frankfurt, entre los que están Eric Fromm y Teodoro Adorno; y teoría de la posmodernidad (postmodernidad) o posestructuralista (post-estructuralista) sustentada por Michel Foucault, Jacques Derrida, Francoise Lyotard y Braudillard, entre otros, lo cual ha pesado en la ausencia de consenso en cuanto al deslinde del objeto de estudio de la sociología. Esto ha tenido sus consecuencias a niveles epistemológico, gnoseológico y axiológico en la investigación y praxis sociológicas.

 

Pese a que se habla de desigualdad, pero ya no se habla de lucha de clases, aunque se habla de movimientos sociales y de movimientos de pobladores; lo más importante es que después de 4 décadas de neoliberalismo y de la hegemonía del capital financiero en casi todas las sociedades del mundo, estas están henchidas de desigualdades y tienen una gran división de clases o  una compleja estratificación social con los matices que asume esta, pero pese a la dispersión de los sujetos sociales se percibe la necesidad un cambio social sistémico.

 

Es tanta la exclusión social y la necesidad de la inclusión social de muchas personas que no tienen carta ciudadanía, por sus condiciones de vida, que se necesita la ruptura con el modelo neoliberal y la eliminación de las grandes fortunas, porque  la crisis ecológica y el cambio climático que se han provocado harán colapsar la sociedad humana. La ciencia sociológica tiene que abrir el espacio a la teoría del cambio social, no sólo  porque haya una crisis ecológica y sanitaria que van a hacer colapsar la sociedad humana, si no porque hay un injusto sistema (el capitalismo) que genera las grandes desigualdades, la falta de inclusión social o exclusión social, que con su modelo neoliberal se ha convertido en capitalismo salvaje. Esto último ocurre en un contexto mundial matizado con la extinción  del socialismo real en el Este europeo y el colapso del Estado de bienestar en los países capitalistas.

 

Para la sociología elaborar una teoría del cambio social, el cual queda evidenciado como una necesidad impostergable con los acontecimientos recientes en América Latina y el impacto en la geopolítica del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, una dificultad es la clara identificación de los sujetos sociales o las fuerzas sociales motrices principales y dirigentes de ese cambio, debido a la dispersión de los sujetos sociales hoy día, como consecuencia de las reformas políticas neoliberales que provocaron recortes a la práctica sindical y estímulo a la desaparición de grupos secundarios que eran parte de las organizaciones de la sociedad civil: Clubes, sindicatos, asociaciones campesinas y grupos de mujeres. Esto último ha sido influido por la extensión de jornadas de trabajo, inseguridad ciudadana, violencia de género, surgimiento y expansión  del crimen organizado y las pandillas juveniles.

 

¿Cómo  definió a la sociología L. A. Costa Pinto, sociólogo latinoamericano, hace unos 59 años? El la definió, en su libro: Sociología del Cambio y el Cambio de la Sociología, de la siguiente manera: Es el estudio científico de la formación, organización y Transformación de la sociedad humana, dicha definición aparece en la página 19 de la tercera edición de esa obra hecha en Buenos Aires por la editorial EUDEBA en 1969. Luis del Castillo Morales, en su obra: Sociología-Estudio de la sociedad y de las relaciones humanas. Santo Domingo, editora Universitaria, 2007, pág. 94, definió la sociología como la ciencia que estudia la sociedad como un todo compuesto por personas, por las relaciones que sostiene entre sí y con la naturaleza y por las reglas que resultan de estas y al mismo tiempo las rigen.

 

Podríamos decir que, en el caso de la sociología, como ciencia social general que ella es y como no lo es ninguna de las demás ciencias sociales, es la más llamada a plantear soluciones de carácter holístico a los problemas, a partir de la construcción de conocimientos con la investigación sociológica, estableciendo nexos y plexos  que conectan y eslabonan hechos y fenómenos sociales. Tal vez ninguna otra ciencia social e incluso en ninguna otra área  del saber científico, se pueda dar una visión y explicación de conjunto, como se puede dar en la sociología. Entonces, es la ciencia que puede estar más vinculada a la planificación en la administración pública, pudiendo encaminarse a la prevención del colapso del orden social sea cual sea su naturaleza y con ello preservar a la sociedad y la especie humana que la integra.

