Cuando la costumbre hace ley

Por Rolando Robles

Es una vieja expresión salida del sentido común público y llevada hasta los textos judiciales por los tratadistas del derecho y, en ocasiones, recogida por los hacedores de leyes, es decir, los congresistas que en algún momento tienen un mandato legal -legítimo o no- para tales fines de legislar.

Aceptando que la “costumbre” es un elemento básico de la cultura de un pueblo y que, como tal, sirve de sostén a su edificación; señalaremos que la norma o doctrina reconoce tres diferentes tipos de costumbres, a saber:

  • Costumbres según la Ley (son costumbres que por consideración expresa de las normas legales, adquieren la “fuerza de Ley”)
  • Costumbres fuera de la Ley (se refiere a costumbres que no están reguladas por la Ley y, por tanto, no la contravienen) y finalmente
  • Costumbres contrarias a la Ley (alude a costumbres que contrarían de manera expresa la Ley)

Esta pequeña introducción viene a cuento porque me ayudará a interpretar el comportamiento del presidente Luis Abinader, relacionado con acontecimientos recientes y que creo, merecen cierta aclaración. Por los motivos que fueren, no siempre hay la opinión de un interlocutor acreditado para aclarar “dudas que cotidianamente” van a surgir cuando la ciudadanía -a veces por legitimidad y otras por simple rol de oposicionista- comente sobre las acciones del Gobierno.

Una cosa es con guitarra y otra es con violín

Esta es una verdad con fuerza de ley, pero, tiene aplicación dual, es decir, en un sentido y en otro. Cuando aliados electorales acusan al Presidente de cambiar de opinión con respecto al asunto de las “tres causales” del aborto, se olvidan de que él habló con claridad y de manera personal sobre lo que ayer creía y aún cree acerca del tema.

Pero, la realidad ha cambiado. A partir de agosto 16 del 2020, Abinader dejó de ser el candidato del 53% de los votantes y se convirtió en el presidente del 100% de los dominicanos; incluidos los que no votaron, los que votaron en contra y los que le apoyaron. Es el presidente de los hombres y de las mujeres, de todos los ciudadanos serios y de los sinvergüenzas también, en fin, del país entero. Por eso su discurso tiene que cambiar.

Y lo ha hecho guardando respeto por todos los sectores. Ha admitido que sigue creyendo en su punto de vista, pero, él no ganó con un porcentaje que se pueda considerar como “privilegiado” (+60%). Luis ganó con mayoría absoluta, sí, pero mínima. La mitad de la población no votó por su candidatura y ahora él está en la obligación constitucional de representarlos a todos, no sólo a los que se cobijaron bajo su partido.

Entender esa realidad es la diferencia entre ser demócrata y ser arribista.

Para buscar una solución a ese espinoso tema del aborto, el Presidente plantea la solución más democrática. En ella se contempla esa verdad que nadie quiere reconocer: estamos divididos por este asunto, como divide el ecuador a la tierra, mitad a mitad; casualmente, en la misma proporción que ganó su candidatura; y el único juez legítimo y válido es un referendo popular. Esto lo aceptaremos, claro, si es que realmente somos democráticos

Las tradicionales “ternas” del Congreso

Eso sí que es una hipocresía mayor. La Ley dice que hay que someter una terna de candidatos para seleccionar algunos funcionarios. Pero todos entienden que, el seleccionado tiene que ser el número uno de dicha terna. Cuando Abinader reclama su derecho -lo que no había hecho ningún presidente antes- y escoge el número tres, se dispara la alarma y empiezan las críticas porque él cumplió con la Ley. “Cosas veredes” de la democracia criolla.

Por suerte, hemos aprendido la lección y pienso que esa es una etapa superada. ¿Qué sentido tiene presentar a tres cuando ya se sabe quién es el agraciado? Nadie que se respete debió consentir que se le incluya en una de esas famosas “ternas de tres” (como si existieran las ternas de cuatro) pero, ahí caemos de nuevo en el dilema del violín y la guitarra: si yo soy el número uno, pues todo va bien y que siga el entierro. Y desde luego, también aparece la compañera fiel del violín y la guitarra, su señoría: doña hipocresía.

Los “empleados de carrera”

Después de pasarse veinte años manejando el poder y todos sus recursos en favor de un grupo y sus familiares, se entiende que el 90% de todas las becas de estudios y especialización otorgadas por el Estado, hayan beneficiado a jóvenes relacionados con el partido de gobierno; y también se comprende que un alto porcentaje de los servidores públicos se convirtieron en “empleados de carrera” por simple antigüedad en el servicio y la ayuda de cierta ley creada por los mismos que ostentaban el poder.

El problema es que si somos demócratas (como ya dijimos) debemos razonar y actuar con apego a la legalidad, tal y como se predicó. El “Cambio” no significa echar por la borda los aspectos humanos e institucionales de la Ley de Función Pública actual; pero si hay que hacerla más equitativa y justa. Talvez, ese sea, junto a su promesa de detener la corrupción y la impunidad, el reto mayor del presidente Abinader,

En un país donde el Estado emplea sobre seiscientos mil puestos de trabajo y tan sólo unos cien mil son “inamovibles”, no hay que provocar un tsunami para darle solución democrática y legal al problema. Hay espacio y condiciones para mover ciertas fichas del tablero y, además, pensar en una salida que permita a los jóvenes “no especializados”, a los “sin padrino”, dentro y fuera del partido de gobierno, instruirse con las becas de estudios del Estado, igual a como hicieron los peledeístas durante los veinte años de su reinado.

Concebir un plan para empoderar a los jóvenes marginados, no solamente es legal sino, legítimo por demás; porque contribuye a sembrar la equidad, un árbol que hace tiempo no crece en la finca nacional de hoy día. Y no importa cuantos “empleados contratados” haya en la nómina oficial, ni cuántos sean “empleados a la carrera” en lugar de “reales empleados de carrera”.

Hay que empezar por hacer a nuestros muchachos tan competitivos como los otros, reevaluar correctamente los “empleados contratados” y pagar las justas prestaciones a los “desvinculados”.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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