¡De espiritualidad, a consumismo y comercio!

Por Rolando Fernández sábado 21 de diciembre, 2019

Qué gigantesco ha sido el cambio “dicembreano” durante los últimos tiempos: satisfacer deseos materiales, en términos puramente placenteros; beber, bailar, y comer sin control, al igual que comprar ropas nuevas para estrenar, es lo que ahora más se estila.

Hacer todo lo contrario a lo que se corresponde con la real esencia de la época: lo religioso espiritual; manifestación del amor incondicional divino, que en su expresión máxima ejemplificadora encarnara el Amado Maestro Ascendido Jesús durante el ministerio terrenal que llevara a cabo, principalmente, entre los 30 y los 33 años, ya convertido en Jesús el Cristo.

Para todos aquellos que siempre andan en busca de saber los porqués de las tradiciones mundanas, era previsible que, respecto de la concerniente a la Navidad, con el paso del tiempo, se produciría cierta tendencia a desaparecer, en el contexto de toda espiritualidad atribuible.

Eso, dado a que en realidad no se ha sabido nunca, a ciencia cierta, la fecha exacta del nacimiento del Niño Jesús, punto central de la celebración, y que la misma, un 25 de diciembre, siglos atrás, fue impuesta por la Iglesia Católica, en procura de determinado sincretismo religioso de orden cristiano.

En ese sentido, muy interesante resulta la pregunta relativa que aparece en la red de la Internet, con su respectiva respuesta, útil para sosegada reflexión.

¿Por qué se celebra la Navidad el 25 de diciembre?

“Si no hay pruebas de que Jesús haya nacido un 25 de diciembre, ¿por qué se celebra la Navidad en esa fecha? La Enciclopedia de la Religión Católica dice que, al parecer, los líderes de la Iglesia deseaban “suplantar las festividades paganas por otras cristianas. […] En Roma los paganos consagraban el día 25 de diciembre a celebrar […] el nacimiento del ‘Sol invencible’” durante el solsticio de invierno. Según The Encyclopedia Americana, muchos eruditos concuerdan en que esto tuvo la finalidad de hacer que el cristianismo fuera más significativo para los paganos que se convirtieron”.

Evidentemente, ante la ignorancia de la gente, los comerciantes; mercadólogos; los promotores de espectáculos artísticos; “comberos” de baja monta; y seudo cantantes del momento, bachateros, en su mayoría, aprovechan la época así prescrita  para hacer su agosto, a costa de los tantos ignaros que demandan durante la ocasión, y que desconocen, por supuesto, el sentido divino de la Navidad; la connotación de carácter espiritual que la envuelve, y que hace mucho quedó atrás; se cambió nada más que, por consumos alegres, fiesteos y romerías a granel.

Los actos solemnes y llamativos de otrora, al ritmo de los suaves vientos, característicos de la “estación inviernosa” en que estamos, han sido tirados por la borda. Muy pocas personas hablan ya de los villancicos; piezas musicales alusivas bien logradas; aguinaldos en las madrugadas; y, la llamada “misa del gallo”, como los campaneos alusivos, entre otros.

“Es la Navidad, verdad que la ignorancia apaga; es verdad por el hombre vedada; es sendero oculto para aquel que nunca indaga”, hermoso fragmento de un poema que escribiera un caro amigo, contentivo de un mensaje muy significativo, para quienes saben interpretar, y que invita a buscar, para aprender en relación con las festividades.

Durante dicha época, los hombres (general) deben procurar concienciarse, a través de las investigaciones debidas, con respecto a sí mismos; saber lo que en verdad son; cuál es la esencia real de la especie a que pertenecen.

Pero, además, averiguar bien sobre quién fue, y sigue siendo Jesús – actualmente, el “Administrador Mayor del Planeta, y el mejor amigo de la humanidad”, según la Doctrina Espírita -; la razón verdadera de su Ministerio sobre el planeta Tierra, cuando él encarnó la Conciencia Magna del Padre en los Cielos.

Por qué Él decía: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 14-6, Sagrada Biblia). Según los grandes entendidos en la materia, no hay ningún atajo posible.

Claro, Él no se refería al Jesús-Hombre al expresarlo, ¡sino a lo que portaba! ¿Qué significa Cristo, o Cristado? Cristo en potencia somos todos, cabe aclarar; pero, tenemos a cargo, un sendero evolutivo consciente que recorrer, espiritualmente hablando.

Luego, si a Él – Jesús – se debe la celebración de la Navidad, lo más procedente sería intentar conocerle lo máximo posible, al margen de su fecha de nacimiento impuesta por la Iglesia Católica – 25 de diciembre -, según se explica más arriba, teniendo o no sus motivos; pero, lo que es obvio, ha provocado que la festividad anual haya ido perdiendo la brillantez de orden espiritual que merece, por la falta de sustento sólido aparente, en que se fundó la decisión aquella de la “fijación natal” aquí abordada.

Cualquier época del año, mes, o día que se elija para festejar tal acontecimiento – Nacimiento del Niño Jesús -, sería igual, en términos de recordación, veneración, y gracia. Lo importante sí es que, cuando se determine hacerlo, se reconozca la misión divina que le fuera encomendada, como el reconocimiento del trabajo de adulto que llevara a efecto entonces, en favor de la humanidad.

Sentirse todo hombre (general) comprometido con la emulación de su obra para con el mundo, y la totalidad de su accionar terreno generalizado; al igual que, en cuanto a la emulación sentida del amor incondicional que Este dispensara a sus hermanos en todo momento.

Sirva lo expresado para una profunda reflexión navideña, y el olvido en gran parte de lo mundanal placentero solamente: fiesteos, romerías y consumismos, entre otras cosas.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

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