De duelo a dueto, de emperadores

Por Alejandro A. Tagliavini lunes 10 de abril, 2017

En medio de tantas noticias pasó casi desapercibido el encuentro entre dos auténticos emperadores, uno nuevo con aires de Napoleón, Donald Trump, y Xi Jinping, del antiguo imperio del dragón rojo y, quizás por eso, algo más sabio. Total, que antes de la Cumbre lo único seguro era que “no habría golf”, ya que el chino le tiene aversión a ese deporte, que en su país se ha vinculado a casos de corrupción.

Se reunieron por primera vez el primer jueves y viernes de abril, en Mar-a-Lago, propiedad del norteamericano en Florida. Son las dos principales economías del mundo: irónicamente, primero la “comunista” China gracias a que fue liberando su mercado llegando a crecer hasta 14% anual, relegando a EE.UU. que fue “liberando” al Estado que cada vez reprime más al mercado.

China pretende presentarse como nuevo líder de la globalización ante la retirada de EE.UU., papel que ya reivindicó en el foro de Davos. Insólitamente, ante las quejas del proteccionista Trump, Beijing da clases de economía de mercado asegurando que “El mercado (libre) dicta cómo se estructuran los intereses de los países, ambos lados deben trabajar… para que el pastel sea cada vez más grande y no simplemente pretender que se distribuya de forma más justa”, dijo un portavoz del ministerio de Exteriores chino.

Trump twitteó que la reunión sería difícil, pero parece que triunfó la sabiduría milenaria, o el magnate se está moderando y desoyendo lo que había dicho en su campaña, cuando fue particularmente duro con China, e insinuó un acercamiento a Taiwan. Pero ninguna medida se ha concretado, aceptó de forma explícita la política de “una sola China” y terminó diciendo que “hemos logrado un progreso tremendo en nuestra relación… y progresaremos más”, mientras el gobierno chino anunció que Trump visitará China este año.

El país asiático tiene un superávit que significa la mitad del déficit comercial de EE.UU. y Trump quiere que compre más productos estadounidenses y cree más empleos en su país. El comercio entre las dos naciones ha pasado de unos magros US$ 2.500 millones en 1979, cuando las dos capitales establecieron relaciones diplomáticas, a los casi 520.000 millones, pero el saldo negativo en este apartado para EE.UU. asciende a 347.000 millones.

China parece más dispuesta a importar más, lo que se condice con su nuevo enfoque económico de elevar el consumo nacional. Y también es creíble que aliente más inversiones en EE.UU. y que invite a empresas estadounidenses a participar en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, la red de comunicaciones e infraestructuras que la comunicarán por mar y tierra con Occidente. Sucede que el ahorro bruto anual chino representa el 75% del ahorro de EE.UU. y la Unión Europea juntos, superando los US$ 5 billones en el 2016, monto que China no puede absorber sola.

En cuanto a seguridad internacional, Washington quiere persuadir a Beijing, el principal aliado de Corea del Norte, para que presione a su vecino ya que de China depende el 90% del comercio norcoreano, y parece que está algo más dispuesta a hacerlo y ha puesto como ejemplo su reciente embargo a las importaciones de carbón norcoreanas, una de las principales fuentes de ingresos del gobierno de Kim Jong-un. Por su parte, Beijing insiste en sus reclamaciones territoriales en el mar del Sur de China, muy criticadas por EE.UU., y en recibir garantías sobre las intenciones de Washington hacia Taiwán.

 

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