¡Cuartos que atan de pies y manos!

Por Rolando Fernández sábado 10 de agosto, 2019

Como es la norma establecida en Dominicana, tan pronto se avecina un proceso electoral, los candidatos al poder que se ofertan, como solución para resolver las grandes problemáticas nacionales, dicen ellos, se lanzan a la calle al medio, como popularmente se expresa, en busca de recursos económicos para financiar sus aspiraciones al “trono nacional”.

En cambio, para satisfacer necesidades sociales de alta prioridad a nivel local, que sería lo más procedente siempre, las gestiones de ese tipo nunca se llevan a efecto; no motivan; hace falta tiempo para promoverlas,

Esos “molongos”, o dinerito extra de campañas, que se buscan, en adición a la friolera de dinero que por ley entrega la Junta Central Electoral (JCE) a los partidos políticos, para sufragar sus francachelas electoreras, y además solventar los gastos operativos inherentes a esas organizaciones, hay que procurarlos donde sea.  Se estilan muchos usufructos alegres y cuestionables cada vez en relación con esos. ¿Y, qué pasa? ¡Más bueno que es así, cuartos sin trabajar!

Titulares de primera página como este: “Leonel y Gonzalo se lanzan a buscar fondos”, que evidentemente, son dos de los “camajanes” más destacados dentro del ruedo político nacional presente; al igual que, una aguda lectura a la reseña correspondiente en el interior del medio (periódico “Diario Libre”, del 3-8-19), ponen evidencia clara muchas cosas depreciables.

Entre ellas está, la necesidad imperiosa de cuartos para poder venderse como potenciales candidatos, ya sea dentro de las huestes moradas propiamente; o, a la presidencia de la República después, quien resulte ser el escogido para proclamación. Por apreciación, se supone que esos tienen dinero suficiente. ¿Qué ocurrirá entonces con los otros aspirantes, menos acaudalados, persuasivamente hablando? Sería esa una pregunta obligada.

¡Hay que comprar gente, conciencias, voluntades, como es lo que pasa de ordinario! Muy de seguro es el pensar que se tiene. ¡Sí!, buscar recursos económicos a como dé lugar, tal condición sine qua non exigible, aun sea con el disfraz de legal o no, en cuanto a la forma de agenciarlos. ¡No importa!

Tampoco, las reciprocidades obvias en lo adelante, con las que se deba compensar a los colaboradores menores, o los fuertes aportantes que inviertan en los procesos de ese tipo.  ¿Y qué? ¡Si hay que hacerlo, no sería la primera vez!

Eso de buscar padrinazgos financieros por parte de los políticos, es uno de los ganchos más característicos de la llamada democracia representativa, cuyos gobernantes, elegidos bajo ese sistema, son más bien fieles representantes de los grupos sociales hegemónicos prevalecientes; y, claro, económicos gravitantes por demás, de aquellos que costean campañas electorales.

Son los paganinis, que luego catapultan al poder, a los títeres, serviles estatales, complacientes de las células poderosas que componen el rico y avaricioso empresariado nuestro; que, obvio, primero costean aspiraciones políticas, para luego ir pescar con creces en las aguas gubernamentales que resulten.

Son esas por las que realmente sufraga la población durante los procesos comiciales. ¡Qué trampa!, creyendo la gente en tales mandatarios nacionales, “marionetas”, según se les observa, que se usan como puntas de lanza para propósitos grupales definidos.

Evidentemente, los gobernantes así escogidos, suben al poder atados de pies y manos, por los compromisos electoreros contraídos. Trabajan más que todo, en favor de esos magnates respaldantes; y, el pueblo, que se lo acabe de llevar el diablo; que continúe enfrentando sus necesidades más perentorias, y las demás yerbas aromática que, por costumbre, tiene que respirar siempre.

Finalmente, cabría cerrar esto aquí, repitiendo una frase antaño: “Todo el que invierte para cocinar, va siempre detrás por el concón” ¡Ah viejos que sabían! Y, el ejercicio de que aquí se trata, es un negocio bastante rentable; pero, necesita comúnmente de muy buenos “hornos y estufas, para cocer los alimentos”.

En la política, la excepción que se considere pueda confirmar esa norma, no existe. Se podría decir eso, sin temor a equivoco alguno. De ahí que, todos los cuartos que para campaña electoral se reciban crean ataduras condicionantes innegables a los políticos, sin importar las fuentes de que provengan. Las colaboraciones por altruismo, o meras simpatías partidaristas, no prevalecen en ese ámbito.

 

Autor: Rolando Fernández

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