 

La anomia, la cual se define en la sociología como el abandono por parte los sujetos sociales de las normas o pautas de comportamiento establecidas en la sociedad, concepto usado por Emile Durkheim quien es uno de los padres de la sociología, está a la orden del Día. Sobre todo con la pandemia se ha puesto en evidencia más que nunca que cada vez más una gran cantidad de las personas abandonan las normas establecidas de comportamiento o quieren abandonarlas, lo que  junto con las zoonosis virales y la crisis ecológica puede contribuir al colapso de la sociedad, ya que ha ocurrido casos de anomia colectiva por parte de pluralidades  de  sujetos sociales sobre todo en tiempo dedicado al ocio que no quieren estar sometidos reglas establecidas. Las enfermedades y la crisis ecológica generarían un desorden tan grande o entropía, lo que puede llevarnos al fin de la especie y la sociedad humana, si no producirse un cambio social sistémico. Toda sociedad necesita de algún orden, lo que niega el caos, como como afirmara Juan Isidro Jimenes Grullón, en su obra: Anti-Sábato, Santo Domingo, Biblioteca Nacional, 1982.

 

El cambio social sistémico como necesidad es algo que está a la orden día en las sociedades latinoamericanas, en la subregión del Caribe,  Venezuela y Colombia son ejemplos, pero sobre todo en el caso colombiano como podría ocurrir en otros países, esto se torna evidente a partir de la pandemia de la Covid-19, la crisis ecológica y el cambio climático. Ese cambio social que es una necesidad debe ser parte del discurso sociológico en América Latina, particularmente en El Caribe y República Dominicana en especial. América Latina ha sido muy afectada por la pandemia de la Covid-19, aunque Estados Unidos es el más afectado, luego Brasil que es un país latinoamericano, los dos son los dos países más afectados. En Estados Unidos muchos de los fallecidos y muchos de los que se han enfermado son migrantes de origen latinoamericano. La crisis sanitaria y la crisis ecológica plantean la urgencia del cambio social, el cambio social sistémico, porque el mismo debe implicar la ruptura con el gran capital, incluyendo sobre todo la ruptura con la fracción financiera de la burguesía y con todo el capital financiero privado en general. Es necesaria la ruptura con el neoliberalismo, pero la ruptura con el modelo neoliberal implica barrer con el gran capital.

 

La narrativa sociológica debe encargarse de elaborar una teoría del cambio social sistémico, pero apoyándose en investigaciones cuyos resultados se fundamenten en observaciones pertinentes del estado de la conciencia social de los posibles sujetos  del cambio social sistémico. Debe buscarse el mayor consenso posible en la comunidad sociológica en la construcción de la teoría del cambio social.

 

La sociedad no puede ser tan líquida, porque lo líquido es lo muy inestable, lo flexible, tiende al desorden o a la entropía. En consecuencia, si hoy vivimos la era de la modernidad líquida como lo plantea Zygmunt Bauman (Zygmunt Bauman. Modernidad Líquida. México, Fondo de la Cultura Económica, 2003, pág. 18) la que para otros como Josep Picó, Francisca Pérez Carreño, José Luis Zalabardo y otros es la Postmodernidad (Josep Picó y otros. Modernidad y Postmodernidad. Madrid, Alianza Editorial, 1988) el cambio social es una necesidad. Debemos pasar  a una modernidad menos líquida, una modernidad más sólida, porque de lo contrario la sociedad humana puede colapsar y borrarse  la especie humana de la faz del planeta.

 

Según Bauman (opus cit., pág. 19), “… Para que el poder fluya el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles…” Entiéndase debe haber globalización. La globalización como la conocemos hoy, comenzó a gestarse en los años 80 con el modelo neoliberal, el cual se impuso a partir de la negociación de la deuda de algunos países subdesarrollados no productores de petróleo, entre los cuales están Republica Dominicana, Jamaica, México y Venezuela. Eso marcó el fin del Estado de bienestar en el mundo. Hubo negociaciones de los gobiernos con el Fondo Monetario Internacional, las cuales implicaron un cambio político, porque el Estado perdió funciones con las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, pero en poco tiempo la globalización fue posible, no solo por estas medidas impuestas a quienes negociaron la deuda, sino también por el cambio tecnológico,  sin el cual no se hubiesen agilizado los procesos en la contabilidad de las empresas. Es por eso que hoy se habla de capitalismo flexible, sociedad postcapitalista (Peter Drucker. La Sociedad Postcapitalista) y se habla del fin de la Historia (Fredric Jameson. El Giro Cultural. Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1999, pág. 125) con la globalización y las empresas trasnacionales, pero no tomando en cuenta el tiempo si no el espacio, al abrirse fronteras con el libre comercio y este autor se plantea como algo irreversible este cambio sin un Estado socialista fuerte, el conflicto Rusia-Ucrania parece desmentir que no se pueda dar marcha atrás sin ese tipo de Estado socialista grande porque Rusia es capitalista y parece querer revertir esa globalización.

