Del populismo policlasista a la plena conciencia de clase burguesa

Por Francisco Rafael Guzmán

“Cómo a nuestro parecer/cualquiera tiempo pasado fue mejor” (Jorge Manrique)

 

En realidad, no es verdad que todo  lo del pasado fue bueno, muchas cosas del pasado no son mejores que las del presente, sobre todo si se trata de un pasado muy lejano. Imaginemos como pudieron ser los sistemas sanitarios o de sanidad pública, en tiempos muy atrás, desde la Alta Edad Media hacia atrás; lo que serían el sistema sanitario y deposición de las materias de desechos en algunas villas o ciudades del medioevo incipiente, que sobrevivieron a las invasiones de los pueblos procedentes del norte de Europa.

Esas ciudades podían ser muy pequeñas, pero eso no evitaba que sus calles se convirtieran en cloacas al aire libre al no existir alcantarillados o albañales subterráneos todavía. En tiempos anteriores, durante el Imperio Romano, llegando Roma a ser una gran ciudad -según estimaciones- de un millón de habitantes, debió de enfrentar una situación parecida.

Muchas cosas del pasado son muy malas o muy desagradables,  si las pretendemos asumir desde de las perspectivas de lo que hoy somos, debido a que hoy día el ser humano tiene un gran dominio de la naturaleza. Pero hoy en día no hemos sabido cuidar de esta, ayer se le cuidaba mucho más y los problemas relacionados con el deterioro del medio ambiente otrora prácticamente no existían. Entonces, ese tiempo pasado en cuanto a eso fue mejor que el tiempo presente.

Si partimos de lo que fue lo que  un sistema de enseñanza o instrucción pública y otro de salud pública a finales del siglo 19, en el momento en que eclosionan ambos sistemas en cierto modo el presente era mejor que el pasado; en los tiempos de la eclosión, auge y expansión del fascismo y/o nazismo fue peor ese presente que negaba casi toda libertad a los ciudadanos que el pasado de del siglo XIX, pero hoy ya es un pasado es peor que el presente que vivimos y es peor que el pasado que corresponde a la década de 1960,  la época en se despertaron las ansias de libertad de la juventud, el Mayo Francés o la revuelta juvenil contra el autoritarismos elitista, el movimiento de los Hippies contra La Guerra de Vietnam, las grandes concentraciones de jóvenes en calles y plazas públicas y aparición del conjunto musical de The Beatles que se oponía a la guerra. De ese modo, la década de los 60 del pasado siglo que hoy es un pasado fue el mejor que el presente, si se pudiera prescindir del consumo de drogas en que cayó el movimiento Hippies.

Además, fue una era de grandes expectativas, pero en el caso de los Hippies, no era mucho lo que se podía esperar de ellos, ya que fue un rechazo a la sociedad tecnológica, un rechazo al servicio militar en La Guerra de Vietnam y una rebeldía contra la autoridad de los padres sobre los hijos. Sin embargo, ese movimiento no se constituyó en una contracultura. Eso fue lo lamentable que la juventud, tal vez por la tanta rebeldía generacional, no aprendió algo  de la experiencia de los adultos jóvenes y de los adultos mayores, para poder cambiar revolucionariamente a la sociedad, porque muchos de ellos tampoco supieron orientarlos sembrando la simiente del buen ejemplo para cuando llegara la siega se cosechara la mies.

Lo que pudo haber sido la sinergia de esa juventud se convirtió en anergia, los jóvenes de los 60 no lograron una verdadera catarsis, porque había que sacudir a la sociedad en sus cimientos. No hubo una verdadera lucha de clases, las clases populares estaban muy alienadas en muchos países, mientras que una burocracia entronizada asumía el gobierno en los países del socialismo real, como herencia de un pasado muy autoritario producto del estalinismo. Este fue sinónimo de autoritarismo y hasta cierto punto de intolerancia, no tanto como el fascismo, ya que a este se le define por su oposición a un supuesto exceso de libertad existente en la sociedad en crisis que se vivía hacia la década de 1930.

El fascismo era opuesto a la libertad de asociación, salvo quizás las asociaciones con fines puramente recreativos; y era opuesto a o casi a toda libertad de tránsito (debido una vigilancia control total del movimiento de los ciudadanos), intolerante de casi todos los grupos étnicos, excepto los arios, porque se creía que era una raza pura que debía poblar todo el planeta. Semejante aberración solo podía caber en mentes enfermas. Adolph Hitler, fundador del nazismo alemán (variante del fascismo),  era opuesto a las sociedades de castas, pero no era opuesto a la existencia de las desigualdades y de las clases sociales.

No se puede comparar a Stalin con Hitler, por más errores que cometiera el otrora líder de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pero el autoritarismo del Estalinismo que marcó toda una era de varias décadas dejó un saldo negativo para la historia de la humanidad, aunque hay que reconocer que fue en esa era de autoritarismo que la Unión Soviética jugó un papel protagónico en defensa de la paz mundial y la liquidación del fascismo.

