De industrialismo a economía de servicios de libre mercado   

Por Francisco Rafael Guzmán

Terminada la Guerra de Abril, luego del armisticio consumado con el llamado Acto Institucional y la firma del Acta Institucional con el que las tropas constitucionalistas y las tropas rivales a ellas encabezadas por los generales Antonio Imbert y Elías Wessin ponían fin a las hostilidades y un cese al fuego permanente, las clases dominantes del país querían que la economía se reactivara y que en el país hubiese garantías para las inversiones rentables. El gobierno de Bosch fue derrocado porque pretendió hacer reformas sociales, no una revolucion socialista, las cuales no fueron aceptadas por las clases dominantes debido una falta de conciencia de clase para sí, ya que el tipo de gobierno que Bosch quiso implantar cuando fue electo a largo plazo les convenía a una gran parte de las clases y fracciones dominantes. Quizás podían ser afectados algunos grandes terratenientes, pero no toda la clase terrateniente. Ahora bien, lo que pasa es que una fracción de la burguesía podía ser afectada, la fracción comercial importadora y exportadora. Esta última fracción quería usar al Estado o contar con la permisividad de este y lo usó para acumular capitales mediante el contrabando, durante el gobierno del Triunvirato, permitiendo este la llamada acumulación originaria de capitales via exención de impuestos aduaneros. Uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido el país fue precisamente ese del Triunvirato, tal vez se pueda parangonar con el de Danilo Medina. En ese gobierno defacto se importaba mucho pero no hubo tanto incentivo a la producción industrial. Sería una falacia afirmar que durante el defacto gobierno de Donald J. Reid Cabral y sus antecesores del Triunvirato hubo un proceso de industrialización importante, ya que la corrupción y la inestabilidad política campeaban, con ambas cosas juntas   no había espacio para inversiones productivas, para fugas de capitales tal vez pudo haber oportunidad.

Todo lo contrario pasaría durante el Gobierno de los 12 Años de Balaguer, en el cual hubo relativa estabilidad política con represión política y sindical, una democracia restringida que trajo al país contrarrevolución social y política, habiéndose vendido como el líder de la Revolucion sin Sangre, lo trajo su régimen fue sangre y contrarrevolución,  la cual atrajo a sectores de la burguesía que querían invertir capitales en industrias. Esos sectores no quería la inestabilidad y Balaguer con una represión a los constitucionalistas, quienes apoyaron su entrada al país contra la voluntad de Imbert Barreras y sus seguidores del bando opuesto a los constitucionalistas, les garantizaba una estabilidad que ellos quería para invertir. Esa estabilidad fue posible por el control absoluto que Balaguer mantuvo hasta del aparato represivo de Estado hasta mediados de la década de 1970, lo que comienza a cambiar hacia 1975 con lo que Orlando Martínez llamó poco antes de su muerte: Distensión Cubano-Yanqui-Latina. En esos momentos se pronosticaba el triunfo del candidato demócrata en Estados Unidos, Jimy Carter, con el cual se inició una era de tolerancia y distensión  en las relaciones internacionales de Estados Unidos hacia sus adversarios y una campaña en favor de los derechos humanos.

Ahora bien, hacia los años de 1975 y 1976, cuando había  ya signos de  Balaguer no tenía el control absoluto del aparato represivo de Estado. En lo internacional Balaguer no tenía el respaldo del Departamento de Estado norteamericano para mantener la política represiva y de violación a los derechos humanos, pero los empresarios industriales de la Zona Industria de Herrera manifestaron estar de acuerdo con la política hacia su sector en agosto de 1975, ya que la ley 299, sobre protección e incentivo industrial, puesta en práctica durante su gobierno aparentemente era a ese grupo corporativo a quien más había favorecido. Véase el hoy desaparecido de la circulación diario vespertino La Noticia de  de de fecha 21 de agosto de 1975 Pago. 9. Esto exacerbaba las contracciones con el grupo empresarial de Santiago, organizado en la Asociación para el Desarrollo Incorporado, que apoyó la candidatura presidencial triunfante de Antonio Guzman triunfante en el 1978.

Balaguer, al parecer, se dio cuenta de que en Santiago  no podía contar con muchos adeptos, por eso aparentemente apoyo de manera privilegiada las inversiones industriales en La Capital, sin embargo cuando  volvió al poder en 1986 no pudo detener la política neoliberal impuesta por el FMI. En su gobierno de 1986 a 1996 se cerraron empresas industriales privadas de la zona de Herrera, pero también fueron desmantelados varios ingenios azucareros estatales.

Hoy día el  otrora floreciente parque industrial de la Zona Industrial de Herrera es nada más que una leyenda, porque de las 107 empresas con que contaba en agosto de 1975, donde laboraban unos 10,000 obreros industriales con una media aritmética de cerca de 100 por empresa, cuenta con pocas. Con el peso dominicano no devaluado como lo está hoy, esas empresas tenían una inversión de cerca de 50 millones de pesos. Lo peor es que el Estado desmanteló o vendió los ingenios azucareros del CEA y  todas empresas industriales estatales de CORDE, llegando hasta el colmo de importarse en el país azúcar y sirop de maíz para endulzar refrescos, dulces y fármacos. Los salarios de los trabajadores de las empresas de servicios y de comercio tienen menos poder adquisitivo que antes de 1984, mientras que ya hoy ni los caramelos (mentas) se producen aquí y muchas fábricas de confecciones de vestir se cerraron, aunque que quedan algunas industrias de gaseosas, agua purificada, laboratorios de productos de higiene, leche pasteurizada (compitiendo con marcas importadas)  y las industrias de cemento, muchas otras industrias han desaparecido. Estamos importando maíz y otras materias primas e insumos para el ganado y granjas avícolas, así como productos alimenticios. Así no debe ser y no podemos seguir, mientras solo pensamos en el turismo masivo que va a tener futuro, porque esta crisis ecológica y sanitaria mundial y dominicana en particular no termina con la superación de la pandemia del COVID 19.

Francisco Rafael Guzmán F.

 

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