Daltonismo político-electoral inducido

Por Francisco S. Cruz viernes 5 de junio, 2020

Nunca había visto en nuestro diarismo nacional, o más  específico, en cierto oligopolio periodístico, tan marcado interés político-mediático en querer inducir una fábula-invento llamada “tripolarizacion” cuando es evidente que, electoralmente hablando, hay ya una tendencia o irrebatible polarización política-electoral entre dos candidatos-bloques (PLD-PRM, donde está -solapado-, incluso, el candidato de la “tripolarización”) y no hay números ni encuestas, de crédito-reputación, que, a estas alturas, sostenga esa fábula que un oligopolio periodístico, a la brava, quiere imponer-inducir como percepción pública artificiosa.

Ya ese oligopolio periodístico, debería saber, sino lo sabe, que universalmente no es un pecado que un medio cualquiera o un bloque de medios, como en este caso, pueda apoyar un determinado candidato presidencial y, al mismo tiempo -y si quisiera-, cuidar cobertura plural-informativa y no hacer de la noticia opinión-“noticia” como groseramente se lee.

Sabemos que, en un país presidencialista, como el nuestro, un expresidente goza de ciertos privilegios, y hasta de simpatía y deuda-favores multisectoriales entendibles; pero querer forzar una realidad política-electoral para vender una supuesta percepción de “tripolarización” electoral simple o aparentemente para complacer el ego -exacerbado- de un candidato, eso ni cuando Balaguer y sus fraudes se había visto. Bueno sí, en 1978, al extinto periodista Rafael Molina Morillo, según narra en su libro-testimonio -¡una joya!- “Mis recuerdos imborrables”, se le quiso obligar, bajo amenazas, publicar unos resultados electorales que no eran los de la JCE de entonces. Por supuesto, el corajudo periodista no se prestó a semejante crimen-chantaje.

No sabemos, a prácticamente un mes de las elecciones, cómo ese oligopolio periodístico seguirá sosteniendo esa fábula-electoral, siendo ya tendencia una polarización electoral que ya es percepción pública, viralización en redes sociales y tozuda impostura en el campo de estudios científico-respetables sobre preferencias electorales en nuestro país y en esta coyuntura específica.

Lo que se podría rebatir, con cierta o no certeza, es que uno de los dos candidatos –GonzaloAbinader– haya ya cruzado el umbral del 50% + uno que, a propósito, en algún momento una que otras encuestas, le asignaba a Luis Abinader que, en medio de un imponderable -la pandemia-, viene en caída libre o derrumbándose, fenómeno que, por efecto de gravedad, también ha impactado al candidato de la fábula “tripolarización”.

Finalmente, un medio, oligopolio o monopolio periodístico tiene derecho a identificarse y apoyar abiertamente a un determinado candidato, pero a lo que no tiene derecho es a querer imponer una “realidad electoral” al precio de sacrificar el deber ético-sagrado o deontológico de informar con objetividad, cobertura informativa plural-equilibrada y sin hacer “noticia”-opinión, ello, porque, a la larga, el daño mayor no será, solamente, a esos medios sino a la prensa como tal. ¡Piénselo!

Por Francisco S. Cruz

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