Hoy en día podemos decir que un pasado más reciente que la era autoritaria del fascismo y del estalinismo que no fue mejor que el presente, quizás igual, es decir, después de los 60 y  70, es la década de 80, llamada también la década perdida. Fue la década en que se impuso el neoliberalismo como modelo económico, fue una era de recesión económica y que se prolongó hasta los 90. Hubo estanflación, estancamiento económico con inflación controlada, desempleo, lockout y desindustrialización. En nuestro país y en muchos otros países se negoció la deuda que el gobierno o los gobiernos no podían pagar, el FMI exigió medidas inexorables.

En nuestro país el gobierno lo presidia Salvador Jorge Blanco, quien fue que negoció con el FMI, lo que trajo como consecuencia que más de 100 dominicanos perdieran sus vidas, debido a la hambruna que trajo como consecuencias las medidas impuestas por ese organismo financiero internacional. El gobierno dejó de tener el control de las compras y ventas de dólares y hasta cierto punto el control de los precios de los productos. La moneda dominicana se devaluó frente al dólar norteamericano, lo que encarecía los precios de los productos de consumo de los dominicanos, alimentos y medicinas, por lo que las gentes de las clases populares se lanzaron a las calles en busca de satisfacer sus necesidades.

 

Muchos jóvenes y adultos tuvieron como horizonte pasar a la diáspora, como si fuera un exilio económico, esto provocó cambios culturales en muchos de ellos, cambios en los valores culturales, hábitos de comportamientos, sobre todo los que se fueron a Estados Unidos, porque allí pasaron a constituir una subcultura del migrante, con la asimilación de algunos valores de la cultura de ese país pero no todos los valores. El individualismo, el alcoholismo y la ostentación integraron muchos de ellos.

En nuestro país, como consecuencia de ese proceso migratorio vertiginoso y expansivo, pero también de la falta de tiempo por alargamiento de la jornada laboral de los jóvenes que trabajaban y que no salieron y por el auge y expansión de las pandillas de jóvenes que no trabajan ni estudian, desaparecen los clubes juveniles populares.

Esos clubes fueron la mejor expresión de lo que es una sociedad civil organizada desde la perspectiva y las clases y sectores populares, cuya vigencia se da en los 60, 70 y hasta mediados de los 80, después de ahí es una reminiscencia muy débil. Entonces, la década de los ochenta y la de los noventa, como pasado reciente no fue mejor que la época actual, tal vez fue igual que la época actual, porque fue que comenzó el cambio para lo peor. La década de los 70, tomando en cuenta lo que fue la de los 60, fue de una transición y no se puede comparar a la de los 80 y 90.

 

Ahora bien, el populismo que fue una corriente política, basada en la alianza de clases sociales, con un marcado contenido económico (Lenin así lo planteo una obra con un título alusivo a esa caracterización), pues se basó en reformas sociales, tuvo su espacio en los años 60 y principios de los 70, pero también décadas muy anteriores. Eso son los casos de Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil, Juan Velasco Alvarado en Perú y Gamal Abdel Nasser en Egipto, entre otros.

Hoy en día se has pretendido satanizar al populismo, por parte sobre todo de la derecha neoliberal, precisamente los que creen fielmente en las alianzas público-privadas, lo que saquean el Estado, los que han convertido el capitalismo en salvaje y han destruido lo que se llamó el Estado de bienestar y en su lugar han erigido el Estado de malestar.

El populismo se quedó muy corto o limitado en sus reformas, agrarias, urbanas y educativas, allí donde fue encabezados por gobiernos civiles elegidos por votos, pero no fue el caso de Velasco, Perón y Nasser. En el caso de México de Lázaro Cárdenas la reforma agraria no le dio estímulos a los asentamientos individuales de pequeños  campesinos y a los asentados en terrenos ejidales. Ese populismo fue mejor que lo que hoy tenemos y han sido mejores el gobierno de Nicolás Maduro y el de Chávez  que otros gobiernos, como el que hoy tenemos en República Dominicana y el que ejerce Duque en Colombia.

 

Hoy se ha pretendido ocultar una realidad insoslayable, solo el trabajo crea las riquezas. Se habla de la sociedad del conocimiento, concepto de Peter Drucker al igual llamarla a la sociedad poscapitalista, la sociedad es capitalista, aunque haya diferentes facetas del capitalismo. El capital sigue apropiándose del trabajos de los asalariados desde antes de los tiempos de Quesnay (fisiócrata), para quien toda la riqueza provenía del trabajo agrícola, pasando por Smith y Ricardo, este último elaboro conceptualmente la ley del valor, hasta llegar a hoy y el capital sigue apropiándose del trabajo de los trabajadores, sin el cual no hay riquezas. Se pretende seguir justificando una división internacional del trabajo, imponiendo un modelo económico que está condenado al fracaso, basado en servicios y zonas francas de capitales volátiles como los vuelos de golondrinas y pagando bajos salarios.

 

Lo que no podemos es seguir pensando, si se trata de construir una sociedad no basada en las desigualdades, pero no es viable el igualitarismo, es creernos que los asalariados solos pueden, porque tiene que haber una alianza de clases, entre el proletariado, la intelectualidad, la pequeña burguesía artesana, comercial y de servicios y mediana propiedad. Esta alianza debe darse expropiar las grandes empresas y poner límites al capital desde el Estado con reformas políticas.

Por  Francisco Rafael Guzmán F.

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