Deporte, Ocio, Movilidad Social y Política

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 26 de septiembre, 2019

Después que la más impactante  revolución industrial que ha conocido la humanidad, iniciada con la invención de la máquina de vapor a finales del siglo XVIII -que si no fue James Watt el que la inventara por primera vez, por lo menos sería el que la llevó a la posibilidad de usarla en la práctica a gran escala-  se expandiera y llegara a impactar allende el atlántico a los Estados Unidos, pasando este país a superar  a su madre patria Inglaterra en la construcción de vías férreas uniendo sus costas del Este y la del Oeste con ese medio de trasporte, se comenzó a valorar el tiempo de ocio de los ciudadanos. Esto estaba ocurriendo en la postrimería del siglo XIX, ya antes el yerno de Carlos Marx, Paul Lafargue, escribió su libro: El Derecho a la Pereza. Había que dedicar tiempo al ocio.

Sin embargo, antes, en la primera mitad de ese siglo a muchos trabajadores se les pagaban    salarios tan bajos que los colocaban en la posición de devengar los mismos por debajo del límite mínimo del valor de su fuerza de trabajo, es decir, recibían salarios que no le permitían reponer sus energías físicas consumidas en el proceso de trabajo. Sólo basta con leer la novela Germinal de la autoría de Emile Zola, autor que está entre los clásicos franceses de la narrativa decimonónica.

Las mujeres de los trabajadores, muchas de las cuales eran explotadas recibiendo peores salarios que sus maridos, salían a pedir mendrugos de pan o una porción de sopa en las casas de los ricos  y  muchos de los niños también eran superexplotados recibiendo bajos salarios, ya que ni existía un sistema de escuelas públicas donde fueran esos niños. Los avances en la tecnología no se hubiesen alcanzado si no se hubiera dado una superexplotación de la fuerza de trabajo, macerando a los trabajadores, es decir, exprimiéndolos como hoy se hace con el modelo neoliberal vigente. En los finales del siglo XIX, bajo la dominación del modo de producción capitalista, no se hubiese usado a gran escala la energía eléctrica, incluyendo el uso que se le dio en la construcción de la Torre de Eiffel para la exposición industrial de 1889, ni tampoco se hubiese comenzado a valorar el tiempo de ocio para la burguesía, la pequeña burguesía y las capas medias, si no se hubiera explotado de un modo inexorable a los trabajadores.

 

En la última década del siglo XIX, cuando el automóvil se inventaría,  Pierre Fredy de Coubertin, barón de Coubertin (nacido en Suiza) revivió las olimpíadas, lo que importaba era más que nada la recreación de las clases y capas sociales que podían disponer de tiempo para el solaz esparcimiento, pero los trabajadores manuales no podían disponer de casi ningún tiempo para el ocio. Mucho tiempo antes, en tiempo del Imperio Romano se escogía un día o varios días para celebrar fiestas en el Circo Romano, donde los esclavos podían compartir las comidas en las fiestas hasta con El Emperador, se buscaba con ello reproducir el severo y cruel régimen de la esclavitud con unos cuantos días de fiestas en que los esclavos sentirían un alivio como catarsis al sentirse como si fueran libres haciendo algo placentero. Hoy en día en el deporte profesional ha pasado ser un deporte de masas, después que el barón de Coubertin revivió Las Olimpíadas, las cuales son deportes de alta competencia pero no deporte profesional, un deporte para que las masas lo consuman y consuman otros productos en su tiempo de ocio como espectadores de ese deporte. Esto se puede ver en beisbol y en cualquier otra disciplina que se practique como deporte profesional.

Hace muchos años, hacia mediados de la segunda década del siglo XX, cuando la población de Estados no era tan grande, se estima que diariamente acudían 11, 000,000 (11 millones) de norteamericanos a las salas de cine. Hoy en día en el béisbol la cantidad de norteamericanos que acude diariamente a los estadios de ese deporte y de otros deportes no es tan numerosa porque no son tantos los estadios como las salas de cine, pero es grande, aunque lo que hay que tener en cuenta es lo que gasta en los estadios de ese país diariamente, como en otra actividad del tiempo de ocio. Por ejemplo, en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, como el territorio de  los Estados Unidos no era escenario de guerra, 21 millones de turistas acudieron a todos los parques nacionales en un año, el más viejo y emblemático de los cuales es el de Yellowstone. En un año parecería que no es mucho, pero lo que hay que tomar en cuenta es el gasto pecuniario de las gentes que acuden a esos parques, porque de eso se trata para el capitalismo. Es un negocio como lo es el béisbol profesional y otros deportes profesionales.

La práctica del deporte profesional, sobre todo el béisbol en el caso del continente americano, se ha convertido en una catapulta de la movilidad social vertical de quienes deciden optar por ese modo de vida y tienen el éxito en el mismo. Son muy muchos los jugadores de béisbol que se han convertido en millonarios jugando en las Grandes Ligas de Estados Unidos. Hoy en día se da el hecho de que algunas veces logran esa meta por medios fraudulentos. Sin embargo, muchos jóvenes que quieren salir de la pobreza ancestral en que han vivido utilizando como vehículo la práctica del deporte no lo logran, los cuales son las grandes mayorías.  

 Después todo lo más extraño es como hasta en el deporte profesional se use el veto o las prohibiciones. Llama la atención el hecho de que las llamadas grandes ligas de Estados Unidos les prohíban a los jugadores venezolanos jugar en Venezuela, algo con lo que  la Liga de Béisbol Profesional Venezolana parece estar, según parece desprenderse de las declaraciones de Juan Francisco Puello Herrera, aparecida en el Listín Diario de19/09/2019, obedeciendo a las sanciones de Donald Trump. Los venezolanos no tienen derecho a jugar en su propio país.  De las declaraciones de Puello Herrera se desprende que las ligas invernales de México, República Dominicana y Puerto Rico no contratarán a jugadores venezolanos. Como cuando se ponían los barcos en lista negra que tocaran puertos cubanos, a los que se les prohibía descargar en puertos de Estados Unidos.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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