Cuando los de Arriba no Pueden y los de Abajo no Quieren

Por Francisco Rafael Guzmán martes 14 de noviembre, 2017

La  crisis  clásica del capitalismo, como modo de producción, se da cuando muchos productos que produce la industria no se pueden vender como mercancías. Esta situación se vivió en los países desarrollados occidentales hacia finales de los 70 e inicios de los 80, luego de la crisis petrolera de los años 70, cuyos efectos se siguen sintiendo en todo el Mundo Occidental. Esta se produce, cuando ante una rebaja artificial de la producción (los países del Medio Oriente dejaron de sacar las cantidades de barriles que sacaban de los pozos y subió el precio, lograron dichos países obtener un superávit de más de 179,000 millones en 4 o 5 años a partir de 1973), como consecuencia de una baja en la producción y una subida en el precio de esa materia prima, esto último no es una crisis clásica del capitalismo.  Ahora bien, el mercado del petróleo  se da entre  los países árabes y  en los países del Tercer Mundo que no producen el petróleo, y tienen que comprarlo y se endeudan porque los productos que venden estos últimos no suben de precios.

Como consecuencia de la falta de captación de divisas para pagarles a los bancos extranjeros de países desarrollados, por parte de algunos países subdesarrollados, estos negociaron sus deudas -algunos antes de los años 80 y otros en esa década-, con lo cual se impuso un modelo impuesto por el FMI que sirvió de regulador en el pago de la deuda, el cual lo asumieron otros países que no negociaron con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ese modelo se vio coronado con la globalización de la economía que se inició en los años 90, impelida por los acuerdos de libre comercio. El capital financiero es la fuerza económica hegemónica en el mundo y en su hegemonía se sustenta el modelo económico neoliberal impuesto desde los años 80 por el FMI. La crisis clásica del capitalismo en los países desarrollados quedó resuelta con la apertura de las importaciones, forzada por las medidas restrictivas impuestas por el fondo a los gobiernos, las cuales afectaban la producción industrial local.

Pero ese modelo ha generado el caos en todo el mundo, más todavía con la globalización y la expansión del turismo y las migraciones internacionales que estas, porque no se trata sólo del Mundo Occidental sino de todo el mundo. Hoy día el terrorismo, los crímenes en masa, se produce en todo el mundo y está impelido por el modelo neoliberal y la globalización de la economía vigentes en casi todo el mundo y es la hegemonía del capital financiero la que genera esto, la hegemonía de la fracción financiera de la clase social burguesa. La génesis del malestar del mundo se originó en la crisis petrolera provocada por los países árabes, pero fueron los países desarrollados los que hicieron girar el mundo hacia donde hoy nos encontramos. Tenían bancos con una gran masa monetaria producto de los depósitos (principalmente de árabes productores de petróleo), que era un capital pasivo, con el cual querían ganar dinero y con las medidas impuestas por el FMI lograron sacar a sus industrias del apuro de no vender sus productos en otros países, fueron abiertas las importaciones de muchos países subdesarrollados en medio del malestar impuesto por el Fondo.

Pero hoy día parece que el capitalismo no tiene problemas de producción en  los países desarrollados, problemas que si tienen países subdesarrollados no productores de petróleo como la República Dominicana, hoy día la crisis es fundamentalmente de hegemonía en el mundo desarrollado y de crisis política en casi todo el mundo, pero impelida por el desorden que genera la hegemonía del capital financiero en casi todo el mundo. Este  desorden es sinónimo de un caos en casi todo en el mundo, los Estados en cada país no pueden con los conflictos sociales que se han generado en sus respectivas sociedades.

La elección de Donald Trump en Estados Unidos líder emblemático, por su discurso inefable que parece más bien de un orate que de un líder, parece ser un indicador de la crisis hegemónica en los países desarrollados. La caotización de la sociedad se refleja en todo, en el manejo de los problemas del medio ambiente, los flujos migratorios, las armas nucleares, los fondos de pensión, los seguros sociales, el narcotráfico, el terrorismo, las violaciones de mujeres, el crimen organizado, los feminicidios y la seguridad ciudadana.

Esta situación ha llevado a la preocupación de sectores de la clase dominante en los países desarrollados que no pueden manejar la crisis de hegemonía, mientras la pobreza y la crisis política afectan a los países subdesarrollados. Es así como aparece un grupo de ricos, según da cuenta el periódico El País de España en su edición de hoy 14 de noviembre, compuestos por 400 millonarios y multimillonarios que son opuestos a que se reduzcan sus impuestos, diciendo que eso aumentaría la desigualdad. Algunos de ellos, según la reseña del periódico citado, dan cuenta de que han ganado mucho y para qué reducirles sus impuestos. Entre los firmantes de una carta en que piden al Congreso Norteamericano que no le reduzcan sus impuestos está uno de la familia Rockefeller.

La situación es que el mundo desarrollado y en casi todo el mundo se vive una crisis política, la crisis se da cuando es abierta la contradicción entre las clases dominantes y las clases dominadas, es decir, cuando los de arriba (clases y fracciones de clases dominantes) no pueden seguir dominando como lo están haciendo y los de abajo (clases y fracciones de clases dominadas) no quieren ser dominados como hasta ese momento lo están siendo.

El problema hoy día es que los de abajo (las clases y fracciones de clases dominadas), en estos momentos, no saben cómo salir de la dominación de los de arriba (las clases y fracciones de clases dominantes). La misma caotización de la sociedad, donde no existe en muchos países como la República Dominicana la libertad sindical, ha llevado a que así resulte. Los mismos procesos tecnológicos, con el uso abusivo de la tecnología digital, ha llevado a muchos jóvenes que se alienan  y tengan una carencia de conciencia social y vivan en un individualismo extremo. Además, cómo se puede articular un verdadero instrumento político, contando con la capacidad de convocatoria de las redes para realizar marchas, como la Marcha Verde.

Hace pocos años vino a la UASD un intelectual argentino que habló sobre la situación de pobreza en la Argentina, luego de la crisis financiera en ese país. Hablaba del deterioro del nivel de vida de los jóvenes, pero que estos cuando se les preguntaba en encuesta sobre cómo salir de esa situación casi todos decían  no sabían. No se  está filosofando, se trata de una realidad. Hablar de corrupción no basta si no hay un programa de gobierno y no se cuenta con una fuerza política definida. Es al Neoliberalismo que hay que enfrentar primero que nada, porque la corrupción la genera todo un modelo económico.

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