 

El capitalismo en la época actual es flexible, como le han llamado algunos tratadistas, para trasladar o colocar las empresas donde quiera o para colocar sus acciones en bolsas de valores y explotar mano de obra barata, pero también flexible para despedir al trabajador y para no permitir la protesta  de los trabajadores o de los sindicatos de trabajadores contra el capital. La gran burguesía y toda la burguesía financiera serán opuestas al cambio social, sin el cual colapsaría la vida en el planeta o por lo menos la vida humana en un tiempo relativamente breve. Hay que salvar la selva amazónica de su destrucción en un tiempo relativamente muy breve. Hay que salvar La Amazonía para salvar a la humanidad entera y de manera particular a todo El Caribe y Centroamérica. El libre mercado y las medidas que hace casi 4 décadas se impusieron en las sociedades subdesarrolladas latinoamericanas al negociar la deuda  algunos gobiernos de algunas de ellas, otros la habían negociado antes bajo regímenes militares y algunos se ajustaron más tarde a esas medidas con o sin la negociación con el FMI, medidas que son de la complacencia del gran capital y todo el capital  financiero.

 

El Caribe, y en particular República Dominicana, demanda de un cambio social sistémico, el cual debe darse con la expropiación de los grandes capitales, el capital financiero privado y la limitación del capital en las empresas. Es un cambio social que debe afectar sustancialmente la estructura de clases, que permita superar las crisis ecológica y sanitaria, recuperar y fortalecer el sistema de salud pública, propiciar el crecimiento e incentivo de la producción agrícola orgánica y reducir a su mínima expresión la desigualdad social, eliminando progresivamente la exclusión social y promoviendo la inclusión social, si no hay ciudadanía no se puede hablar de inclusión, si las personas no reclaman y son atendidas (sugiero consultar: Emelio Betances. En Busca de la Ciudadanía. Santo Domingo, Archivo General de la Nación, Volumen CCLXI, 2016, págs. 580-581); incentivar la industrialización con la participación protagónica del Estado; de igual forma, permitir la libertad sindical y promulgar un nuevo código de trabajo, nivelando los salarios por igual trabajo a hombres y mujeres, dominicanos y extranjeros; superar la inseguridad ciudadana, previniendo el crimen y enfrentándolo; extinguir la violencia intrafamiliar  y de género.

 

Ahora bien, partiendo de la investigación sociológica, la teoría sociológica del cambio social deberá identificar los posibles sujetos de ese cambio.  Creemos que entre los  posibles sujetos  del cambio podrían estar los trabajadores asalariados, la intelectualidad progresista, los artesanos, los chiriperos, productores agrícolas medianos y pequeños, con la inclusión dentro de estos a sectores como los jóvenes y las mujeres, todo lo cual debe estar sujeto a confirmación con la investigación sociológica.

 

Hoy día la sociología en la República Dominicana y El Caribe (incluida Centroamérica continental) debe enfocarse en el cambio social, el cambio social que es sistémico como lo entendemos, porque tiene que haber una ruptura con la estructura de clases vigente en la actualidad, ya que es necesaria la extinción del gran capital y del capital financiero privado, para poder afrontar los problemas y salvar al planeta y preservar la vida en él.

 

Hoy el discurso sociológico, la narrativa sociológica, no debe enfocarse en la discusión de la modernidad y la posmodernidad, si no en el cambio social. El cambio social sistémico implica la extinción del gran capital (gran burguesía), la superación de las grandes desigualdades, reducción o extinción de la exclusión social, la movilidad social de amplios sectores de la población y la eclosión de un nuevo Estado de Bienestar, con la extinción progresiva de las relaciones de producción cimentadas en las relaciones de propiedad que generan grandes desigualdades sociales y la exclusión social. Ese cambio social sistémico implica la intervención del Estado en la economía, tanto con el retorno a las regulaciones, como con la inversión pública y la propiedad y administración de algunas industrias y servicios básicos.

 

Otras Obras Consultadas

  • Michel Foucault. El Orden del Discurso. Barcelona, Fabula Tusquets editores, 1973, 76 pp.
  • Rafael Muñóz de Bustillo. El Estado de Bienestar-En el Cambio de Siglo. Madrid, Alianza Editorial, 401 pp.
  • Sergio de Piero. Organizaciones de la Sociedad Civil. Buenos Aires, Editorial Paidós, 2005, 270 pp.

 

Por Francisco Rafael Guzmán Fernández

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