Daniel Ortega: Un revolucionario convertido en un dictador

Por Víctor Manuel Peña

Daniel Ortega ha dado un salto hacia atrás del cielo a la tierra.

Trascendió a los medios en los 70 como un furioso combatiente contra la tiranía de los Somoza en Nicaragua.

Él pasó a ser el gran símbolo y líder más destacado de la llamada revolución sandinista.

Es indudable que el Frente Sandinista de Liberación Nacional reunió en su seno a lo mejor de la juventud de la sociedad nicaragüense.

En la dirección del Frente Sandinista se dieron cita el comandante Edén Pastora, el escritor Sergio Ramírez y el prelado Ernesto Cardenal.

Daniel Ortega fue presidente de Nicaragua de 1985 a 1990.  Estuvo en la oposición hasta el 2007 cuando volvió a la presidencia de la República de Nicaragua.

Aplastando y cercenando el Estado de derecho, Daniel Ortega no solo se reeligió en el 2012 sino que lo hizo en el 2017 y lo acaba de hacer ahora en el 2021.

En el 2016 asumió a su esposa como la compañera de boleta, es decir, como candidata vicepresidencial.

Ese es el único caso en América Latina de que un presidente, y aspirante a la reelección presidencial, asume a su esposa como candidata vicepresidencial.

El ejercicio del poder en Nicaragua se ha limitado y reducido al estrecho círculo de la familia de Ortega.

Desde la segunda reelección hasta ahora, pero, sobre todo, en este quinquenio Daniel Ortega ha estado negando o pisoteando el Estado de derecho encarcelando a una parte de la oposición y la otra parte se ha visto forzada a irse al exilio.

En un ambiente así, totalmente constreñido y restringido, ¿puede hablarse de democracia?

En realidad, la democracia es letra muerta porque lo único que cuenta en Nicaragua es la voluntad de hierro de Ortega.

Lo que ha habido en Nicaragua es un verdadero matadero electoral para decirlo en el categórico lenguaje político del Prof. Juan Bosch.

Ortega, en su involución o regresión de revolucionario a dictador, se ha convertido innegablemente en el sepulturero de la democracia en Nicaragua.

Ortega no resiste la fuerza del Estado de derecho, la voz de la oposición y de una prensa independiente ni el ejercicio de la libertad de expresión.

El poder ha cegado y obnubilado a Ortega; hasta a su excompañero, el escritor Sergio Ramírez, lo ha perseguido bárbaramente y le ha hecho la vida imposible!

¡Nicaragua ya no respira los aires frescos y agradables de la democracia!

¡Nicaragua solo respira los aires venenosos y destructores de la dictadura!

¡Ya Ortega no es el Ortega de los 70 y de los 80 es un dictador cualquiera!

¡Pero tiene que nacer una nueva Nicaragua para los nuevos tiempos!

¡El futuro le pertenece al pueblo de Nicaragua!

¡No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista!

AUTOR: DR. VÍCTOR MANUEL PEÑA

*El autor es economista y abogado.

 

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar