De la primera edición dominicana de Seis ensayos en busca de nuestra expresión

Por Miguel Collado

Con la publicación de la primera edición dominicana de Seis ensayos en busca de nuestra expresión,(1) del más prominente hombre de letras nacido en República Dominicana, Pedro Henríquez Ureña, el Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas, Inc. (CEDIBIL) inició en el mes de octubre del 2007, dentro de su «Colección Calímaco», una nueva serie bibliográfica: «Serie Pedro Henríquez Ureña». Dentro de esta serie sólo son editadas obras de la autoría del ilustre humanista o estudios referidos a su obra o a su vida.

Las re-ediciones de las obras de Henríquez Ureña están basadas en las ediciones príncipes de las mismas, como ha sido el caso de la re-edición de Seis ensayos en busca de nuestra expresión. Es la primera vez que esta obra, fundamental dentro de su vasta producción intelectual, es publicada en su patria añorada tomando como modelo la edición príncipe, que data de 1928 y que vio la luz pública en Buenos Aires bajo el sello de la Editorial Babel. Gracias a la colaboración desinteresada del escritor y amigo argentino Carlos María Romero Sosa —cuyo padre,  Carlos Gregorio Romero Sosa, fue discípulo del insigne educador dominicano— nos fue posible obtener un ejemplar de esa primera edición.

 

A esa primera edición de Seis ensayos… fuimos fieles, respetando el criterio con que Henríquez Ureña ordenó, en  tres secciones, los nueve ensayos contenidos en su ya clásica obra: 1) «Seis ensayos en busca de nuestra expresión», 2) «Dos apuntes argentinos» y 3) «Panorama de la otra América». En las «Notas finales» el autor explica la razón del título. Por considerarlo de gran utilidad, dada la gran cantidad de nombres de autores mencionados por quien fuera llamado el Sócrates del Caribe, en la edición de CEDIBIL el lector puede consultar el índice onomástico y una bibliografía cronológica del autor que aparece en el apéndice agregado. La edición trae un prólogo de gran valor didáctico, calzado con la firma del crítico literario y académico Bruno Rosario Candelier, quien gentilmente respondió a nuestra solicitud para escribirlo. El reconocido crítico destaca las cualidades intelectuales y los aportes de Pedro:

El lenguaje era para él expresión y vínculo, testimonio y huella de lo que somos y anhelamos. Su vocación filológica quedó plasmada no sólo en estos Seis ensayos en busca de nuestra expresión, sino en sus otros textos que testimoniaron su magisterio literario, de manera que su obra crítica y ensayística amplió el número de escritores y filólogos formados bajo su orientación en todo el ámbito hispánico, donde se le reconoce como a uno de los grandes Maestros de la lengua española.(2)

Es del interés del Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas que la obra y el pensamiento de Pedro Henríquez Ureña sean del conocimiento de todos los dominicanos, especialmente de la gran cantidad de dominicanos que integran la población joven, pues el ilustre autor de Las corrientes literarias en la América Hispánica (1946) es, sin discusión alguna, la figura más representativa de la cultura dominicana, considerado, con justicia,  un Maestro de América. El erudito argentino Jorge Luis Borges, su amigo, es quien así lo designa: «…el nombre de nuestro amigo sugiere ahora palabras como Maestro de América y otras análogas», afirma él célebre autor de Ficciones (1944). Lo hace al firmar, en 1959, su prólogo a la Obra crítica(3) de Henríquez Ureña editada en 1960 por la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica. Fundamenta Borges su valoración justiciera sobre el hijo más sobresaliente de Salomé Ureña de Henríquez y Francisco Henríquez y Carvajal, de la siguiente manera:

Evidentemente, maestro no es quien enseña hechos aislados o quien se aplica a la tarea mnemónica de aprenderlos y repetirlos, ya que en tal caso una enciclopedia sería mejor maestro que un hombre. Maestro es quien enseña con el ejemplo una manera de tratar con las cosas, un estilo genérico de enfrentarse con el incesante y vario universo.[…]Ideas que están muertas en el papel  fueron estimulantes y vívidas para quienes las escucharon y conservaron, porque detrás de ellas, y en torno a ellas, había un hombre. Aquel hombre y su realidad las bañaban. Una entonación, un gesto, una cara, les daban una virtud que hoy hemos perdido. […] Evidentemente todo era ejemplar en aquel maestro, hasta los actos cotidianos.(4)

Pedro Henríquez Ureña fue admirado y respetado por otro gran maestro, el más brillante de los narradores dominicanos: Juan Bosch. Bosch y Henríquez Ureña fueron, primero, maestro y discípulo, y luego, amigos. El primero recibió, con humildad, consejos literarios del segundo cuando rondaba los 23 años de edad. El autor de textos narrativos tan hermosos como «Cuento de Navidad» y tan maravillosos como «La bella alma de don Damián», en su revelador ensayo «Evocación de Pedro Henríquez Ureña» —publicado en el suplemento cultural Isla Abierta, periódico Hoy del  30 de junio de 1984,  coincidencialmente el Día del Maestro—,  lo considera «maestro de la lengua» y como el «más ilustre de los intelectuales dominicanos». De ese texto de Bosch citamos el siguiente fragmento:

Ahora, mientras escribo estas páginas, evoco la imagen del personaje a quien ellas se refieren y lo veo ante mí con lo que era a mi juicio el aspecto más característico de su personalidad: la expresión de dulzura que emanaba de él en todos sus movimientos, lo mismo cuando levantaba ligeramente el codo para llevarse a la boca la tacita de café, que cuando se ponía de pie y daba la mano para despedirse de los que le rodeaban. […] Yo lo conocí en Santo Domingo y volví a verlo varios años después en Cuba, y aquí y allá le vi siempre en la boca un esbozo de sonrisa que no era impuesto ni falso porque se correspondía con lo que expresaban los ojos y con su dulzura, que era a la vez perpetua, contenida y varonil.

En los momentos actuales, en que la globalización nos ha obligado a poner mayor atención en todo lo que atañe a la identidad cultural nacional, esa obra —que expresa la honda preocupación del educador Henríquez Ureña por el que fue uno de los temas centrales de su quehacer intelectual: la identidad hispanoamericana— constituye un aporte bibliográfico indiscutible desde el punto de vista didáctico y sociológico. Tiene, el pueblo dominicano, el deber de profundizar en el estudio de la obra de uno de los grandes pensadores de la América hispánica, hijo ejemplar de la patria dominicana: Pedro Nicolás Henríquez Ureña, nacido en la ciudad de Santo Domingo el 29 de junio de 1884 y fallecido en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 11 de mayo de 1946.

 

NOTAS:

 

(1) Pedro Henríquez Ureña. Seis ensayos en busca de nuestra expresión. 1.a edición dominicana. Santo Domingo, Rep. Dom.: Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL), 2007. 191 p. (Colección Calímaco; vol. XXIX. Serie «Pedro Henríquez Ureña»; no. 1).

 

(2) Op. cit.,pág. 16.

 

(3) Pedro Henríquez Ureña. Obra crítica. Edición, bibliografía e índice onomástico por Emma Susana Speratti Piñero. México: Fondo de Cultura Económica, 1960. 844 p.

 

(4) Op. cit., pág. VII.

 

Por Miguel Collado

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