Danilo apuesta al caos o a la hecatombe

Por Francisco Rafael Guzmán miércoles 20 de mayo, 2020

El presidente y sus áulicos más cercanos tienen un día que amanecen más sapientes que todo el resto de la humanidad, para demostrarlo solo les basta con hacer oídos sordos a todo el mundo. Como gobierno han perdido la autoridad, ya que la gente, en su gran mayoría, no cree en lo que el presidente dice y ni en lo que dicen sus funcionarios, tal vez con  alguna rara excepción entre estos últimos. El  ministro de Salud, por ejemplo, ofreció informaciones sobre la cantidad de recuperados que la mayoría de las personas ponen en duda. El manejo de la actual crisis sanitaria, la cual eclosiona junto con la pandemia de coronavirus.

La raigambre del problema fue cimentada con las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, al negociarse la deuda externa provocada por el alza del petróleo y el estancamiento de los precios de nuestros productos de exportación, medidas que son inexorables. ¿Cómo se explica que el FMI provocara que comprar y vender dólares se convirtiera en gran negocio? Hoy se está especulando, con ese anatema que como moneda es el dólar, subiéndolo de precio sin que ni siquiera estén abierto los aeropuertos. ¿Por qué los gobiernos latinoamericanos no comienzan de una vez a ilegalizar  el mercado privado del dólar y en el mercado local cada país ponga controles en los precios? Esa es la salida ante la situación calamitosa que tenemos por delante. Nadie espere que sin la intervención del Estado poniendo reglas en la economía hay salida a la crisis económica que tenemos por delante.

Sin embargo, la crisis sanitaria es lo más relevante y su solución no puede darse sin romper con modelo económico impuesto por el FMI en casi todo, sobre todo en muchos países a partir de los anos de 1980. El orden económico no puede seguir siendo el mismo, porque la solución del problema  más relevante (la crisis sanitaria) está determinada en última instancia por lo económico. Ese modelo económico neoliberal de capitalismo salvaje debe ser destruido y en su lugar aparecer un Estado de bienestar, donde las AFP, ARS y ni los bancos privados existan. La mujer deberá ganar igual que el hombre, por el mismo trabajo, en ese nuevo Estado de bienestar. El dinero que no paga impuestos a los gobiernos depositado en los paraísos fiscales deberá ser expropiado de las cuentas. Deberá haber controles de precios y debe eliminarse el mercado de las monedas extranjeras.

La solución de esta crisis no es cuestión de consulta a brujos, no se trata de ir a un aquelarre, se trata de tomar decisiones que planteen una ruptura con la causa del problema, una ruptura con la hegemonía del capital financiero, lo que parece ser que no es una decisión que tomaría este gobierno, pero es una decisión que se requiere un futuro inmediato, pues este capitalismo salvaje ya no puede sostenerse más por mucho tiempo, porque ya no se soporta  por mucho más tiempo sin ser destruido.

Hay que llamar al pan pan y al vino vino, pero el libre mercado ya no puede seguir existiendo, so pena de que los pobres se enfermen y mueran de hambre. Este mundo no puede seguir igual, preñados de  grandes desigualdades sociales y arropado por el consumismo derrochador de unos pocos que devasta el medio ambiente a costa del hambre de una mayoría, lo que puede estar provocando que los virus y las sean más agresivos.

Desde que comenzó su gestión, el presidente Danilo Medina opto por el caos del libre mercado, promoviendo exageradamente las exportaciones de productos agropecuarios, en desmedro del consumo interno de esos productos. Esto provoco baja en calidad de los productos agrícolas destinados al consumidor y alza de precios de los mismos. El presidente Medina mantiene unos salarios muy deprimidos en el sector salud. Aparentemente hay una exagerada corrupción en casi toda la administración pública. El endeudamiento de este gobierno llega hasta unos niveles exagerados. Deudas para completar el presupuesto, llegando este casi a alcanzar en el último año programado casi el billón de pesos. Eso es la apuesta al caos o a la hecatombe.

Queriendo protegerse de una vorágine, de un gran ciclón, parece que el presidente y algunos áulicos quieren estar colocados en lugar contrario a donde llega el viento, es decir, colocarse al socaire. Lo que pasa es que ni el presidente y ni sus áulicos más cercanos saben de dónde vendrá el viento, porque no saben si es un viento solano, o bien, si se trata de un una brisa, un terral o mistral, de los que soplan en el Mediterráneo.

Por Francisco Rafael Guzman F.

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