De relatos políticos y otras minucias peligrosas

Por Francisco S. Cruz sábado 25 de abril, 2020

Desde de octubre de 2019 –post primarias PLD-PRM-, la sociedad dominicana, como nunca antes, ha sido sometida o, mejor dicho, condicionada –mediáticamente- por una serie de relatos políticos dignos de varios Nobel de literatura, pues, esa prolifera narrativa, cual industria cinematográfica, no ha cejado en su febril y diestra imaginación cual Honoré de Balzac en plena efervescencia  creativa.

Dicha saga, novelesca, ha ido por serie: a) el relato del “fraude” -de post primarias PLD- como escape-justificación a la derrota del ego-invencible y la huida o salida, b) el relato del “fraude” electoral que un informe técnico-forense de la OEA descartó; pero que, como fábula incendiaria, sirvió como antesala mediática y de condicionamiento social para lograr que miles jóvenes incautos –tele-dirigidos a control remoto- y como autómatas vociferaran gritos y consignas –“indignados”- en plazas públicas y dieran, luego, sus votos a una oposición que logró su objetivo político-electoral: hacerse la víctima del  supuesto “fraude” que nunca existió más que en sus maquinaciones estratégicas y propagandas de redes sociales y “periodistas”-kamikazes o “políticos de la secreta” (en otras palabras, cobraron en las urnas el desenfado, tele-dirigido, de la gente –mayoría clase media- por castigar un “fraude-fantasma” y unos pseudos culpables falsos: el PLD, el gobierno, el sistema, oct., pero jamás una bien orquestada manipulación mediática que, como escribiera la jueza Imbert, curiosamente, nadie ha “objetado el 15 de marzo” (¡no son pendejos!), agregamos nosotros); y c) ya está en marcha-escena la tercera serie o fase del relato fantasioso del “fraude”, ahora, bajo el argumento central, en medio de la pandemia global, de que el gobierno, vale decir, el Presidente y el PLD, se quieren quedar mas allá del 16 de agosto.

Y en torno a ese argumento-relato, ya todo el equipo de “pensamiento” y tramoya mediática-periodística e intelectual, de esa jauría política, comienzan a exacerbar las “consciencias ciudadanas” y a la “Opinión pública” –un partido político, como dijera Balaguer- con apelaciones y alusiones levantiscas sobre posibles o inminentes “pobladas, elucubraciones constitucionales y que Troya arderá, pero jamás tener las bolas para, al menos, confesar una verdad: que fue ellos –la oposición- la que planteó y propuso la posposición de las elecciones de mayo, digamos, para ser benévolos, que por conciencia ciudadana o humanitaria o, “amor” al prójimo (aunque todos sabemos que los parteros –primogénito y sus aliados- del relato del “fraude”, además de “encuestas” caseras y mentiras a medias, necesitan tiempo, pues el Penco –sí, Gonzalo Castillo-, en medio de la pandemia, les comió la lisa pues puso en evidencia, o desfase, a un consuetudinario orador o recitador de mega-repuestas y criticas -requetebién conocido- y, de paso, sacó a las calles a un niño rico asustado).

Ojalá –y aquí las minucias- ningún ciudadano no vuelva a votar, venga de donde venga, por manipulaciones y condicionamientos mediáticos (“encuesta” caseras, relatos fantasiosos -de “fraude”-, condicionamientos mediáticos-periodísticos y teóricos -desde sus centros de “pensamiento” y confort-), si no, en función de las condiciones de liderazgos, aptos y eficientes, al margen de discursos, sofismas, liderazgo de recetas vencidas y odio-revancha, politiquerías o de evidente incapacidad pragmática-estratégica para afrontar crisis…

De esa especie o espécimen –demagogos, termocefálicos y embusteros-, dos muestras palpables y audibles: el discurso de toma de posesión del alcalde de Cotuí –PRM (¡Oyeron bien empleados públicos peledeístas!)- y un diálogo-advertencia -de redes sociales o whatsApp– que se filtró, dirigido al alcalde Manuel Jiménez, y corre por ahí; y que habría que investigar por la amenaza que encierra, de ser cierto (sin duda, digno de la “cosa nostras”). Más o menos, algo parecido al que el extinto escritor José Saramago escribiera, en vida, para calificar al ex primer ministro –o tercer Cavalier- Silvio Berlusconi al que llamó “cosa nostras”.

Esas dos muestras, bien pudieran ser la punta del iceberg de lo que nos espera, como país, de caer en esa suerte o, desgracia de “lumperismo” político. ¡Piénsenlo!

 

Por Francisco S. Cruz

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