Cultura popular

Por Jose Angel Bratini viernes 19 de agosto, 2016

La cultura tiene que darse un baño de barrio. El arrastre de una actividad cultural de saco y corbata castra las aspiraciones y los deseos de difusión socio-educativa para la mayoría. Hay que poner a los trabajadores culturales a laborar en mangas de camisa, levantando la voz de sus vivencias en cada esquina, en cada barrio, en cada campo.

La actividad y la educación cultural son nulas en los barrios y en los campos. Hay un puñado de clubes culturales que sobreviven porque hacen también labores deportivas. La era del poder de los clubes se la llevó un ventarrón.

El ministerio de Cultura tiene las luces puestas en el Teatro Nacional, los grandes Museos, Bellas Artes y las presentaciones para público perfumado de trajes largos, corbatas y que gusta pisar alfombras mullidas.

Así se realizan actividades culturales para el disfrute de los que van a verla y pueden pagarla, pero no se desarrolla la divulgación de los valores de formación y transformación de la sociedad. Los jóvenes del campo o de la ciudad no tienen a su alcance ningún incentivo de teatro, de cine, de escritura, de poesía, de canto… nada para ellos.

Hay que dar impulso a los gestores culturales. Que estos activistas sean del mismo barrio donde son designados; que ellos se encarguen de tratar de impulsar el surgimiento de los clubes y que estos fortalezcan el teatro, el canto y todas las manifestaciones de las bellas artes.

No se debe discriminar ninguna disciplina. En los barrios no gusta la música clásica porque nadie se la ofrece. Les gusta la bachata, porque es lo único que escuchan y tienen acceso. No les gusta el Batlle porque lo ven elitista, debido a que no se enseña a las niñas de los barrios. Pero también desconocen el baile folklórico, porque esos grupos hace tiempo que están en el zafacón.

Hay que hacer una revolución en la cultura nacional. Sacarla de salones fríos, quitarle el traje largo de las mujeres, el frac de los hombres, y ponerla al alcance del pueblo en sandalias, pantalones de fuerte azul y franelitas.

El presidente Danilo Medina ha dado un gran impulso a la educación dominicana con la capacitación de maestros, la tanda extendida y la construcción de nuevas escuelas y reparar las aulas en malas condiciones, ahora debe facilitar un impulso para que la cultura llegue a los barrios populares.

Que no calle el cantor, para que se mantenga la vida y las esperanzas. Hay obstáculos en el camino, pero hay que seguir desbrozando mocha en mano para abrir los senderos de la esperanza y el progreso, a los que no tienen hoy ni mañana.

Por Manuel Hernández Villeta

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