¡Cuántos en Dominicana, osarían decirlo sin ambages: el “Jefe” hace falta!

Por Rolando Fernández

Dice una máxima considerada muy verídica por la gente pensante, que, “nada es mejor que nada; pero, que sí todo debe ser objeto de comparación. ¡Muy claro el mensaje!!

De ahí que, evidentemente, la comparabilidad que se lleve a cabo, se debe tener siempre presente, como la base para emitir juicios acertados sobre determinados hechos, situaciones, o épocas específicas, que se aborden de ordinario.

En ese sentido, todas aquellas personas que vivieron parte de la llamada “Era de Trujillo”, y que aún respiran, un período de la República tan importante, que los políticos de nuevo cuño han procurado siempre se excluya de nuestra Historia Patria, por conveniencias obvias se entiende, más que otra cosa.

Evidentemente que, todo el accionar relativo ha sido con respecto a los aspectos positivos, loables por supuesto, que se verificaran entonces, con la intención marcada de hacerlos olvidar, y que la población no pueda comparar ese ayer con lo que se h venido verificando después.

Ahora, los conocedores en realidad de aquel tiempo, sí pueden equiparar dicha época pasada con la posteridad. principalmente, en lo concerniente al espacio cronológico de los últimos veinte, o veinticinco años en el país.

Luego, se explayan sobre las conclusiones a las que arriban, y  emiten los juicios valorativos correspondientes, sin dejarse confundir con los criterios adversos de los apasionados, victimas o no del régimen;  como, tampoco los provenientes de las personas muy dolidas, que sí sufrieron amargamente, en carne propia, ellas o familiares cercanos, los rigores de aquella cruel dictadura

En ocasión de cumplirse los 61 años del derrocamiento de ese régimen de fuerza, presidido a la sazón por Rafael L. Trujillo (30 de mayo del 2022), han salido a relucir de nuevo, como siempre, pareceres ciudadanos en favor, como en contra de aquella “Era”.

Los decires negativos están de sobra; mientras muchos dominicanos edificados sobre aquel gobierno dictatorial. por vivencias durante el mismo, o investigaciones realizadas a   posteriori, externan pesar por la desaparición de las ejecutorias en favor del país, ausentes hoy por completo, que aquel mandatario llevara a cabo. Claro, al margen siempre de cuántas malas acciones también se le puedan atribuir. ¡Las malas nunca faltan!

A lo que muy pocos hacen referencia hoy, es que, después de, los políticos sustitutos de nuevo cuño en el país, no han tratado de emular los aspectos loables de aquel régimen en favor de la República. Los han dejado de lado casi por completo. Evidentemente, sí que se han inclinado cada vez más por resaltar todo lo negativo con relación al mismo.

También, a procurar borrar de la mente de los dominicanos, el legado material histórico procedente de aquella memorable época, que bien se pudo haber utilizado para explotación turística, la considerada industria sin chimeneas, tan necesaria aquí.

Verbigracia, en ese tenor último, cabe preguntarse, qué se hizo como la llamada “Casa Caoba”; como, con la residencia de Petán Trujillo. padre innegable de la televisión nacional, aunque por razones políticas. y los negocios que se emprenden en el marco de ese sector, no se le quiera reconocer así.

Entre otras cosas, qué sí han hecho en adición, no cabe duda, es depredar la nación; desaparecer todos los bienes personales del dictador, legados al patrimonio nacional; y, endeudar el país hasta la coronilla, con afectación en algunos casos de la misma soberanía local,

Pero, además, dejar que el alto costo de la vida, penda, como una “espada de Damocles”, sobre la cabeza de los dominicanos. “Desinstitucionalizar” la nación. Permitir que la inseguridad ciudadana cunda por doquier; que arrope al país, como la oscuridad de las noches. También, que el proceso de “haitianización” local en curso desde hace años, siga in crescendo. Todas esas, entre otras acciones muy negativas para este pueblo.

Es por tanto que, en la actualidad un buen número de dominicanos recuerden con pesar la desaparición del “Jefe”; del hombre fuerte que demostró ser un estadista a cabalidad, preocupado por su país, independientemente de su egolatría y avaricias materiales, frente a este grupo de seudo líderes, cabezas de grupos más bien, que el poder empresarial del patio, como del exterior, los catapultan como sus títeres representantes cada cuatro años, para dirigir los destinos del país.

Por ello, hay todavía aquí quienes, aunque en voz baja, para no ser perseguidos dicen:  “qué falta hace Trujillo en este país”, qué no son pocos; y, que muchas de las cosas que  este pueblo debe conocer sobre ese señor, no se han dicho; se las han tragado los historiadores. También, que aún falta bastante por hacer de público conocimiento sobre ese dictador y su régimen de fuerza connotada.

 

Autor: Rolando Fernández

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