Danilo Medina, un presidente rumbo a la sima

Por Cristian Hidalgo Viernes 21 de Abril, 2017

Cuando en el año 1999, con el lema “los llevo en mi corazón”; y posteriormente en el 2007 con “ahora es”, algunos percibían con escepticismo y otros con absoluta reserva la propuesta electoral de un pragmático personaje cuya incidencia había sido determinante en los pasados procesos electorales en que se imponía el PLD con la figura del Dr. Leonel Fernández encabezando la boleta electoral.

Al recibir de éste en abril del año 2011 la antorcha, cuya popularidad había mermado tanto que la firma CID-Gallup dio a conocer en julio 2011 en Costa Rica los resultados de una encuesta realizada un mes antes que daba a Fernández la peor calificación entre varios presidentes latinoamericanos. La encuesta dio al entonces mandatario un rechazo del 63% de los ciudadanos y la aprobación de sólo el 30% de los consultados.

Heredando semejante carga en su espalda, el candidato Danilo Medina Sánchez cual Cirineo cargó esa pesada cruz cuya frontera era el 39% de aceptación popular, contra un avasallador Hipólito Mejía pasando la barrera de la mayoría absoluta en todas las mediciones serias que se hacían hasta dos meses antes de la contienda a celebrarse en mayo del 2012. La ausencia de Hipólito Mejía del país y “un maletín lleno de facturas”, los días previos a las elecciones, lo cambiaron todo.

Con apenas un año en la presidencia, fue considerado como “el mandatario de América mejor valorado por la población que dirige”, conforme a un estudio realizado por la empresa mexicana Consulta Mitofsky, según la cual el mandatario dominicano contaba con el privilegiado 88% de aceptación. La República Dominicana empezaba a cambiar, había un gobernante del pueblo conectado con su pueblo.

Los siguientes 3 años de su gestión gubernamental no fueron diferentes, al lograr un 89% en el 2014, un 82% en el 2015; y un 83% en el año 2016, siendo este último un año electoral. En toda nuestra vida republicana no habíamos sido acreedores de semejante privilegio; pero fenómeno parecido tampoco se había producido en ninguna nación de la región. Aquello era algo para sentirnos orgullos, para presumirlo en cualquier parte del mundo en donde nos encontrásemos.

El presidente Danilo Medina, tubo en sus manos la oportunidad de oro para consagrarse como el primer mandatario de América Latina y El Caribe en imponer semejante marca; hubiese ocupado un cimero lugar en la historia para nadie fácil de disputar; el gobierno que le sucediese tendría que ponerse semejante traje, aunque grande le quedase; pero mínimamente como referente o norte a seguir.

Es mas loable retirarse por la puerta grande y preñado de gloria, a que tengas que salir cuan forajido por la puerta trasera. En la política lo hizo Obama, en el béisbol David Ortíz, en la música con apenas 26 años y una elevada popularidad Tim Berglingnacido de Estocolmo (mejor conocido como Avicii). En fin, en todas las actividades populares, encumbrados personajes han optado por bañarse de gloria retirándose con su mayor popularidad. Es la manera de ocupar un lugar entre los grandes.

La ambición es lo que nos mueve y motiva dia a día; el deseo por superarnos y llegar mucho más lejos y lograr nuestros objetivos que para algunos pueden resultar imposible, sin embargo para la persona ambiciosa todo es lograble con determinación, esfuerzo y dedicación. Hasta ese grado, esta es buena y saludable para el ser humano; pero cuando es desmedida e ilimitada, se convierte en dañina, en un cáncer que devora el organismo, al ser.

El presidente Danilo Medina, después de pregonar a los cuatro vientos que su gestión gubernamental era 2012-2016 y ni un día mas; previo a lo cual satanizaba la reelección presidencial y era un abanderado de la alternabilidad en la administración del estado, de haber sido coherente en sus propios principios y personal convicción, conforme a su modelo de gobierno, sería el pueblo dominicano quien a viva voz le pediría “4 años mas de su tiempo” a favor del estado.

A pesar de ello, no dejarse arrastrar por tales encantos hubiese sido lo mas loable, cuando dirigiéndose al país, en una emotiva alocución pusiera de relieve lo mismo de lo que hasta ese momento había presumido. “Estoy convencido que 4 años son muy pocos para un gobierno muy bueno, pero demasiado para uno muy malo. Les agradezco su generosidad de preferirme en el timón de este barco, pero constitucionalmente no me está permitido y mis propias convicciones tampoco me lo permiten”.

Ello le hubiese acreditado un certificado del líder absoluto e indiscutible no solo del Partido de la Liberación Dominicana, sino de todo el país; un ente de referencia y equilibrio para el siguiente gobierno; pero sobre todas las cosas, se hubiese ganado el respeto y la admiración de la comunidad internacional. Un boleto expreso para que la historia lo hubiese colocado en el umbral en donde hasta ahora solo tienen asientos ocupados los Padres de la Patria.

Fue un cuatrienio histórico, una luna de miel eterna con el pueblo y maridaje absoluto con la oposición política tanto a lo interno como a lo externo. No existía un solo cañón que le apuntara. Hoy sin embargo, todo eso fue lanzado a la borda; ese ex-presidente, referente moral, ícono de consulta, emblema de seriedad y decoro, avatar de pulcritud y honorabilidad, se ha diluido en el tiempo y el espacio; solo concita la “admiración” y el “respeto” de algunos de los que reciben las migajas del estado; porque los que de él se benefician en grande, son como la veleta que cambia de dirección como “soplen los vientos”.

Con apenas 8 meses de su nuevo gobierno, ya luce cansado, abatido, disminuido, desesperanzador, sin expectativas, sin rumbo; un gabinete comprometido con los mas altos niveles de corrupción. Mi presidente Danilo Medina, está al borde del abismo y con una fiera que le persigue, saldrá del estado con el mas alto índice de impopularidad que mandatario alguno haya conquistado en toda la región; y lo peor de todo, es que mi presidente no merece eso, porque mi presidente no es malo, solo ha sido una víctima de su desmedida ambición.